el aporte de los ultras - ernesto alegre

La verdad es que no me resultan válidos, la enorme mayoría de las veces, los argumentos radicales. Y tampoco me resulta válido considerar que no sirven de nada. Siendo un poco menos general, diría que en una disciplina sí que es genial la radicalidad: en la ideación con fines de creación (ya sea innovación, creatividad o imaginación) allí sí que desafiar el límite es necesario. También diría que las posturas de extremo son particularmente inimplementables cuando se trata de situaciones sociales. Pero aún así, en este último caso, están lejos de ser inútiles.

revalorizar la política, por ernesto alegre

Cada vez que algo no funciona como esperamos, sea porque se estropea, porque se nos presenta una mejor opción, porque se produjo un desfase entre el problema y la solución que representaba, etc, lo habitual es que intentemos corregirlo o reemplazarlo por una nueva versión de eso mismo. Por ejemplo, si algo le pasara a mi exprimidor de cítricos, dependiendo de qué cosa le pasara, intentaría repararlo o suplantarlo por uno que cumpliera correctamente su función. Lo que nunca se me ocurriría es pensar que “todos los exprimidores son igual de nefastos”, ni que “voy a cambiar el exprimidor por una corbata”. Pero por extraño que parezca, esto es exactamente lo que se repite una y otra vez en torno de la política: ante políticos inservibles, es común desacreditar funcionalmente a toda la política o reemplazar al político por un tecnócrata, un actor, un empresario o un misionero… y cada vez que esto sucede, el experimento sale mal.