La estrategia es la verdadera cosa, por ernesto alegre

Sé que esto que voy a decir no es algo nuevo: no sólo es algo sobre lo que muchos se han expresado antes, sino que es algo sobre lo que de una u otra forma ya había escrito aquí mismo (Escenas absulaes en la vida de un comunicador y Nulo aprecio por las ideas). Esta reiteración está motivada por la incredulidad que me despierta el desdén efectivo hacia el pensamiento estratégico: me resulta difícil de creer que exista tanta gente desconfiada o hasta contraria al hecho de pensar antes de ponerse a hacer.

Cuando tengo la posibilidad de ir a Londres, salgo cada día a la calle con una actitud idéntica a la del pescador que se mete, aún de madrugada, con su barco al mar.

Sus redes quedan reducidas a unas cuantas pequeñas bolsas, lo más llenas posible, de revistas, libros, periódicos y cualquier tipo de publicación (recuerden que no soy millonario, sino mi cargamento serían varios contenedores portuarios).

En una librería del barrio de Clerkenwell, desde un pequeño exhibidor, llamó mi atención una publicación muy pequeña, tamaño tabloide doblado en cuatro, en papel no extra-blanco (placentero de leer), con su titular diseñado en una fuente didona, una gran foto al estilo de los Beautiful Losers en la portada y dedicada, en su edición número 10 correspondiente al otoño de 2008, a la Opulencia.

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