In-between

By in bar fly, white rabbit on March 24, 2018

In-Between, por ernesto alegre

Desde hace un tiempo vengo percibiendo el creciente valor atribuido a todo aquello que rodea a la figura, en lugar de la histórica jerarquización de la figura misma.
Cada vez se presta más atención al fondo y se relativiza más a esa figura, protagonista desde siempre de infinidad de situaciones.
Los entornos, los contextos, lo precedente y lo consecuente, las relaciones entre un actor y otros actores, los vínculos y comercios entre esos agentes y todo lo demás, en definitiva todo aquello que está “entre medio”, “en medio”, de los protagonistas ya conocidos, comienza a llevarse progresivamente la atención y a transformarse en su diversidad y complejidad, en la nueva figura.

Este espacio intermedio, este aire entre las cosas ahora coloreado y observado, se me ha venido presentando en el pasado cercano en una gran variedad de temas y campos; señalaré sintéticamente 10 de estas manifestaciones:

1. ¿Los individuos crean la sociedad o es la sociedad la que hace individuos?
La sociología tradicional, con un enfoque muy individualista, tendía a afirmar lo primero, por ejemplo en el pensamiento de Thomas Hobbes.
Tendencias más recientes, identificadas con el holismo, señalan que la sociedad no es arquitectura de los hombres sino patrones que preexisten en ellos y se manifiestan cuando se produce su asociación.
De esta manera, cosas como la conducta, la religión o la economía son productos sociales y no creaciones individuales posteriormente adoptadas por todos.
Este pensamiento se viene desarrollando desde Emile Durkheim en adelante (es muy claro su trabajo sobre el suicidio, algo aparentemente muy personal, pero que se da muchísimo más en ciertas sociedades que en otras, donde la existencia o carencia de redes de solidaridad -proceso interpersonal y no individual- parecen tener mucho que ver).
Así, la sociedad, los vínculos invisibles, lo “intermedio”, cobra mayor protagonismo que el histórico protagonista.

2. La desconfianza en el hombre simbólico.
Cuando estudiaba semiótica en la universidad, tomé contacto con la idea del hombre simbólico, ese modelo ideal de persona que representa a todo un grupo.
En otros ámbitos, como la economía o la sociología existe el concepto paralelo del “agente representativo”; esa entidad individual capaz de representar a muchas otras similares a ella.
En sociología será un “europeo perteneciente a la generación de los Baby Boomers“, en marketing una “mujer de entre 35 y 45 años, activa, profesional y en pareja sin hijos” y en economía el agente representativo puede ser “una compañía de entre 300 y 500 empleados del sector textil”, pero en todos los casos, ese agente será el protagonista; un protagonista parecido a todos los de su especie pero igual a ninguno.
Más cerca en el tiempo, la idea de comunidad y la identificación de multitud de patrones de comportamiento social, nos hacen abordar los análisis de redes sociales poniendo foco en la estructura de vínculos, antes que en la tipificación y homogeneización de los actores que juegan en ella.
De esta forma, hoy es mucho más sensato intentar comprender un comportamiento social a partir de la estructura y dinámicas de una comunidad, que reducir a todos a la figura de uno solo y ponerse a estudiar ese espejismo.
De nuevo, lo que cobra más peso es lo que está “en medio”.

3. Cuando el acto de fotografiar es más importante que las fotografías.
Hace no tantísimo tiempo, a no ser que fueras fotógrafo, sólo tomabas fotografías en momentos especiales.
Por este motivo en las casas de familia hay cajas de zapatos y álbumes llenos de fotos tomadas en cumpleaños, fiestas de fin de año, vacaciones, visitas y bodas.
Hay de esa época pocas fotos “porque sí”, hechas a motivos o modelos casuales sin más razón que sacarles una foto.
Hoy importa mucho más qué haremos con esa imagen, cómo la distribuiremos, cómo la usaremos para vincularnos y definirnos identitariamente, y el conjunto de toda una colección publicada socialmente de nuestras fotografías, que cualquiera de ellas por separado.
Una vez más, lo que importa ahora es más el comercio, el intercambio y el aspecto vinculatorio de la fotografía, que la pieza fotográfica en sí, histórica protagonista de la fotografía.

4. Lo que escriben miles de lápices.
En un sentido parecido al caso de la fotografía, tenemos el de la escritura no formal, es decir aquello que escribimos de forma cotidiana sin la intención de crear una obra.
En este caso se hace muy evidente la existencia “pre-formas”, de estructuras o modelos vacíos que llenamos de significado con muy poco esfuerzo.
Sólo por citar dos ejemplos, tenemos los llamados snowclones y los #EmptyHashtags (no, no busquen en Google este último término, lo tuve que inventar hace unos días, ya lo contaré), que son pre-formas que más que llamar la atención sobre cada pieza producida, lo importante es la tendencia social que expresan.
Un snowclone, muy sintéticamente, es una plantilla verbal del tipo “rojo es el nuevo blanco”, y con el que se pueden generar conceptos morfológicamente gemelos como “Musk es el nuevo Jobs” o “los 50 son los nuevos 30”.
Un #EmptyHashtag es una excusa del tipo #FelizLunes o #DeViernes, es decir, un pequeño envase que se puede rellenar con casi cualquier cosa: “#FelizLunes: acaba de morir mi coche” o “alejándome del trabajo a exactamente 120 km/h; #DeViernes”
Aquí, dado el bajo o nulo octanaje semántico de estas pre-formas, o la ambigüedad básica que tienen y que por eso permiten ser usadas como ladrillo de casi cualquier construcción, lo que termina importando no es la pieza de escritura generada, sino la tendencia que marcan miles de estas piezas. Como en los otros 3 casos, lo que hay en medio pesa más que los puntos de salida y de llegada.

5. Lo que rodea a la noticia me informa más que la noticia misma.
Otro desmantelamiento del protagonista lo vemos en el campo de las noticias y de los medios informativos.
Si bien no es nueva la incorporación de alguna forma de contexto para una comprensión más profunda o garantizada de la noticia, creo que es cierto que actualmente cobra más importancia que nunca.
Entre los factores para que esto sea así, tenemos una multiplicación de las fuentes y del volumen del contenido informativo, una sospecha creciente en la veracidad del mismo, y una calidad segmentaria siempre creciente del universo mediático.
Todo esto debilita a la pieza informativa, haciéndola padecer de una anemia semántica que el contexto puede sanar, significándola.
Entonces, al igual que en los casos anteriores, el protagonista pierde centralidad en favor de aquello que lo rodea, en favor de sus vínculos con otros agentes, dinámicas, procesos. Hoy cuenta mejor qué sucedió todo aquello que circunda al suceso que la noticia del evento concreto.

6. Nadie sabe cómo será el futuro, salvo que será “otra cosa”.
Últimamente se habla mucho del futuro del trabajo dentro de la gran conversación sobre el futuro en general. Qué sucederá con nuestras profesiones, con nuestros empleos, en el contexto de la aceleración cultural actual.
Siguiendo una idea expresada múltiples veces de diferentes formas, Cathy Davidson, una académica americana fundadora de Futures Initiative de la City University of New York, señala en su libro Now You See It que las dos terceras partes de los actuales alumnos de la escuela primaria, terminarán trabajando en profesiones aún no inventadas.
Esta gran aceleración del cambio, esta imposibilidad de la certeza a mediano y largo plazos, revaloriza enormemente la capacidad creativa de la persona: cuando planear de antemano no es una opción, más vale poseer las herramientas creativas que nos permitan lidiar con en futuro estando ya en el futuro.
Y si hay algo que se puede decir de la creatividad, es que es una disciplina “in-between” por excelencia: es puente, conexión y proyección entre cosas más que las cosas mismas; es mirar el espacio intermedio para ver lo que aún no hay.

7. Una ciudad no es un montón de edificios.
Si comparamos la cantidad de obra escrita sobre urbanismo, la cantidad de teoría urbanística de base con la existente en arquitectura, veremos una gran asimetría.
Esto, según Brent Ryan, director del grupo de urbanismo y desarrollo urbano del MIT, se debe a que históricamente los arquitectos han pensado a la ciudad como un escalado de la arquitectura.
Actualmente se piensa al diseño de ciudades como una disciplina emancipada de la arquitectura, atendiendo precisamente a ese rango de “espacios intermedios” que señalan todos los casos de este artículo.
El urbanismo hoy contempla cosas como la escala, el tiempo, la propiedad, los agentes interventores y la forma misma, como a entidades plurales y no singulares.
Ryan señala en su libro The Largest Art, tres grandes características del diseño urbanístico: el eterno cambio, la incompleción inevitable y la fidelidad flexible, todos ellos elementos intermedios y dinámicos.

8. Un poco más de prensa para la materia blanca.
Hasta hace relativamente poco (y siendo un toque simplista), la neurología tenía como estrella a la materia gris por sobre la materia blanca del cerebro.
Se pensaba que esta última era básicamente pasiva, que su función se limitaba a transportar lo que las neuronas procesaban y guardaban.
Estudios recientes nos permiten valorarla bajo una nueva luz: la materia blanca, aquello que estaba “sólo” en medio de los procesos más relevantes llevados a cabo por la materia gris, tiene un papel importantísimo en procesos cognitivos y emocionales. Esta materia intermedia es la artífice de la creación de redes neuronales, cambiando conexiones y velocidades de transmisión que afectan de manera decisiva al desarrollo y uso de la inteligencia.
Otra vez vemos que la estrella local (la neurona), no sería tal sin aquello que la rodea, sin aquello que existe en medio de ella y otras estrellas.

9. El marketing y su eterna apuesta por “la persona especial”.
Hoy aún son pocos quienes se niegan a seguir cometiendo el error de creer que, por ejemplo, una comunidad se rige por jerarquías creadas sobre la mesa de una sala de reuniones.
Aún hoy son pocos quienes observan los grandes grupos como los marinos miran el mar nocturno: nunca dirigiendo la mirada de forma directa a aquello que buscan, sino valiéndose de la visión periférica para esquivar su punto ciego.
El marketing ignora tantísimas veces a la ciencia, porque valiéndose del sentido común, toma siempre el camino más corto, aún cuando sea obvio que es un camino que lo deja en un lugar equivocado.
El caso más común actual (luego del delirio de los “virales”) es el de los falsamente llamados “influencers“, esas personas especiales que gozan de una jerarquía determinada dentro de una comunidad.
Sin que importe siquiera que esa jerarquía no existe, que la distribución de mensajes es infinitamente más compleja que “si lo dice tal será bueno” o “si lo usa tal lo usaré también yo” y sin que haya alguien que sin sonrojarse pueda señalar de antemano quiénes son esos influencers y qué beneficio dará utilizarlos, siguen existiendo (en realidad son legión, lamentablemente) personas que creen en esas personas mágicas.
La salida está nuevamente en el espacio intermedio, en la estructura de una comunidad y en el conjunto de todos sus consensos: es eso lo modifica el comportamiento de los individuos y no un par de individuos repitiendo algo.

10. La historia y sus pocos protagonistas.
En un caso similar al anterior de los influencers del marketing, tenemos al clásico relato histórico basado en héroes, próceres y grandes líderes.
La historiografía clásica creía en el modelo centro/periferia, en donde en el centro tenemos a un personaje o a un pequeño grupo de ellos, preclaros, hacedores de eventos, y alrededor suyo una enorme masa inerte de personas que se deja dar forma por los primeros.
El modelo pastor/rebaño relata cómo la historia de la humanidad la escriben (o diseñan) pocos, mientras que el resto, sólo la aceptan, la sufren, o lo que les haya tocado.
Contar la historia de la lucha contra el Apartheid como una ocurrencia de Nelson Mandela, la historia de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos como la obra de Rosa Parks o Martin Luther King, más que ser obcenamente simplificador, es estar contando otra historia, algo que nunca pasó.
La historia es como la lengua: no tiene creadores con nombre y apellido ni propietarios de derechos de autor; es una creación plural, de una sincronización complejísima, concebida por una mente de mentes.
Por vez número 10 en este artículo, la importancia está en las corrientes intermedias, en los procesos simpáticos, en definitiva, en todo aquello que está en medio.

 

No sé si he conseguido señalando estos 10 casos tan diversos, que van desde la sociología a la neurociencia, del urbanismo a la fotografía y la escritura, del marketing a los medios de información y de la creatividad a la historiografía, probar la muerte del protagonista singular, la desaparición progresiva de la figura desdeñosa del fondo.
Si fallé en este objetivo, y seguís creyendo en los protagonistas singulares, seguramente volveré a intentarlo más adelante…

 

(image source: Universaleverything)

¿Algo que comentar?