el espejo digital, por ernesto alegre

En muchas oportunidades, de una forma u otra, entre colegas o con clientes, ha surgido el debate sobre dónde se refleja más la demanda y el interés social, si en medios masivos o en los medios digitales con sus correspondientes capilarizaciones en los medios sociales.

A lo largo del ancho, profundo, permanente y superabundante flujo de información acerca de la Covid-19 en el que aún estamos inmersos (pugnando por mantenernos a flote, diría), podríamos discriminar entre el buen y el mal contenido que venimos recibiendo.

El pueblo-niño, por Ernesto Alegre
Es super fácil… o no, es super difícil.
Cualquier persona medianamente crítica consigo y con aquello que la rodea, entiende casi sin la necesidad de una gran explicación, que dado un problema a escala social, lo que termina siendo el problema es la sociedad misma en su incapacidad de gestionarlo.
Precisamente ahora, esto queda muy claro con la pandemia de la covid19: es más digna de miedo la sociedad que la padece que el virus que la provoca.
La clave de la contención -mientras le damos tiempo a los científicos a que desarrollen vacunas y tratamientos- es básica: distancia, mascarilla e higiene.
Se ha dicho, se dice y se dirá cientos de millones de veces en todo tipo de canal con todo tipo de mensajes, contenidos, tonos y registros: distancia, mascarilla e higiene.
No hay que ser super inteligente para performar las acciones que se demandan, no hay que estar especialmente informado, documentado ni educado, no hay que ser particularmente bondadoso, ni generoso, ni empático, no hay que ser rico, ni bello, ni simpático: sólo guardar la puta distancia, usar una puta mascarilla y lavarse las putas manos.
Pero… la sociedad.