Identidad e interrelación

By in CLUSTERdam on June 7, 2014

identidad e interrelación, por ernesto alegre

A la hora de diseñar una plataforma que permita la creación de un perfil identitario de usuario, y la forma en que esa identidad se vinculará a otras, es sencillo caer en el error de conceptuar que se está ante dos esferas diferentes.

Uno puede pensar que tiene entre entre manos el desarrollo de dos elementos distintos, siempre relacionados íntimamente, pero distintos: la esfera identitaria y la esfera relacional.

Puede imponerse incluso una secuencia rígida, que aunque se presente como de sentido común, si se cree necesaria y única, es falaz: “primero se es, luego se da la vinculación con otros”.

Y pienso que aquí reside el gérmen del error; en pensar que la identidad social de un individuo es un proceso mecánico, que reconoce pasos de bordes definidos y enhebrados en una secuencia unívoca.

¿Sólo puedo vincularme con otros desde una identidad acabada?, ¿no puede la necesidad de vínculo ser la que motiva la definición de identidad?, ¿no son la identidad y el vínculo entidades que se “contaminan” mutuamente?, ¿no crecen acaso juntas como lo hacen los diferentes órganos en un cuerpo durante la gestación?

Estas preguntas, sumadas a un nuevo set dedicado a cuestionar la identidad por un lado y el vínculo por el otro, de forma independiente (¿identidad mediática e identidad mediatizada son sólo un nombre, un avatar y una descripción?, ¿un vínculo entre dos es sólo un click en un botón de “follow” o “add friend“?, ¿un vínculo es una cuerda o un canal entre dos?), nos sugieren que un buen trabajo de arquitectura relacional, debe considerar que la definición de identidad y sus posibilidades vinculatorias, son aspectos de la misma cosa y no dos cosas relacionadas.

Tal vez el concepto de reputación social, sea un ejemplo que nos muestra claramente que al hablar de identidad individual y de esfera relacional, hablamos en realidad de dos facetas de lo mismo.

La reputación de un individuo le pertenece a éste; se suma como un conjunto de valores a la autodefinición identitaria performada por él mismo, hasta integrarla (sin mencionar que de hecho muchas veces representa la parte más atendible, de mayor credibilidad en torno de alguien, puesto que ha sido creada o al menos amplificada por terceros “desinteresados”).

Como dijera, los valores que conforman la reputación de alguien, son aportados por otros; es decir que existen gracias a dinámicas relacionales, puesto que nadie reputa a alguien de quien ignora su existencia (salvo en su reputación de “ignoto”).

Esto pone en evidencia que la identidad social del individuo (sea mediática, mediatizada o física), no sólo “se vincula” asépticamente con otras, sino que se define de forma completa gracias a otras.

Por este motivo identidad y vínculo no son cosas diferentes, sino aspectos de una misma cuestión llamada identidad social del individuo.

 

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