el soft social

By in bannerhead, CLUSTERdam on December 5, 2012

Órganos, sistemas y organismos.

El desarrollo de casi cualquier pieza de soft -a no ser que se trate de algo muy muy simple-, es una tarea múltiple y compleja, pero si eso que tenemos entre manos es una pieza de soft social, bueno, ahí la complejidad se multiplica unas cuantas veces.
Actualmente y desde hace ya unos meses, me encuentro desarrollando una nueva plataforma social, y son muchas las cosas que estoy pudiendo ratificar y comprobar en el proceso.
Sin entrar en las cuestiones más complejas del diseño, las que tienen que ver con lo que personalmente identifico como “arquitectura e ingeniería relacional” -quisiera extenderme en esto en varios artículos aparte- lo que atañe a los desarrollos de la interface y el backend tiene particularidades que conviene conocer de antemano.
Lo primero que me resulta muy aconsejable, es comprender a la pieza de soft social, como un todo orgánico. Tengamos o no una visión biologista u organicista, el soft social es orgánico desde el punto de vista que nos muestra que una modificación en cualquiera de sus partes, casi nunca acaba allí, sino que implica a varias otras de sus partes.
Esto genera la necesidad de identificar elementos que conforman sistemas, y sistemas que conforman la pieza general, que nunca -opinión personal- debería dejar de ser percibida como una unidad indivisible en la experiencia funcional.
Está claro que el sistema filiatorio, el sistema identitario y el sistema vinculatorio, por señalar sólo tres de los múltiples que pueden conformar una plataforma social, pueden ser estudiados aparte, pero esto se da en un “contexto de laboratorio”, no en la experiencia directa de uso, ya que habrá elementos del sistema filiatorio (el gesto que permita relacionarme con un contenido, por ejemplo), que pertenecerán también a otros sistemas, sin embargo la experiencia de usuario -cuando la plataforma está bien diseñada- es un continuum.
Para poner un ejemplo, en este caso en el que hablaba del sistema filiatorio, al ser este sistema subsidiario del identitario, los “likes”, los “retweets”, los “favs”, entre otros muchos gestos eminentemente de filiación, impactan directamente en el sistema identitario (aquello con lo que me relaciono habla de mí), y al ser la identidad la piedra fundamental de la vinculación, cualquier cosa que toque aquella esfera, tocará al menos indirectamente a esta.
Para separar sistemas entre sí, hay que diseccionar a la plataforma, y para hacer esto último, hay que “matarla” primero.
Cuando digo que jamás una plataforma, por más elementos y sistemas que tenga, debería dejar de ser percibida como una unidad, lo digo porque de suceder esto, pasaría dicha plataforma a ser percibida como una herramienta o como una serie de instrumentos para hacer cosas, y no como un entorno en el que estar. Cuando el verbo que el usuario de una plataforma utiliza para expresar su vínculo con ella es “usar” en lugar de “estar”, esa plataforma fracasa como ámbito social.
Y la integración de todos los sistemas en una unidad sin costuras, sin fisuras, es lo que construye la percepción de lugar; ninguno de nosotros describiría su hogar diciendo: “cama + sofá + mesa + sillas + cocina + florero…”
Todo esto nos acerca a la idea de organismo, donde órganos conforman sistemas, y donde esos sistemas -en ocasiones componiendo a su vez otros sistemas- conforman un organismo.

 

El desarrollo orgánico.

Ahora bien, ¿cómo se crean y se desarrollan los organismos?
De forma genética y orgánica (perdón por la obviedad). Con esto quiero señalar que no “de la nada” ni “por partes”, sino como continuidad, todo al mismo tiempo y en todas las direcciones, de manera tal que el desarrollo de cualquier elemento afecta de hecho a muchos otros -y en ocasiones a todos los demás-.
Cuando estamos en el útero materno, no se forma primero el tronco, después la cabeza, luego las extremidades, etc, sino que todo se va conformando, formando de manera conjunta. Ahora mismo, por ejemplo, nos está creciendo el pelo, también las uñas, y posiblemente se estén reconectando una serie de neuronas en un nuevo circuito. Todo al mismo tiempo.
Es imposible diseñar una pieza relacional (una plataforma social online, por ejemplo) definiendo cada sistema por separado o uno a la vez: ¿cómo se supone que la complejidad morfológica de un sistema curacional va a encajar con el sistema distributivo interno de contenido, o cómo puedo diseñar un sistema vinculatorio independientemente del modelo de contenido o del sistema de exposición de presencia?
Esto lleva a la conformación de un equipo que, por más que tenga tareas específicas afectadas a uno o a varios sistemas, sepan de forma actualizada del desarrollo del resto, y lo que también es vital, es la existencia del perfil que transversaliza el estado de todo el desarrollo, sea este el del propio arquitecto relacional (quien escribe el primer código genético, el blue print, el bauplan del organismo) o perfiles dependientes de él.
La integración de los equipos, de haberlos, no es opcional ni mejorador: es esencial e indispensable.

 

El problema de los perfiles mecánicos.

Un problema muy gravitante en el desarrollo de diseños relacionales, es el escaso conocimiento sobre las dinámicas sociales y el uso social general del soft, por parte de los perfiles más técnicos (ingenieros informáticos, programadores, desarrolladores web, diseñadores de interface, etc.); esto lleva a creer en conceptos o procesos obsoletos, como lo son la idea tradicional de versiones, que el objeto puede ser “extendido” con nuevas funcionalidades ajenas, o hasta la creencia de que esa pieza estará algún día terminada.
Por ejemplo estas tres concepciones son absurdas en la esfera del soft social (como lo es también pensar que el usuario sólo usa esa pieza, cuando en realidad en el uso la redefine y refuncionaliza; es él quien nos dirá a todos quienes “la hacemos”, qué cosa estamos haciendo y no al revés).
La idea de las versiones del soft social, es apneas una ficción operativa (me refiero en cuanto a “0.4”, “0.4.2”); es algo que no existe, pero que puede resultar útil en casos muy puntuales. Es como si pensáramos nuestro desarrollo como personas de acuerdo a nuestros cumpleaños. Si mañana cumpliera 44 años, ¿qué podría esperar en términos de status orgánico que no esté sucediendo ya hoy?
¿A qué hora de qué día de que mes me apareció esta arruga en la cara? Imaginemos que me sirve ponerle fecha, OK, pero esa demarcación no deja de ser una ficción.
En cuanto a los tradicionales estados de “alpha”, “beta” y “gamma”, el soft social sólo reconoce los dos primeros: alpha para cuando todavía está en la placenta y beta para cuando puede respirar sin cordón umbilical. Podrá haber “beta cerrada”, “beta cerrada con invitación” y “beta abierta”, pero jamás gamma; la pieza relacional de diseño no se termina, no se concluye más que cuando se discontinúa y se cierra.
Y en cuanto a la extensión de la misma, dada la adquisición de nuevas funcionalidades que no surjan de la propia genética de ese diseño concreto, si bien siempre es tan absurdo en diseño hacer esto como pretender implantar una trompa de elefante a un castor, debido al carácter potenciadamente orgánico del diseño relacional, los implantes son mucho más disruptivos y de consecuencias impredecibles.

Por todo esto, las piezas de diseño relacional, como lo son las plataformas de social media, son orgánicas, complejas, enormes hoy e infinitas en el tiempo.

 

2 thoughts on “el soft social

  1. 1

    Bisturí finísimo apuntando al sapo tibio del Social Media.

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