Un espejo fuera de sincro

By in white rabbit on October 19, 2014

un espejo fuera de sincro, por ernesto alegre

Imaginemos un espejo que atrasase, que no fuera capaz de reflejarnos en tiempo real, como si su streaming se cortara cada tantos segundos.
Giro la cara hacia un lado, pero aún veo mi cara de frente, la imagen se actualiza y gira un toque después.
Demandando menos esfuerzo, imaginemos ahora un espejo enorme: digamos de 10 metros de alto por unos 15 de ancho. Pensemos que además está a unos 5 metros de altura, inclinado hacia abajo, y que existe una serie de objetos (lo que sea, sillones, barandas, escalones) que no nos permiten acercarnos a menos de 10 metros de él.
En este espejo, si cualquiera de nosotros formara parte de una manifestación, si estuviera en medio de unos cuantos cientos de personas, se reflejaría muy bien ese grupo: no sólo sus dimensiones son idóneas para reflejar un objeto de gran tamaño, sino que su ubicación en lo alto y su inclinación serían muy apropiadas para cubrir al grupo.
Pero si estuviéramos solos, y quisiéramos vernos bien la cara, ese espejo sería deficiente. Ni el tamaño, ni la distancia ni la altura desde la que él nos ve a nosotros, nos sirve.
El espejo gigante, lisa y llanamente no reconoce a la escala personal; la cara no aparece nunca en su radar.

Los medios de masas, pertenecen a este tipo de espejos: cada uno de nosotros, como individuo, es demasiado poco para poder ser reflejado.
Lo masivo y lo identitario en una instancia personal, se contraponen. O es una cosa o es la otra, y esto lo demuestra la incapacidad estructural de los mass media para expresar entidades propias de una sociedad identitaria, tales como la propia identidad personal, la privacidad, la diversidad y especificidad de intereses, etc.
Algo similar ocurre con la incapacidad estructural de los social media a la hora de expresar entidades masivas como la cobertura, la uniformidad discursiva o la idea de agenda.

La sociedad está viviendo (y no esperemos “que en el futuro las cosas cambien”, porque ya cambiaron y están cambiando ahora) una revolución que puede ser expresada con el acto de dar vuelta un guante o un calcetín: lo que estaba fuera, pasa a estar dentro, lo que estaba arriba, pasa a estar debajo.
Es un acto silencioso, desapercibido, permanente, común. O mejor: moderadamente radical.
Y como sucede con el resto de este tipo de espejos, los diarios atrasan.
Todo en ellos es inapropiado: el concepto de edición, el de publicación, el de cierre, el de cobertura desde fuera, el de contexto desde arriba, la profesionalización de quien te cuenta lo que está pasando (lo periodistas serán fósiles dentro de no mucho), las redacciones: todo.
El diario llega tarde, y encima llega a otro lado. Cada día, a cada hora se separan un poco más entre sí el diario y el tipo que se supone que tiene que leerlo.
Es como abrir una zapatería para ballenas: ya fue, desde hace un rato que tienen aletas…

 

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