Cada cambio que se produce, produce una cadena de cambios.

Cuando cambia la forma de hablarle al otro, cambia la forma de estar presente, cuando cambia la forma de estar presente, cambia la presencia, y si cambia la presencia, cambia la identidad.

No hace falta recurrir a la audacia para afirmar que los diferentes medios sociales han cambiado la forma de hablarle al otro, o dicho con más precisión, presentan dinámicas alternativas de diálogo (tomando el concepto más abarcativo y vasto de diálogo, aquél que nos permite, por ejemplo, ver en ciertas fotos de perfil no sólo una forma de presentarse, sino también una forma de conversación).

Cuando tengo la posibilidad de ir a Londres, salgo cada día a la calle con una actitud idéntica a la del pescador que se mete, aún de madrugada, con su barco al mar.

Sus redes quedan reducidas a unas cuantas pequeñas bolsas, lo más llenas posible, de revistas, libros, periódicos y cualquier tipo de publicación (recuerden que no soy millonario, sino mi cargamento serían varios contenedores portuarios).

En una librería del barrio de Clerkenwell, desde un pequeño exhibidor, llamó mi atención una publicación muy pequeña, tamaño tabloide doblado en cuatro, en papel no extra-blanco (placentero de leer), con su titular diseñado en una fuente didona, una gran foto al estilo de los Beautiful Losers en la portada y dedicada, en su edición número 10 correspondiente al otoño de 2008, a la Opulencia.

Mierda, juré que no me metería en Facebook hasta que no abrieran un Dreambook o algo por el estilo.

Pero <ironía> gracias a Moses </ironía> he recuperado mi antiguo empleo: el de confesor en Facebook.

Aparentemente los usuarios no sienten demasiada culpa hoy sábado, por lo que estoy más que ocioso dentro de este confesionario. Hay días en que se juntan unos 2 o 3 millones de personas en una cola y tardo entre 33 y 34 años en confesar a todo el mundo.

Lester, fundador junto con Fester de la agencia de marketing Lester&Fester para la que trabajo durante 4 horas todos los días (o noches), me encargó diseñar -o re-diseñar, perfeccionar, diría yo- la Religión del Yo.

En su despacho con 0% de azúcar pero todo el sabor, me dijo:

“Estimado Sleeping, sabrá usted que el nuevo ídolo de la masa es ella misma. Bien, dentro de este onanista “culto de mí mismo” en donde toda la población humana tiene mágicamente algo que decir y luce una recién estrenada identidad, debe usted orquestar una nueva estructura religiosa”.

Hace mucho, mucho tiempo, yo estudié Diseño en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires.

En su momento mantuve una relación de amor-odio que signó mi paso por la facultad como alumno. Amor porque en mi opinión la UBA ofrecía la mejor y más sólida oferta educativa para esta disciplina -opinión que se ha visto reforzada con el paso de los años- y odio porque algunas cátedras y algunos docentes que conocí no tenían -desde mi intransigente visión de aquel entonces- el nivel suficiente para estar en esas posiciones que ocupaban (recuerdo haber preguntado en el segundo año de Morfología de qué forma podía medir la distorsión de nuestra visión -eso que hace que veamos que las vías del tren se unen en la lejanía cuando en realidad no sucede- para poder jugar con esa variable, y no obtener respuesta de cinco docentes, incluida la jefa de cátedra).

OK, acá va una idea para humoristas horribles: “Captcha Humor”. La idea es contar un chiste complejo y malísimo y pedirle al público que aquellos que lo entiendan, escriban en un papel por qué motivo eso es un chiste. De esta forma, bajo la forma de “humor de vanguardia” ocultan su incapacidad de hacer reír… (si no saben lo que es “captcha”, nada de lo que dije tiene sentido)

Les cuento cómo veo la cosa: Ustedes tienen muy poco tiempo para perder -y aprovecho para agradecerles el que hayan elegido dedicarle parte de él a este artículo- y yo muy poco tiempo para darle a cada cosa, de manera que iré al grano lo más rápidamente posible.

Hay sobre una mesa un huevo, y sentados a esa misma mesa, un gurú, un experto y un tipo como cualquiera de nosotros.

15 insights creativos sobre la cara BatHabit, unheralded insights
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