La comunicación proteica 2 - ernesto alegre

En el primero de este dúo de artículos cortos, pretendí comparar la absorción de proteínas con la de ideas, a partir de algunas similitudes que pueden verse entre ambos procesos. Si damos por cierto que cuanto más profundamente comparten código quienes se comunican, más garantía de comprensión mutua hay, si acordamos por otra parte que compartir código no involucra solamente una cuestión léxica sino además cuestiones estructurales, de “forma de pensar”, y si por último también coincidimos en que, como sostenía el artículo previo, existen formas más proteicas que otras de transmitir las ideas, mi siguiente pregunta es si todos los valores, conceptos y atributos son transmisibles por una abstracción como lo es una marca.

La comunicación proteica - ernesto alegre

En términos de nutrición tenemos dos formas de incorporar proteínas: vía alimentos de origen vegetal o de alimentos  de origen animal. Cuando estos provienen de animales, la asimilación de la proteína es mucho mayor, y el motivo es que dichas proteínas son mucho más parecidas a las nuestras, que somos animales y no plantas. Independientemente de que un alimento vegetal posea más proteínas que uno de origen animal (la soja por ejemplo es más proteica que la carne), nuestro cuerpo “comprende” y absorbe mejor a las segundas. En comunicación tenemos una dinámica paralela.

El peligro de la mala metáfora, por ernesto alegre

A la metáfora se la puede definir como una figura de la retórica. Es un cortocircuito que se opera en el discurso para provocar algo en quien lo recibe. Una metáfora es básicamente la sustitución de una cosa por otra cosa. Gracias a ese cambio se produce la sorpresa en quien recibe el mensaje. Ese pequeño sobresalto puede tener la intención de remarcar algo (para que fijemos nuestra atención en ello), hacer que nuestra descripción sea más económica y efectiva, crear belleza o forzar su recuerdo.

La realidad no nos es ajena en la medida en que la tomemos con la completud y unidad de nuestro ser.

Ahora cuando queremos sólo pensarla, ahí sí, nos es ajena, o lo que es lo mismo, incomprensible.

Tendemos a considerar a todo aquello que no somos nosotros mismos como a “otra cosa”, y nuestra “aproximación” a lo otro la realizamos con el pensamiento (me acerco a algo cuando lo pienso).

Al ser la realidad por un lado incomprensible -impensable- y por el otro al ser su comprensión de importancia vital, necesitamos de la interpretación de la misma.

Cuando algo no es comprensible, lo interpretamos. Esto nos sucede cuando un texto está en un idioma desconocido por nosotros o cuando estamos en un sitio que ignoramos; tanto la traducción de ese texto como el mapa de ese sitio, son interpretaciones necesarias para hacernos de esos objetos impensables.

Vuelvo al título de este pequeño artículo: todo lo incomprensible es interpretable, lo que no debemos perder jamás de vista es que cuando se da ese caso, lo que terminamos poseyendo es el modelo de la cosa y no la cosa misma…