Las 10 manzanas (o cómo Frankenstein piensa a la sociedad)

By in bannerhead on May 31, 2020
las 10 manzanas, por Ernesto Alegre
La idea de la manzana podrida.
Una persona va al mercado y compra 10 manzanas, que luego lleva a su casa.
Como hace habitualmente, las pone en un bowl y sigue con su vida.
A los cinco días, al ir por un cuchillo a la cocina, se encuentra con las manzanas y se dispone a comer una.
Allí comprueba que tres de ellas estaban en mal estado: una definitivamente podrida, otra casi igual y la tercera sólo en parte.
Separa a las tres inmediatamente, sobretodo para que no “pudran al resto”, las tira, toma una cuarta para comérsela, el cuchillo que iba ido a buscar, y en otros cinco días se olvida de las manzanas.
Cuando eventualmente vuelve por una, nota que otras ya estaban en mal estado y la historia se muerde la cola formando un bucle.

 

Los políticos son unos ladrones.
Desde hace mucho me parece una simpleza intelectual hablar de una parte de la sociedad, se trate del colectivo del que se trate, creyendo en su absoluta desvinculación con el resto.
Hay personas que sostienen en la práctica que los zapateros búlgaros no tienen nada que ver con la cultura búlgara, así como hay quienes defienden que los políticos argentinos o españoles son etnias completamente desvinculadas de las culturas de Argentina o de España respectivamente.
Pensar que los valores y el sistema de nociones generales de los zapateros de Bulgaria, se han desarrollado aisladamente dentro de las zapaterías búlgaras, es tan delirante como pensar que la corrupción argentina y española reside en los políticos, nada más, desvinculada y únicamente.
Esto lo podría pensar el monstruo de Frankenstein, probablemente, porque tal vez la organicidad le sea ajena, y sienta como válida la idea de creación de una totalidad, a partir de la costura de elementos extraños, que se desconocen mutuamente.
Pero salvo él, creo que los demás caeríamos no sólo en una explicación infundada y estrafalaria de la realidad social, sino también en una explicación irresponsable.
Y digo esto porque es habitual que esas desvincunlaciones se den particularmente cuando lo que señalamos es indeseable. Si soy británico y pienso que “nuestros naturalistas son excepcionales”, lo haré casi seguro considerando que “nosotros los británicos -yo también- amamos a la Naturaleza”, pero -siguiendo con la suposición de ser británico, es muy habitual que diga “nuestros políticos son delincuentes”, y esto lo haré sintiendo que “ellos, esa casta privilegiada -de la que NO formo parte- son corruptos de una variadísima, creativa y profunda corrupción”.
Por cada muchísimos señalamientos cuya estructura es “ELLOS mal / nosotros BIEN”, muy pocos dicen “nosotros mal”. Aquí precisamente reside esa falta de responsabilidad de la que hablaba.
Nada de esto se contradice con el hecho de que un grupo -profesional, de género, etario-, por cuestiones de identidad grupal, creación de código o desarrollo de especialidades, compartan características comunes que o no se ven o se ven menos en el resto de la comunidad: ningún colectivo social funciona como un alienígena recién llegado.

 

Y entonces, ¿qué hacemos con las manzanas?
Lo que había detrás de las acciones de aquella persona de las diez manzanas, era un pensamiento de matriz inorgánica: veía las partes con mucha definición y al todo como a partes próximas.
Si hubiera conceptuado a las diez manzanas como a un conjunto más orgánico (y no digo como a un organismo, sino como a una situación de elementos vinculados), tal vez hubiera pensado que si bien debía tirar las manzanas podridas, el resto se iba a podrir pronto y no debía olvidarse de las que quedaban en el bowl durante cinco días más.
Es muy probable que esas diez manzanas se hubieran cosechado el mismo día, incluso algunas de ellas hasta del mismo árbol, por lo que todas murieron y comenzaron a descomponerse casi en el mismo momento.
Si hubiera pensado esto, en aquello que tenían en común, al ver las piezas podridas no solo las habría separado, sino que se habría apresurado a comer el resto. No hacerlo parece sugerir la sola creencia de que una primera manzana -la que estaba más podrida- fue contagiando a las demás, y que secuencialmente esto seguiría así.
Sí, hay muchos zapateros búlgaros machistas y pesimistas porque esa sociedad también lo es, y tanto el argentino como el español de a pie, tenga la profesión u oficio que tenga, posee como mínimo una enorme tolerancia a la corrupción: sus políticos han salido de sus propias sociedades, no fueron importados de Marte.
Tal vez el zapatero búlgaro de la esquina aproveche la oportunidad de tocarle la pierna a una desconocida, o sienta que ese acto de arrodillarse para ayudar a calzar un zapato, sea signo de que nunca levantará cabeza, y estas cosas no se vean de esta forma en el resto de quienes viven en Bulgaria.
De la misma forma podrá escucharse a un político argentino o español justificándose de formas impúdicas, como tal vez no sea posible hacerlo en otros sitios, pero lo que definitivamente es un delirio es pensar que el machismo y el pesimismo en Bulgaria es culpa de los zapateros, tanto como la corrupción solo de los políticos…

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