La máquina de limpiar arquetipos, por ernesto alegre

Hace dos días soñé que hablaba con un viejo compañero de trabajo y un amigo de éste al que también conocía. Nuestra charla era distendida y trataba sobre una marca española de ropa (El Ganso, de intenciones “mod”), a la que los tres conocíamos.

2 sueños, por Ernesto Alegre

El espectáculo gratuito. Una noche soñé que estaba caminando por el barrio porteño de Devoto, cerca del colegio de sordomudos. Pasaba por una librería que en realidad no existe, compraba dos bolígrafos verdes diferentes (uno marca Bic y el otro desconocido), y a la hora de pagar doce pesos (tal el precio final), notaba que sólo tenía en la mano poco más de tres.

El espectáculo gratuito, por Alexander Blake

Anoche soñé que estaba caminando por el barrio porteño de Devoto, cerca del colegio de sordomudos. Pasaba por una librería que en realidad no existe, compraba dos bolígrafos verdes diferentes (uno marca Bic y el otro desconocido), y a la hora de pagar doce pesos (tal el precio final), noto que sólo tenía en la mano poco más de tres. En ese momento recuerdo que durante el día había guardado un billete de diez euros en el bolsillo izquierdo de mi pantalón, por lo que meto la mano, lo saco y pago con él.

el sueño de la almendra, por Alexander Percy Blake

Hoy cayó del árbol una almendra preciosa.

Estará viva durante siete meses, y comenzará un sueño progresivamente lisérgico, cada día más potente, cada día más concentrado.

A lo largo de este tiempo olvidará que es una almendra, y hasta descubrirá su nombre…

Nadie puede soportar tener 5 trabajos tan demandantes como los míos, ocupando 20 horas de mi tiempo, permitiéndome soñar con algo de ocio -o soñar que duermo y descanso- sólo 3 horas y dejar esos escasos 60 minutos restantes para escribir todo lo que sueño.

De llevarle la agenda al Dr. Lucious en su consultorio del Tibet, parto raudo hacia la vigilancia de montañas para un organismo mahometano, de allí voy a ocupar mi lugar en el confesionario de Facebook, cuando termino con eso, vuelo hacia la agencia de marketing de Lester&Fester a diseñar nuevas religiones por encargo, y una vez que cumplo mis 4 horas en la agencia, salgo para cubrir el puesto de apólogo de la maldad.

Hace 5 minutos que estoy despierto, y ante la total imposibilidad de invertir tiempo en las cosas de la vigilia -ocurre que quedé con Moses en la selva antártica para dentro de 4 millones de años atrás en media hora- apenas me queda reflexionar una reflexión corta.

Ahora que lo pienso, cada vez que aparece un personaje notable en mis sueños, lo hace de la mano de Moses. O es un invitado suyo, o es él quien lo descubre entre la muchedumbre o la confusión.

Esto sucedió hace poco con Averroes, hace 3 años con Charles Dodgson y poco después con el autorretrato a plumín de Edward Gorey -que se reía, hablaba y movía igual que él-.

Mierda, juré que no me metería en Facebook hasta que no abrieran un Dreambook o algo por el estilo.

Pero <ironía> gracias a Moses </ironía> he recuperado mi antiguo empleo: el de confesor en Facebook.

Aparentemente los usuarios no sienten demasiada culpa hoy sábado, por lo que estoy más que ocioso dentro de este confesionario. Hay días en que se juntan unos 2 o 3 millones de personas en una cola y tardo entre 33 y 34 años en confesar a todo el mundo.

Lester, fundador junto con Fester de la agencia de marketing Lester&Fester para la que trabajo durante 4 horas todos los días (o noches), me encargó diseñar -o re-diseñar, perfeccionar, diría yo- la Religión del Yo.

En su despacho con 0% de azúcar pero todo el sabor, me dijo:

“Estimado Sleeping, sabrá usted que el nuevo ídolo de la masa es ella misma. Bien, dentro de este onanista “culto de mí mismo” en donde toda la población humana tiene mágicamente algo que decir y luce una recién estrenada identidad, debe usted orquestar una nueva estructura religiosa”.

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