¿Cómo pensar América desde América?

By in bar fly on February 18, 2017

cómo pensar américa desde américa, por ernesto alegre

Hace unos días leía en Platform, una revista de arquitectura, una idea que exponía Juan Miró sobre el diseño arquitectónico americano.
Cimentando su visión tanto en las construcciones precolombinas como en ejemplos modernos, Miró decía que el ethos del diseño en el continente americano era su relación de equilibrio con la Naturaleza.
Señalaba que en la ciudades indígenas, las pirámides simbolizaban montañas, tanto como los espacios intermedios y planos representaban valles.
De esta forma la ciudad precolombina era un modelo a escala del sitio natural en medio del cual estaba emplazada; de hecho hasta las ubicaciones relativas de algunas pirámides guardaban una relación icónica con las montañas cercanas.
En el mismo sentido de vinculación directa y continuismo entendido como respeto hacia la Naturaleza, se refería a los diseños de Lloyd Wright y Niemeyer.
En este artículo también hacía referencia a la visión europea sobre América, sobre ese “nuevo mundo”.
En efecto el continente americano era nuevo, promisorio, lleno de oportunidades, más grande y abierto y la materialización de un nuevo comienzo, sólo si se lo pensaba desde fuera, si se lo miraba desde Europa y desde la su coyuntura histórica.
Esta idea de América como tierra de nuevas oportunidades, es una visión extranjera, no una definición autoidentitaria.

Lo que cabría pensar en relación a esa idea de que el ethos del diseño americano lleva el respeto de base por la Naturaleza, es si este concepto no está también enraizado en la visión europea del diseño americano en particular, o de los valores asociados a América en general.
Me refiero a si esta idea es posible de generarse, o si ese respeto y continuidad son posibles de ser detectados desde dentro, desde una mentalidad puramente americana.
Se me ocurre pensar por ejemplo en pueblos originarios del norte argentino, los cuales no tienen un vocablo nativo para el concepto de propiedad ni adjetivos posesivos.
Para ellos un bien como la tierra, un río o los alimentos de ese día, no son pasibles de propiedad, no pueden ser poseídos, por lo que no pueden ser propiedad de alguien.
Este propio señalamiento de la inexistencia del concepto de propiedad tal como sí existe en, por ejemplo, el Reino Unido o en Alemania, necesita ser hecho “desde fuera”; un integrante de la etnia Toba nunca pensaría que no tiene un concepto que en su propia cultura no es natural porque sí lo tiene gente perteneciente a otra.
Como mucho y valiéndose de la comparación entre los dos casos diferentes, estaría primero inclinado a detectar la anomalía en el otro antes que sentir una carencia propia.

Las pirámides de Egipto se considera que adoptan su forma debido a una representación estilizada de los rayos del sol: si pensamos en el sol como en un círculo del que salen rayos de simetría radial, aquellos que lleguen a la tierra (pensada como el plano que está debajo), marcarían los límites, las aristas de una pirámide.
Al contrario de lo que sucede con las americanas, que imitan estilizadamente la forma de una montaña, las pirámides egipcias copian los rayos solares que llegan a la Tierra. Ambas imitan, continúan y respetan a la Naturaleza, no sólo las americanas.
Los trazados de infinidad de aldeas africanas de culturas muy diferentes, parecen representar casi organismos animales. De nuevo y tal vez con la diferencia de la escala, se inspiran y continúan los diseños naturales.
Desde este punto de vista, ¿es distintivo de la arquitectura americana su respeto por la Naturaleza, o es este un rasgo común a nivel de especie y tan sólo contrastante con la cultura arquitectónica europea al momento de la conquista y en adelante?
Es muy complejo pensar América desde dentro…

 

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