Yo estaba acostumbrado al spam, como todos, creo.

Desde la venta de píldoras que prometen solucionar los problemas de disfunción eréctil (me niego a poner su nombre comercial en el post, porque seguro que Google me penalizará de alguna forma por eso) hasta las ofertas de rellenado de cartuchos de tinta, pasando por propuestas inusitadamente ventajosas de bancos africanos y cadenas para evitar lapidaciones y ejecuciones remotas -ante lo cual más de una vez me pregunté si los gobiernos capaces de matar a alguien a piedrazos, son sensibles a las cadenas de emails, ya que no a la vida humana-.

Debo comenzar este artículo pidiendo disculpas: me propongo tratar la importancia del acto de la curación, intentando aclarar que curar no sólo es sanar, y desde el mismo título genero confusión.

Ocurre que en términos de contenido, no es preciso padecer la enfermedad llamada ADHD (Síndrome de atención dispersa, hiperactividad e impulsividad -Attention Deficit Hyperactivity Disorder, según el nombre inglés que dio lugar a la sigla-) para sentirse totalmente abrumado y superado por la cantidad y variedad de la oferta de cosas que llaman nuestra atención, que demandan algo de nuestra parte.