La próxima revolución, por ernesto alegre

La próxima revolución deberá ser barata. Deberá ser instantánea. Deberá ser identitaria y deberá poder distribuirse a la velocidad de un retweet. Deberá ser todo esto o no será.

cómo pensar américa desde américa, por ernesto alegre

Hace unos días leía en Platform, una revista de arquitectura, una idea que exponía Juan Miró sobre el diseño arquitectónico americano. Cimentando su visión tanto en las construcciones precolombinas como en ejemplos modernos, Miró decía que el ethos del diseño en el continente americano era su relación de equilibrio con la Naturaleza. Señalaba que en la ciudades indígenas, las pirámides simbolizaban montañas, tanto como los espacios intermedios y planos representaban valles.

Oda al selfie, por ernesto alegre

Claro que ver selfies a diestra y siniestra -sobretodo cuando se sospecha que esa cara autoretratada pertenece a una persona estúpida, o a alguien que de hecho nos desagrada- no se parece en nada a ver fotografías con mensajes anidados, propuestas de tipos que están buscando algo para sí y para los demás, o cualquier otra cosa que juzguemos de valor inmediato, de valor volcado en la propia pieza. Pero es un poco lo mismo que nos puede suceder cuando vemos un solo píxel de una gran imagen, un fotograma de una película, una frase de una novela o un instante en la vida de cualquiera: ponernos a juzgar la parte por el todo, es equivocar la escala.

El zombie filosófico, la persona algorítmica y jugar a ser Dios, por ernesto alegre

En torno del estudio de la consciencia se dice que hay dos problemas: el sencillo y el complejo. El problema sencillo consiste en plantear todos y cada uno de los procesos mentales: cómo guardamos los recuerdos, cómo los recuperamos, cómo establecemos conexiones entre diferentes ideas, cómo pensamos, cómo imaginamos y un enorme etcétera. Ni bien comenzar vemos que el problema sencillo tiene de todo, menos sencillez. Pero aún peor es lo que involucra el problema complejo; su resolución demanda responder esta pregunta: ¿qué hace que seamos conscientes de ser? O dicho de otra manera: ¿por qué nos sabemos alguien, nos consideramos una identidad singular, nos llamamos “yo”? Este es el problema complejo.

Ser distinto no es tener identidad, por ernesto alegre

Hay algo que, casi con toda seguridad, podemos decir: todos somos diferentes. Y esto se sostiene simplemente, considerando la cantidad de resultados distintos que se obtienen de la variada disposición de los elementos que conforman una personalidad. No es que sean miles de millones de ingredientes los que intervienen en la receta, son muchísimos menos, hasta diríamos relativamente pocos. Lo que ocurre es que la fórmula final de una persona se obtiene de la permutación de esos pocos elementos, y es eso lo que multiplica asombrosamente las posibilidades de obtener personas distintas.

josef frank, el modernista del dogma dinámico, por ernesto alegre
Hablar de modernismo, de tendencias avant-garde en particular durante los inicios del siglo XX, es hablar de dogmas, de manifiestos, de doctrinas que enfrentaron cada una a su manera el statu quo. Sin embargo estos manifiestos rupturistas también ponían desde el día mismo de su formulación, fecha de caducidad a la tendencia que estaban enmarcando.

ya no hay gente, por ernesto alegre

De más está aclarar que no estoy autorizado a tener teorías sociológicas. Como de más está decir que para tener teorías, del tipo que sean, no hace falta estar autorizado. Gracias a esta segunda cosa que está de más aclarar, aquí va una teoría de porqué las encuestadoras fallan tanto últimamente en sus números.

3 arquetipos, por ernesto alegre

Se da en un lugar que podría ser cualquiera, la reunión de tres hombres arquetípicos: el hombre que a todo le teme, el hombre que nada cree y el hombre que se ríe de todos. El hombre que a todo le teme trabaja todo el día, se reconoce como ciudadano y tiende a no cuestionar la realidad establecida. Jamás piensa en el cambio. El hombre que nada cree logra abstraerse de la miseria desafiándola, desequilibrando el suelo, descreyendo de los sistemas del mundo. El cambio lo estimula. El hombre que se ríe de todos es un hombre cómodo, alguien que conserva su ventaja, que siente la superioridad en relación al resto. El cambio le resulta aborrecible.

identidad e interrelación, por ernesto alegre

A la hora de diseñar una plataforma que permita la creación de un perfil identitario de usuario, y la forma en que esa identidad se vinculará a otras, es sencillo caer en el error de conceptuar que se está ante dos esferas diferentes.

Uno puede pensar que tiene entre entre manos el desarrollo de dos elementos distintos, siempre relacionados íntimamente, pero distintos: la esfera identitaria y la esfera relacional.

Madrid, 17 de Septiembre de 2015.

 

“Es complejo tratar -y ni hablemos de curar- una enfermedad que no tiene un nombre consensuado, que no está lo suficientemente documentada, que está en ningún lugar y que se manifiesta sólo en el temperamento de un avatar…”

Estas palabras pertenecen al psicólogo norteamericano Martin Mitchell, quien fuera convocado por la 20th Century Fox, a raíz de lo que ha dado en llamarse “la depresión de los avatares”.

Pero para comprender mejor esta crisis que puede costarle miles de millones de dólares a la industria del entretenimiento, hagamos un poco de historia.

Madrid, 27 de Octubre de 2017.

 

Después de lustros de decirlo, finalmente sucedió: Ha muerto la televisión. Y la prensa escrita y la radio y la publicidad y cualquier tipo de comunicación “de autor”, también.

Sintetizando -ya que si seguimos enumerando muertos esto parecerá una masacre-, ha muerto todo lo que no era líquidamente identitario.

Y esto ha sucedido hoy.

Madrid, 3 de Septiembre de 2016.

 

“Las llamadas tribus urbanas existen desde hace generaciones, pero este fenómeno de micro sociedades personales, no sólo es algo nuevo, sino algo que demanda un marco conceptual diferente para poder ser comprendido”.

Esto nos decía al comienzo de nuestra consulta el sociólogo británico Laverne Gibson, quien estudia desde una óptica alternativa los recientes hechos acontecidos en varios barrios de las ciudades de Londres y Manchester.

Uno de los motivos por el cual me aburren los gurús de los social media, es por su amor a los dogmas -auto-acuñados, por otra parte-, del tipo “las 10 cosas que jamás hay que hacer en Twitter” o “los 5 tips para tener éxito en tu próxima acción en Facebook”.

Y digo esto porque aunque quiera -que no quiero- me resulta tremendamente difícil señalar algo que en el entorno social sea siempre de una sola forma. Simplemente no es cierto que siempre sea mejor responder inmediatamente a un comentario en lugar de hacerlo un día más tarde o nunca, no es cierto que el humor sea siempre “viral”, ni que sea vital para todas las marcas del mundo, tener una articulación en real-time en términos de responder “¿Qué estás haciendo ahora?”.

Real Time Search y las búsquedas tradicionales de Google no se diferencian, como pareciera a partir de sus denominaciones, sólo -ni fundamentalmente- por el factor temporal de la búsqueda, por el “cuándo”, sino por varias otras cosas.

Cuando buscamos validos de herramientas como Google, Yahoo! o MSN, lo que estamos queriendo encontrar es esencialmente contenido. Lo que estos buscadores hacen es localizar dónde se encuentra dicho contenido; lo que buscan es el “qué”.

A diferencia de esto, cuando realizamos una búsqueda en tiempo real a través del buscador de Twitter o de cualquier herramienta que se valga de su API, lo que estamos pretendiendo encontrar son piezas de diálogo. Este tipo de buscadores, lejos de localizar un objeto, lo que hacen es captar elementos dentro del gran flujo de diálogo social; lo sólo buscan el “qué”, sino también a “quién” dice eso que nos interesa.

Escribimos cómo estamos, qué pensamos, qué estamos pensando ahora, qué vimos, qué escuchamos, qué nos pasó.

Muchos creen -y dicen desde sus status en Facebook o desde Twitter- que quienes CUENTAN todo el tiempo las cosas que les pasan, piensan o ven, son idiotas. O exhibicionistas, o egocéntricos.

No visualizan el hecho de que el streaming de presencia, se ha convertido en parte de nuestra posición social.

Cada cambio que se produce, produce una cadena de cambios.

Cuando cambia la forma de hablarle al otro, cambia la forma de estar presente, cuando cambia la forma de estar presente, cambia la presencia, y si cambia la presencia, cambia la identidad.

No hace falta recurrir a la audacia para afirmar que los diferentes medios sociales han cambiado la forma de hablarle al otro, o dicho con más precisión, presentan dinámicas alternativas de diálogo (tomando el concepto más abarcativo y vasto de diálogo, aquél que nos permite, por ejemplo, ver en ciertas fotos de perfil no sólo una forma de presentarse, sino también una forma de conversación).

Siempre pensé, así, sin reflexionar mucho, que la visibilidad trataba de si se es o no visible -y en caso positivo- cuán visibles somos ante el grupo, frente a otros.

Ese es indudablemente el aspecto más obvio de la visibilidad, pero de lejos no el más importante.

Lo que los medios sociales aún emergentes nos están posibilitando, no es sólo ser visibles de cara a los demás, sino principal y primeramente ser visibles a nosotros mismos. Y esta cuestión, es importantísima debido a su carácter constitutivo y cualitativo, por sobre al casi meramente cuantitativo de la visibilidad social hacia otros.

Antes de ser ante los demás, debemos serlo ante nosotros mismos, o lo que es igual, si no sabemos quiénes somos individualmente, seremos anónimos en el grupo.

Es verdaderamente paradógico, pero a pesar del gran condicionamiento que todos sufrimos en la calle, a pesar de su potencia y de su ubicuidad, éste permanece casi tácito, prácticamente invisible a los ojos de todos.

Me refiero a que en la calle, como en los espacios públicos en general, todos experimentamos una suerte de identidad reducida; somos sencillamente nadie para la enorme mayoría, y la enorme mayoría es nadie para nosotros.

Este profundo anonimato que experimentamos en el exterior urbano, nos condiciona enormemente a la hora de interactuar con otros; para comunicar es preciso, antes que nada, ser “alguien” y en la calle, por consenso somos “nadie”.

Serie de identidades asombrosas, distribuida en Twitter

Un personaje en sólo 1 minuto.

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