El modernista del dogma dinámico

By in white rabbit on December 29, 2015
josef frank, el modernista del dogma dinámico, por ernesto alegre
Hablar de modernismo, de tendencias avant-garde en particular durante los inicios del siglo XX, es hablar de dogmas, de manifiestos, de doctrinas que enfrentaron cada una a su manera el statu quo.
Sin embargo estos manifiestos rupturistas también ponían desde el día mismo de su formulación, fecha de caducidad a la tendencia que estaban enmarcando.
Es lo que sucedió con el constructivismo, con la Bauhaus, con el funcionalismo y con De Stijl, por ejemplo.
Todo dogma, por su propia e intrínseca rigidez, captura el fotograma del contexto de ese momento en que tiene lugar su declaración, y a partir de ese preciso instante, comienza -más o menos velozmente- a desfasarse de ese contexto.
Le sucede lo mismo que al recién nacido, que ni bien nacer comienza a envejecer.

Josef Frank fue un arquitecto austríaco contemporáneo de Walter Gropius y de Le Corbusier.
Fue modernista, pero su dogma personal se definía no a partir de proposiciones estáticas, sino en relación a una serie de conceptos dinámicos tales como “la vida real”, “el confort”, o la identidad de los sujetos destinatarios de sus obras.
Esta postura vista -de forma muy simplista- como laxa, de no rigurosa abstracción, lo llevó a colisionar con los grandes arquitectos de su época.
Una anécdota lo ubica sobre un escenario, con motivo de una convención en el Hofburg Palace de Viena, en 1930.
Compartía lugar con Gropius y Mies van der Rohe, y cuando le tocó hablar, mirando irónicamente a éstos, dijo: “Dios, quien hace crecer el hierro, odia los muebles de madera”, en alusión a la tendencia en el uso de tubos de metal en el diseño de interiores de sus colegas.
Frank pensaba que las corrientes modernistas eran exclusivistas, y que al ceñirse tan fuertemente a sus manifiestos muchas veces abstractos y utópicos en torno de lo constructivo, lo funcional y lo psicológico, llegaban a tornarse meramente decorativas.
Fue muy crítico de la estandarización, y tuvo una visión identitaria de la arquitectura. Creía que la presión estandarizadora, oficiaba de igualador de la identidad de los habitantes de esas casas normalizadas.
No podía estar más lejano de la idea de Le Corbusier, quien señalaba que “una casa es una máquina en la que vivir”.
Acerca de los departamentos, dijo una vez: “los departamentos son diseñados como lugares de trabajo para estar en ellos de forma temporaria, donde sus residentes no hallan la paz que necesitan. Uno tiene que trabajar 8 horas al día; las 16 horas restantes están dedicadas al descanso y al ocio.”
“Un hombre no es una máquina ni una inversión de capital que tiene que generar beneficios, sino que trabaja tanto como tiene que hacerlo para ser humano el resto del tiempo…”

Frank falleció en Estocolmo en 1967, y aún hoy pueden adquirirse sus diseños textiles y de muebles en la casa Svenskt Tenn, de Suecia.
Su manifiesto, fiel a dinámicas inmensamente complejas e intuitivas, aún no tiene fecha de vencimiento.

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