Pocas veces vi un reposicionamiento y refuncionalización culturales como la que experimentó LEGO, el que naciera en Dinamarca como un juguete de ladrillos para construir.

Parte de este camino hacia la “universalización” comienza en la propia visión del fundador de la compañía y sus descendientes: LEGO comprendió rápidamente que los chicos que jugaban con sus bloques crecían, y junto con ellos sus necesidades lúdicas, de manera que fue sacando al mercado productos cuya clave fue -en varios sentidos, a varios niveles- la adaptabilidad.