Identidad y narcisismo

By in CLUSTERdam, white rabbit on February 23, 2018
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Identidad y Narcisismo, por Ernesto Alegre

Desde hace un montón de años creo que el desarrollo de la identidad personal (en particular de la identidad personal socializada o mediada), representa una gran esperanza para quienes creemos que es muy necesario un rediseño en el equilibrio o la distribución del poder.
Este primer párrafo es un poquito denso, por lo que mejor disecciono sus dos principales ideas.
Con identidad personal socializada o mediada, me refiero a la producción o codificación de la identidad personal para que esta, representándote, sea capaz de establecer vínculos de diferentes tipos utilizando medios sociales.
Ya en la época de las plataformas colaborativas -dentro del marco de los medios digitales, más precisa aunque no exclusivamente-, como las bases de conocimiento colectivo (las wikis), me parecía ver un tipo de contenido muy potente, muy abundante y diverso, donde la clave estaba en la multitud de identidades que intervenían y se coordinaban en su producción.
Con la llegada de los message boards o foros, la identidad personal se hacía más presente y detallada, abonando el camino evolutivo hacia los medios sociales como los entendemos hoy.
Los foros sumaban no sólo identidades más definidas y expuestas, sino sistemas o estructuras de vínculos (en los foros están “los que más saben”, “los que recién entran”, “los que preguntan”, “los que ayudan”, etc…)
La identidad personal socializada escribía las primeras páginas de su historia, y continuaría con versiones más sofisticadas (identidad en tiempo real y con forma de flujo, identidad basada en inteligencia artificial, etc.)
Cuando señalo la necesidad de una redistribución del poder, y apunto a la identidad personal socializada como esperanza, lo hago sobre la base de la creencia en que cuanto más consciente es una persona de quién es, cuanto más definido se encuentre a sí mismo, más difícil será hacerle creer una versión alternativa -e intencionada- de su propia persona.
Mi esperanza es que cuanto mejor sepa quién soy, qué quiero, qué me conviene y qué me hace feliz, más absurdo me resultará que alguien me diga “esto es para tí” cuando sólo hizo una cosa estandarizada para todos, “sabemos lo que quieres”, cuando ni siquiera saben si planeo suicidarme o casarme en las próximas horas, o “representaré tus intereses”, cuando quien lo dice no sólo tiene intereses encontrados a los míos, sino que ni siquiera conoce en detalle esos intereses que realmente me interesan.

(Vamos bien: todo lo anterior fue la explicación del primer párrafo, de manera que ahora puedo continuar con el tema original, espero que más sintéticamente…)

El sociólogo Erving Goffman, en un libro de 1959 llamado The presentation of self in everyday life, sostiene que la creación del ser, de la identidad propia, es una actuación, una performance donde quien se está “haciendo” expresa y actúa ante los demás esa forma de ser que quiere para él.
También sostiene que esta actuación escucha y se adapta con el objeto de encajar en la sociedad.
Este aspecto social de la identidad personal también lo apunta Gerald Izenberg en Identity, the necessity of a modern idea, cuando dice que las personas buscamos y definimos nuestra identidad para poder decirle a los demás quiénes o qué somos.
En mi opinión esta dimensión social intrínseca de la identidad personal, ayuda a explicar el desarrollo meteórico de los medios sociales: ya teníamos el producto, sólo nos faltaba una red de distribución.

Esta natural predisposición vinculatoria de nuestra identidad (de hecho hasta podríamos verla como el puerto necesario desde el que salen nuestros envíos hacia los demás), decía que la veía con ojos de esperanza, como quien observa un potente antídoto contra el “divide y vencerás”, tan propio de quienes quieren manipular.
El problema en este punto (no pensarían que esta era una historia sin reveses), es el temido narcisismo.
El narcisismo es el caballo de Troya de la revolución identitaria.
Según Donald Winnicott, psicoanalista británico, el narcisismo es una forma extrema de “falso ser”, es decir del ser que producimos como máscara para interactuar con el mundo.
El narcisismo oculta un “verdadero ser” (aquel que sé que soy), subdesarrollado o incluso inexistente.
El peligro de este trastorno, o dicho con exactitud, el peligro del narcisismo cuando ya se trata de una patología, es que sobredimensiona exageradamente la identidad personal (aunque sea ese falso ser del que habla Winnicott), considerándola el centro de gravedad de todo lo que la rodea.
En este caso la persona cae en un bucle frente al espejo y transforma el medio en un fin; su identidad pasa de ser un nodo desde el que vincularse, para volverse un nodo sólo atento a sí mismo.

Ver utilizar el poder de las herramientas sociales actuales (canales y redes de distribución de conocimiento, de comunicación, de coordinación inteligente), como escenarios para selfies (sean estos del tipo que sean, no sólo autorretratos visuales) y de culto a uno mismo, ver malgastar esa potencia liberadora en el desarrollo de la obediencia, es absolutamente desmoralizante.
Por supuesto no sucede esto en todas partes y en todos los casos, pero sí creo que es ley en el reino de lo mainstream.
En definitiva, ver al narcisismo campear en los medios sociales, equivale a haber visto a la Revolución Francesa triunfar no para inaugurar la figura del ciudadano, sino para que todos los súbditos quieran ser Rey…

 

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