la solidez de la alegría caprichosa

By in bar fly on May 16, 2010

Cuando tengo la posibilidad de ir a Londres, salgo cada día a la calle con una actitud idéntica a la del pescador que se mete, aún de madrugada, con su barco al mar.

Sus redes quedan reducidas a unas cuantas pequeñas bolsas, lo más llenas posible, de revistas, libros, periódicos y cualquier tipo de publicación (recuerden que no soy millonario, sino mi cargamento serían varios contenedores portuarios).

En una librería del barrio de Clerkenwell, desde un pequeño exhibidor, llamó mi atención una publicación muy pequeña, tamaño tabloide doblado en cuatro, en papel no extra-blanco (placentero de leer), con su titular diseñado en una fuente didona, una gran foto al estilo de los Beautiful Losers en la portada y dedicada, en su edición número 10 correspondiente al otoño de 2008, a la Opulencia.

El nombre de este pequeño periódico elegante es The Drawbridge, y en él fue donde tomé por primera vez contacto con Zygmunt Bauman.

A continuación, mi modesta traducción del texto…

 

Las soluciones serias crecen en terrenos ajenos al miedo.

Por Zygmunt Bauman.

 

Nuestras diferencias son infinitas. Nunca encontraremos a una persona igual a nosotros. Por algún motivo, la mayoría de estas diferencias no nos molestan.

Las pasamos por alto o las desestimamos quitándole toda importancia.

Sólo algunas diferencias, en ciertas ocasiones, llaman nuestra atención y provocan un impulso a hacer algo, a establecer un límite, a buscar sus justificaciones y a explicar porqué deberían ser mantenidas intactas.

Nuestra actual obsesión por los límites, es el producto de la desesperanzadora esperanza de que podemos asegurarnos contra toda clase de riesgos y peligros, de que podemos sustraernos de las más vagas y desconocidas amenazas. Intentamos desesperadamente buscar soluciones locales a problemas producidos globalmente, aunque estas soluciones realmente no existan.

Todas las herramientas de acción colectiva que han sido creadas en la historia, han sido de alcance local. Tienen efectividad, como mucho, dentro de los límites de una nación. No tenemos ninguna herramienta empírica por encima de este nivel. El punto es que el poder real de hacer cosas se ha evaporado de las instituciones locales.

Hay políticos locales sin poder y poderes globales sin restricciones políticas. Como resultado sufrimos la incertidumbre y tememos a los procesos sobre los cuales no tenemos control.

Todo esto provoca una sensación difuminada de inseguridad muy bien identificada por la palabra precariedad: la experiencia de caminar sobre suelo tambaleante, de una fragilidad que se muestra virtualmente en cada aspecto de nuestras vidas.

La compañía a la que le dedicaste tantos años de tu vida, de repente quiebra o es tragada por una firma más poderosa, junto con tu trabajo y con la demanda, la utilidad de tus conocimientos.

Las relaciones humanas son igualmente transitorias y fácilmente interrumpibles. Existen “hasta nuevo aviso” y no más “hasta que la muerte nos separe”.

Duran tanto como la satisfacción que proporcionan. Y si tu pareja es quien primero se siente insatisfecho, pronto te verás solo. Mires donde mires, la historia es la misma.

Hace 50 años, siendo estudiante, fui instruido según el consejo de Sartre de construir y sostener un proyecto de vida.

Para mis más jóvenes colegas, semejante consejo es irrisorio. ¿Quién está todavía planeando algo para el resto de su vida?

Investigadores de las condiciones laborales contemporáneas advierten que “sos tan bueno como tu último proyecto”. Pero la memoria de tu más reciente éxito no dura demasiado.

La vida está fragmentada en una serie de episodios sin continuidad, sólo conectados débilmente.

La segunda lección como estudiante que recibí sin rodeos de Emile Durkheim fue: los placeres efímeros son demasiado volátiles, caprichosos y caducos como para producir una vida feliz, pero afortunadamente, agregó, está la permanente y sólida realidad por encima tuyo -y de la sociedad- la cual te sobrevivirá a vos y a tus placeres de corto plazo, de manera que puedas instalar tu vida -cargándola de significado- invirtiendo en esa otra totalidad indestructible.

Desde que escuché esto, viví pasando por 3 o más tipos diferentes de sociedad. El único elemento estable que aparentemente conectaba estos estadios de mi vida, fue, precisamente, esta ridículamente corta, individual, corporal y mortal alegría que Durkheim rechazaba.

Si nos pusiéramos serios en el acto de mitigar nuestra obsesión con los límites y las enemistades, tendríamos que hacer algo con sus piedras fundamentales: deberíamos reducir, si no eliminar totalmente, el miedo y la inseguridad.

 

Basado en un charla dada en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona.

Zygmunt Bauman es profesor de sociología en las universidades de Leeds y Varsovia.

 

PD: Si te interesa este artículo de Bauman, te recomiendo su libro Miedo Líquido, editado en castellano por Paidós.

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