Dos grandes ausentes en la facultad de diseño

By in white rabbit on June 3, 2017

Dos grandes ausentes en la facultad de diseño, por ernesto alegre

Cada vez que tuve la oportunidad de referirme a la formación que recibí en la Universidad de Buenos Aires, más precisamente en comunicación y diseño, fue de manera positiva.
No es que no pensara que ésta fuera imperfecta -como todo lo hecho por alguien en la materia que sea-, sino que creía y creo que había sido al menos lo suficientemente buena. De hecho en su momento si había algo a lo que dedicaba una buena parte de mi tiempo en la facultad, era a discutir con los respectivos jefes de cátedra sobre lo que pensaba que debería impartirse o sobre una perspectiva concreta en algo (recuerdo con cariño lo que me decía Héctor Morón, titular de una cátedra de diseño en esos días: “…mirá que sos jodido, Alegre…”).
A esa edad y con ese cargamento de ignorancia que portaba (no mucho menor que el que tengo hoy -de ignorancia digo, no de edad-), seguramente debo haber propuesto infinidad de estupideces; lo único que me deja un poco tranquilo es que aquello que decía era reflejo de mi compromiso total con el diseño y con la comunicación.

 

Lo intuía entonces y lo “sé” ahora: en mi formación hubieron dos grandísimos ausentes: el Tiempo y la Naturaleza.
El primero, el Tiempo, nunca en ninguna materia me fue presentado como elemento de diseño: el tiempo simplemente pasaba en un proyecto como pasaba fuera de él.
Todos o casi todos fallábamos en su gestión básica (que es lo mínimo que deberíamos haber contemplado), de manera que fuera la entrega que fuera, el tiempo se nos quedaba siempre corto; sencillamente no existía la entrega que se hubiera terminado al menos 1 día antes de llevarla a la facultad.
Poseíamos un tiempo amateur, un tiempo sin mapear, sin estructura, sin esqueleto… un tiempo que se escurría mientras prestábamos atención a otras cosas, como si esas cosas no sucedieran precisamente en el tiempo.
Esto es tan inmensamente loco como ponerse a construir una casa sin reflexionar siquiera en el lugar donde esta está siendo construida.
Personalmente aprendí -en realidad sigo aprendiendo- a estructurar el tiempo como a un elemento más del diseño, disponiendo de sus órganos y funciones, otorgando forma a esa entidad, luego de estrellarme mil veces contra la lápida del deadline. Y ahora para mí el tiempo de un proyecto es una dimensión dominante, un contenedor, un sistema esquelético que puede trastocar cualquier otra cosa de ese proyecto y al proyecto mismo.

El segundo gran ausente, es la Naturaleza.
Si hoy tuviera que decir qué libro de diseño me entregó más conocimientos y me aportó más elementos y contextos definitivos para lo que entiendo por diseño, diría que es Escalando el monte improbable, de Richard Dawkings.
No, este libro no lo encontrarán en la sección de Diseño, Arquitectura ni Artes aplicadas, sino en la de Biología o Ciencias naturales de alguna librería.
Ni una sola vez en todo el tiempo que estuve en la facultad, alguien me dijo que observara a un animal, a una planta o a una reacción química como a una pieza de diseño.
Nadie me sugirió que podía aprender a diseñar mejor observando el proceso de fotosíntesis, o reflexionando sobre un hocico, un plumaje o la forma de volar de una semilla.
Sólo por intuición percibí que un simple jardín contiene una clase magistral de diseño, y que una selva, un bosque o un mar, son 1 millón de carreras de diseño, maestrías incluidas.

Esos fueron dos grandes ausentes en mi formación, el Tiempo y su tesoro de ritmos y espacios de desarrollo; la Naturaleza y fractal saber hacer…

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