Un animal gigante (y por ahora bobo) despierta

By in selbst on June 12, 2021

un animal gigante despierta - ernesto alegre

Cuando veo las manifestaciones que terminan inexorablemente en batallas, la sociedad me da terror como lo haría un animal enorme y bobo que ha estado dormido todo el tiempo, y despierta con hambre.
La sociedad hoy equivale a un adolescente a quien de la noche a la mañana se lo manda a vivir solo y a hacerse cargo de su vida integralmente.
Pensará en la comida cuando tenga hambre y en ganar dinero cuando tenga que pagar por algo.
Hemos pasado de la sociedad con jefes y padres, a una sociedad sin cabeza y solo con dueños.
Si esto es una transición a la madurez social progresiva, bienvenidos la incertidumbre y el miedo pasajeros, pero entendamos que hay que construir los mecanismos que nos permitan desarrollar esa madurez distribuida.
Solo prendiendo fuego, una vez que ceda la rabia y se apague la ira, veremos que todo son cenizas y que siguen allí esas cosas que motivaron a salir a romper lo que había. Si ese momento no es puente hacia otra situación, puede que estemos peor que antes.

Me parece cierto que la destrucción interviene de una u otra manera en la construcción.
A veces de forma explícita y ejercida, como paso inicial para “hacer lugar” a lo nuevo, y otras de manera residual o demorada: construida una alternativa a lo precedente, si por algún motivo lo nuevo se impone a lo previo, esto último se abandona, se deja, se olvida, y eso lleva finalmente a su destrucción, al menos bajo la forma del abandono.
Personalmente soy partidario de dejar morir lo malo o lo peor antes que tener que matarlo, pero comprendo que ciertas cosas demanden más que otras su destrucción efectiva.
Lo que me preocupa -y como decía al principio, me da miedo- es la destrucción con finalidad difusa, el romper todo cuando ese es el único plan, cuando eso no está previsto que nos deje en otra cosa, cuando la destrucción en definitiva se transforma en el proyecto.
Reconozco también mi sesgo en este miedo: la revolución identitaria (la más reciente) me halló con treinta y pico de años, personalmente soy alguien con bastante auto represión, gozo de muchos privilegios aunque pretenda no ejercerlos y estoy más cerca de la parálisis por análisis que del activismo.
Creo que cualquier persona con apenas una porción del cerebro operativa, se da cuenta que hay muchísimas cosas que necesitan ser cambiadas, y que dentro de ellas hay algunas que demandan ese cambio de manera urgente y profunda.
Me refiero a tantísimas situaciones, realidades, comportamientos , condiciones, problemas, consecuencias, causas, creencias, mensajes, roles, actividades, conceptos y visiones que no deberían ser como son. Porque generan sufrimiento, exclusión, violencia, odio, limitación y opresión del tipo que sea que hacen que la vida de alguien sencillamente no sea digna de ser vivida.
Claro que hay infinidad de cosas por cambiar, en lo personal creo que todo merece y es factible de ser cambiado para mejor, todo.
Lo que me preocupa es el acento en la negación de lo presente antes que en la afirmación de lo alternativo. Me preocupa que se dilate el tener claro dónde aterrizaremos ya carreteando velozmente para despegar.
Me pregunto si este animal enorme en proceso de entrar a la vigilia, actúa como lo hace porque todavía no está despierto del todo, o si es porque su propia naturaleza es onírica, es decir, que no puede en realidad despertar.

Soy optimista en relación a los cambios sociales aunque aún no entienda estos que se están produciendo ahora mismo.
Cada paso que damos, mientras el pie está en el aire en el proceso de ir hacia adelante, hace que todo el cuerpo sea más inestable, pero finalmente el pie llega, se apoya y el cuerpo halla su estabilidad un paso más adelante. Salió de donde estaba porque ya no podía seguir allí y cambió buscando otra cosa, avanzando a veces en la niebla.
Perfectamente el pie puede llegar a un pozo o el cuerpo perder el equilibrio y caer, pero la alternativa a la incertidumbre del paso es solo la parálisis, y está demostrado que estarse quieto es una ficción.

Tenemos que salir de donde estamos porque esto no es bueno, es malísimo para demasiada gente, y en consecuencia para todos.
Pero tenemos que aplicarnos en las cosas, sean como sean, vayan a ser como vayan a ser, porque si bien deberán ser diferentes (y personalmente ansío que mucho), serán cosas y no ideas brumosas.
Serán cosas de esas que se tocan, se habitan, se usan y se comen y se huelen, y las cosas -siempre lo han demandado y siempre lo demandarán- además de imaginarlas, habrá que hacerlas.

 

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