Un camino corto en la dirección equivocada

By in DC&HO, white rabbit on April 17, 2021

DC&HO - un camino corto en la dirección equivocada - Ernesto Alegre

Actualmente experimentamos las consecuencias de una multiplicación de las fuentes generadoras y redistribuidoras de comunicación.
Al ser mucho más sencillo que antes crear y publicar contenido y al tener herramientas para escalar hacia arriba su distribución, el resultado es la superabundancia de piezas de comunicación, de los enfoques que estas expresan, de sus formatos y de sus temáticas.
Son muchas las diferencias que encontramos entre cómo se comunicaba antes de la “era digital” (disculpas por el cliché), y cómo lo hacemos ahora.
Han explotado las fuentes de las que obtenemos materia prima, han cambiado las herramientas y los procedimientos de producción de mensajes, se han multiplicado y expandido las redes de distribución de dichos mensajes y sobretodo, de manera infraestructural se ha revolucionado la forma social, la manera en que nos damos a conocer, vinculamos y comunicamos unos con otros, y que facilita la circulación de ideas y comportamientos.
Hoy la distancia entre tener una idea y hacerla pública es cortísima: ni tenemos que sentarnos para darle forma… incluso caminando por la calle pensamos, producimos y compartimos con miles que a su vez pueden compartir con más miles. Nos abraza y rodea la reverberación comunicativa.
Todo esto hace que hoy nuestro principal problema no sea la inexistencia de contenido acerca de una determinada temática o la posibilidad de acceso a éste, sino cómo hacemos para filtrar lo que realmente nos interesa o tiene un valor real para nosotros de entre la inmensidad de cosas disponibles. Se agiganta la necesidad de filtros.

El más sofisticado de los filtros que podemos tener, es el sentido crítico.
Es el filtro que nos permite detectar, según una serie de criterios, qué cosa es válida y qué no lo es, de manera de poder quedarnos solamente con lo que reúne ciertas condiciones de calidad y descartar todo lo demás.
Si al sentido crítico lo combinamos con un pensamiento científico, entonces ya tenemos un filtro para eliminar todo lo deficiente y una brújula para orientarnos en la definición de la deficiencia.
El menos sofisticado de los filtros, el más basto de todos, es la eliminación por defecto.
La censura pertenece a este tipo de filtro.
Lo que se hace cuando se filtra de esta manera, es que se cercena parte de lo disponible sin darle tratamiento, solo por ajustarse a algún criterio cualquiera. La discriminación entre lo que es apropiado y lo que no lo es, resulta siempre arbitraria.

Cuando visitamos una casa y vemos  que los tomacorriente tienen aplicados piezas que los tapan y aíslan, nos damos cuenta que en esa casa vive algún bebé o niño muy pequeño.
Lo mismo ocurre cuando encontramos salva escaleras, o topes de goma en los ángulos afilados de ciertos muebles.
Se aplican estas cosas, porque debido a la falta de madurez de los niños pequeños, una explicación sobre las consecuencias del flujo de electricidad, una caída o un golpe contra algo afilado, no es lo suficientemente significativa como para evitar posibles accidentes.
En relación a las plataformas sociales dominantes y a las decisiones que vienen tomando desde los últimos días del gobierno de Donald Trump, siento, como adulto primero y como alguien que estudia y analiza su comunicación, que estoy siendo tratado como un bebé que debe ser cuidado por mayores.
Cada vez es más complejo detectar y mensurar, por ejemplo, argumentaciones anti-vacunas y la forma en que sus mensajes se distribuyen.
Si se censura a quienes desde un punto de vista científico dicen falsedades o hasta cosas enteramente delirantes, perdemos la posibilidad de conocerlas y de aplicar nuestros propios filtros.
No se está cambiando la realidad, solamente se está cerrando un ventana que nos permitía observarla. La realidad, con toda su diversidad, belleza y fealdad, sigue ahí afuera; pero nosotros percibimos una parte más pequeña.
Lo mismo sucedió cuando Amazon decidió cancelar el alojamiento de Parler: quienes se comunicaban allí siguieron existiendo y pensando lo mismo, la diferencia más grande es que a partir de la cancelación, quienes escuchábamos e intentábamos comprender ya no pudimos seguir haciéndolo.

Todas estas plataformas han decidido cambiar de un día para el otro un paradigma que representaba una evolución en los medios de comunicación: nos arrebataron de repente la capacidad de editorializar nuestros flujos de comunicación, y volvieron al pasado diciendo: “ahora el que define lo que se publica y lo que no, soy yo”.
Hasta ese momento, Twitter por ejemplo, no existía como línea editorial, ya que Twitter, como totalidad absoluta de mensajes, no existía en la práctica experimentable por un usuario.
Cada persona escogía a quien seguir y en esa elección diseñaba la línea editorial de SU Twitter.
Quienes habían elegido seguir a Donald Trump, estuvieran a favor o en contra de su pensamiento, se encontraron de pronto que eso ya no podían elegirlo más. Twitter se había transformado al menos en ese caso en un periódico como los de siempre: leerías lo que alguien había decidido que podías leer.
Lo que se hizo con esas decisiones de eliminación por defecto, fue retroceder un montón de años en la evolución de la comunicación social.
Se ha degradado la variedad argumental, se han menguado los derechos de los usuarios, se ha empequeñecido la libertad de expresión, se les ha puesto un parche en el ojo a los investigadores, y se le ha hecho un flaco favor a la propia democracia.
Se apostó por ponerle tapas a los enchufes, porque aparentemente no somos lo suficientemente maduros como para lidiar con ciertos mensajes. Las plataformas nos consideran bebés.
La censura deprime el desarrollo de nuestro sentido crítico, que es algo que en el contexto actual de comunicación cotiza tanto como el aire que respiramos.
Personalmente no coincido con millones de visiones del mundo, ni tampoco con los pensamientos de millones de personas que las crean, pero menos aún coincido con la propuesta de dejar de conocerlas: quiero encontrar la diferencia y quiero al menos intentar conocer todo lo que exista. También definimos lo que pensamos gracias a lo que no pensamos…

En poco más de 1 año de pandemia, en este sentido se ha elegido el camino más corto y en la dirección equivocada rumbo al filtro. Pero paradójicamente hemos llegado por este corto camino, demasiado lejos.

 

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