el gigante y el enano

By in bannerhead, bar fly on April 10, 2010

El viernes 19 de marzo por la tarde quedé alineado a un cuadro de Marcelo Pogolotti, artista cubano del grupo de “los nuevos”.

Vi esta obra de 1935 enmarcada en la muestra “Caminos de la vanguardia cubana”, que se extiende desde el 19 de Marzo hasta el 3 de Mayo en el MALBA (Museo de arte latinoamericano de Buenos Aires).

Independientemente de lo interesante que me resultó tomar contacto con el movimiento de “los nuevos” o “de vanguardia”, según se denominó a esta corriente del arte cubano cuya madurez se cristalizó hacia los años 30, de conocer artistas de los que no había visto nada y de volver a corroborar que por delante de todo en nuestra cultura siempre está el arte, (*) debo decir que me sentí impresionado por “El gigante y el enano” de Marcelo Pogolotti, aunque no me gustara plásticamente su propuesta.

Lo que siempre agradeceré, o mejor dicho, por lo que siempre estaré agradecido a Pogolotti es por la idea que él hizo que me asaltara desde su cuadro.

La obra muestra una gran máquina fabril en casi la totalidad del cuadro; lo único que no es máquina es la imagen de un obrero operándola. De esta manera interpretamos instantáneamente qué cosa identifica el artista como el gigante y qué como el enano.

Y es esa idea la que me despertó un conocimiento: la cantidad de obras monumentales que el hombre ha hecho a lo largo de su historia, la cantidad de gigantes que ha construido.

Lo que me resultó revelador es la valencia positiva del concepto de gigante a la que pude llegar -esto tal vez ya no inspirado por el cuadro, ya que creo que en él el concepto de gigante es al menos ambiguo; posiblemente negativo asociado a la idea de monstruo capitalista que esclaviza al obrero, posiblemente positiva, asociado al poder del trabajo al que accede el individuo-, ya que me resulta ahora evidente que como personas construimos gigantes para sentirnos en cierto modo protegidos -a partir de vernos superados- por ellos.

¿Qué son las ciudades, qué las corporaciones, qué las naciones, qué las religiones, qué las redes sociales de millones de usuarios sino gigantes que nos arropan?

Creamos gigantes temporales -entidades que nos superan en el tiempo-, gigantes físicos (países, grupos de países), gigantes teóricos (las matemáticas, las gramáticas, las teorías musicales), gigantes emocionales o afectivos (esta es una buena forma de ver a los árboles genealógicos y a las construcciones de identidades nacionales, culturales, generacionales o de cualquier otro tipo) para defendernos de diferentes amenazas, de diferentes miedos.

El gigante, según como lo entiendo ahora, trátese ya de un gigante social -un club de fútbol, un partido político- o de un gigante personal -una colección de libros, un campo de 3 hectáreas comprado por alguien- es una herramienta contra el miedo antes que un agente que lo infunde…

 

 (*) El arte imagina la proyección del presente, ve el árbol a partir de la semilla antes que la academia, que la política y que la ciencia; el arte es el primero en ver, comprender y denunciar lo que pasa ahora y lo que probablemente pase luego.

 

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