el animal líquido

By in CLUSTERdam on November 28, 2012

Imaginemos un animal de estructura líquida o tal vez gaseosa, plástico en extremo.

Imaginemos que tiene una capacidad conectora extraordinaria de sus partes: inmediata, refuncional, sumamente creativa.

Imaginemos que esta capacidad le permite reconectar, rediseñar su sistema nervioso, no sólo reaccionando ante el entorno a nivel comportamental, sino a nivel sistémico.

Imaginemos que sus centros de pulsión vital y sus centros de lectura, procesamiento y posterior compensación frente a lo que no es él, frente al contexto, pueden ser contados por cientos de miles o millones.

Imaginemos que tiene una casi instantánea capacidad de deglutir e incluir el entorno y hacer que éste circule horizontal y polifuncionalmente en su interior.

Imaginemos que al verlo estamos siempre en la duda de si efectivamente es un solo animal o un animal colectivo, un grupo de organismos, y que sentimos preocupación por confundir un enjambre con un animal fabuloso.

 

Esto es lo que imagino últimamente, estas son las imágenes que vienen a mi mente cuando reflexiono sobre los medios sociales.

¿Es correcto pensarlos como medios, de la misma forma en que pensábamos a los mass media?

¿Es idóneo para comprender un objeto nuevo, utilizar las estructuras, los modelos y los marcos que nos servían para asir objetos precedentes?

 

¿Son medios los medios sociales?

Personalmente nunca me sentí muy satisfecho con el propio nombre de los medios sociales; mi opinión era que “medios identitarios” se ajustaba mucho mejor a su naturaleza, además de apuntar desde el nombre mismo a la esencia de su originalidad.

Pero ahora comienzo a cuestionarme su propia calidad de medios, no porque no piense que son nexo y son canal -lo que ya los definiría como medios-, sino porque creo que el concepto mismo de medio es lo que hay que replantearse cuando hablamos de entornos de identidad.

Y digo esto, porque cada día se presenta como más relevante y gravitante el concepto de “entorno mediático” que el de “medio”.

En el mundo de los medios masivos, es extraordinario -y hacia atrás en el tiempo, por ejemplo cuando no habían aparecido aún los social media, más extraordinario aún- encontrar algún tipo de hibridación entre diferentes medios. Ahora mismo no recuerdo casos en los que un contenido comenzara en la radio y siguiera en televisión, o se inicara en la prensa y terminara en la vía pública o exterior.

Mucho menos pensar que hubiera un formato que efectivamente tuviera una presencia diseñada en dos o más medios diferentes. Lo único que se ve en el mundo de los mass media, es que un medio utilice otro para captación de audiencia.

De esta forma sí que vemos spots de revistas en televisión, publicidad radial de programas televisivos y vallas anunciando periódicos; sobretodo cuando ambos medios -el anunciante y el anunciador- pertenecen al mismo grupo mediático.

Queda claro todo el tiempo que cada uno de ellos es un medio “completo”, con una cultura -lenguaje- propia, y que no conforman desde el punto de vista del contenido, un entorno.

Por más que -en el mundo de los medios masivos-, los buenos estrategas de medios entienden que para el público no hay diferencias entre, por ejemplo, offline y online, y saben perfectamente que una estrategia es, por más medios que hagan intervenir en el mix, ante todo una, es también cierto que para esa persona que es impactada por un contenido masivo, siempre está claro si lo que vio fue un programa de televisión, escuchó una entrevista radial o leyó un artículo en una web.

Si bien la publicidad es más líquida, en el sentido de su plasticidad, lo que hace que una campaña pueda impactarnos lo mismo desde un banner, que desde una página de un diario gratuito o un spot de televisión, y al cabo de unas horas no sabemos dónde exactamente nos enteramos del lanzamiento de un nuevo producto por ejemplo, esto no ocurre con los contenidos y mucho menos con las estructuras de los medios tradicionales.

Todo lo contrario sucede con los contenidos y las estructuras de los medios sociales.

Tienen una increíble capacidad combinatoria, se refuncionalizan todo el tiempo, tanto por la acción de los usuarios como por la obra de los estrategas sociales, para quienes estos medios son una muy conveniente materia plástica.

Esta facilidad que todos tenemos de tomar una parte de una plataforma, otra región de otra y con ellas crear un contexto de identidad, es lo que permite que se conformen esos entornos mediáticos, que tienen más peso que los propios medios que los conforman.

De esta manera se explica la existencia de conceptos como los de ambient media, locative media, post-digital media o transmedia.

Todos ellos son entornos mediáticos conformados por medios sociales, plataformas o aún segmentos de plataformas.

Por poner un ejemplo, cuando hablamos de ambient media, estamos hablando de la integración en un circuito del microblogging, de la esfera del status en redes horizontales, de cualquier plataforma que permita soporte en tiempo real y de infinidad de mobile apps sociales que ofrezcan notificaciones.

Cuando esté en este entorno mediático, realmente no sabré si un determinado contenido me llegó a través de Twitter, Facebook, Foursquare, WhatsApp, Path, o SoundTracking.

 

Vuelvo al principio.

¿Me es posible escuchar sólo radio y pasar de la televisión y de la prensa escrita? Sí, porque puedo elegir qué medio consumir, y las posibilidades de que en una revista aparezca transcripto un programa de radio o que en la televisión me muestren todos los carteles que hay en una avenida, son remotas.

Y cuando uno de estos medios toma contenido de otro, lo hace traduciéndolo a su leguaje, por lo que si elegí televisión, siempre tendré televisión. Los medios masivos son medios estancos.

¿Me es posible estar en Facebook y no tener nada que ver con Twitter, YouTube u otras plataformas sociales? Casi que no, porque por más que yo haya decidido pasar de todas menos de Facebook, esta misma decisión deberían tomarla todos los contactos de mi grafo, haciendo esto mismo rigurosamente a su vez con todos sus respectivos contactos.

Si esta situación no se da, no tardaré en leer un tweet en Facebook, o ver un video de YouTube en el muro.

Entonces, ¿podemos pensar a los medios sociales -o a los medios identitarios- como a medios? ¿No es más correcto hablar de entornos mediáticos?

Personalmente creo que sí, puesto que ahora no son personas las que rodean a los contenidos, sino éstos los que rodean -creando un entorno plástico- a cada una de las personas.

 

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