Cada cambio que se produce, produce una cadena de cambios.

Cuando cambia la forma de hablarle al otro, cambia la forma de estar presente, cuando cambia la forma de estar presente, cambia la presencia, y si cambia la presencia, cambia la identidad.

No hace falta recurrir a la audacia para afirmar que los diferentes medios sociales han cambiado la forma de hablarle al otro, o dicho con más precisión, presentan dinámicas alternativas de diálogo (tomando el concepto más abarcativo y vasto de diálogo, aquél que nos permite, por ejemplo, ver en ciertas fotos de perfil no sólo una forma de presentarse, sino también una forma de conversación).

Hace mucho, mucho tiempo, yo estudié Diseño en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires.

En su momento mantuve una relación de amor-odio que signó mi paso por la facultad como alumno. Amor porque en mi opinión la UBA ofrecía la mejor y más sólida oferta educativa para esta disciplina -opinión que se ha visto reforzada con el paso de los años- y odio porque algunas cátedras y algunos docentes que conocí no tenían -desde mi intransigente visión de aquel entonces- el nivel suficiente para estar en esas posiciones que ocupaban (recuerdo haber preguntado en el segundo año de Morfología de qué forma podía medir la distorsión de nuestra visión -eso que hace que veamos que las vías del tren se unen en la lejanía cuando en realidad no sucede- para poder jugar con esa variable, y no obtener respuesta de cinco docentes, incluida la jefa de cátedra).

Les cuento cómo veo la cosa: Ustedes tienen muy poco tiempo para perder -y aprovecho para agradecerles el que hayan elegido dedicarle parte de él a este artículo- y yo muy poco tiempo para darle a cada cosa, de manera que iré al grano lo más rápidamente posible.

Hay sobre una mesa un huevo, y sentados a esa misma mesa, un gurú, un experto y un tipo como cualquiera de nosotros.

Siempre pensé, así, sin reflexionar mucho, que la visibilidad trataba de si se es o no visible -y en caso positivo- cuán visibles somos ante el grupo, frente a otros.

Ese es indudablemente el aspecto más obvio de la visibilidad, pero de lejos no el más importante.

Lo que los medios sociales aún emergentes nos están posibilitando, no es sólo ser visibles de cara a los demás, sino principal y primeramente ser visibles a nosotros mismos. Y esta cuestión, es importantísima debido a su carácter constitutivo y cualitativo, por sobre al casi meramente cuantitativo de la visibilidad social hacia otros.

Antes de ser ante los demás, debemos serlo ante nosotros mismos, o lo que es igual, si no sabemos quiénes somos individualmente, seremos anónimos en el grupo.

Es verdaderamente paradógico, pero a pesar del gran condicionamiento que todos sufrimos en la calle, a pesar de su potencia y de su ubicuidad, éste permanece casi tácito, prácticamente invisible a los ojos de todos.

Me refiero a que en la calle, como en los espacios públicos en general, todos experimentamos una suerte de identidad reducida; somos sencillamente nadie para la enorme mayoría, y la enorme mayoría es nadie para nosotros.

Este profundo anonimato que experimentamos en el exterior urbano, nos condiciona enormemente a la hora de interactuar con otros; para comunicar es preciso, antes que nada, ser “alguien” y en la calle, por consenso somos “nadie”.

El viernes 19 de marzo por la tarde quedé alineado a un cuadro de Marcelo Pogolotti, artista cubano del grupo de “los nuevos”.

Vi esta obra de 1935 enmarcada en la muestra “Caminos de la vanguardia cubana”, que se extiende desde el 19 de Marzo hasta el 3 de Mayo en el MALBA (Museo de arte latinoamericano de Buenos Aires).

Precaución: la palabra “Google” figurará en el presente artículo unas 18 veces -sin contar la que pasó-; si ésta le produjera alguna molestia o acelerara su ritmo cardíaco, por favor no siga leyendo.

 

Ayer quise integrar Google Latitude a mi página de iGoogle y caí sin proponérmelo en el submundo Google, que más que un submundo es una caja de herramientas.

Mi idea era simplemente comprobar cuántos de mis contactos en España usan efectivamente Google Latitude, pero como en la vida de una persona que sufre trastorno por déficit de atención con hiperactividad (tal vez mi caso) una cosa lleva a la otra y a la otra y a la otra, terminé experimentando un pequeño Google tour.

De Google Latitude pasé a iGoogle, desde allí salté a Google Sets, compuse un par de búsquedas y me fui a Google Buzz, donde actualicé el status. De Google Buzz volví a iGoogle, limpié un poco uno de mis Gmails y culminé la ronda en Google Académico, donde busqué algún material sobre Peter Sloterdijk.

Es habitual confundir creatividad con imaginación, términos muchas veces considerados sinónimos.

La creatividad es el acto de conectar de forma alternativa cosas ya inventadas, cosas existentes en el momento del acto creativo.

La imaginación, a diferencia de la primera, lo que hace es inventar cosas que no existen y que más tarde podrán ser utilizadas o no como elementos por la creatividad.

El mundo (tomado como sinónimo de realidad) es pensado siempre desde un marco y ese marco resulta de la precipitación de muchos factores, tales como las creencias, los conocimientos, los múltiples desarrollos (social, económico, cultural) dados en un tiempo y un espacio concretos. Sintetizando, formulamos la realidad, la “vemos” a partir de la cultura.

Esto es precisamente lo que más me excita pensar en referencia a los social media: qué aporte hará semejante revolución al marco desde el que se actualizará el concepto de realidad.

Dicho más directamente: ¿Cómo está cambiando la realidad a partir de la descentralización y “des-oficialización” del punto de vista?

Ayer (jueves 25) a última hora estaba depurando un poco la cuenta de Twitter del Socialmediamad -con vistas al primer twitterminary- y me enteré de la muerte de Michael Jackson.

Honestamente no es que me haya conmocionado demasiado la noticia, pero al buscar información en medios locales españoles y argentinos (siempre online), noté que el suceso aún no había sido registrado.

Instantánemente reflexioné que lo mismo me había pasado con las elecciones en Irán, “el affaire” del gobernador de Carolina del Sur y el accidente aéreo de Air France; primero me enteré en Twitter.

Estas cuatro licencias están pensadas para ser utilizadas exclusivamente con contenido social.

Al no haber ninguna especificación en torno de este tipo de contenido, y que le posibilite al autor decidir cómo puede ser utilizado el mismo, aquí una propuesta…

lo feo como aire fresco - ernesto alegre

Existe una forma muy común de percibir la realidad y esa es la de conceptualizar a los procesos como “cíclicos”. tal vez inspirada en la observación de dinámicas que parecen repetirse una y otra vez tanto en nuestro propio ser como en aquello que nos rodea (luego de cada inhalación viene una exhalación y luego otra inhalación, luego de la época cálida viene la fría y de nuevo la cálida, el sol sale y luego de su desaparición nocturna vuelve a salir para volver a esconderse 24 hs. después…).

Muchas veces me encontré, como diseñador por ejemplo, en épocas de una muy alta producción y generación de material visual; material que he intentado cuidar en los detalles para que sea de una forma concreta y no de otra.

Lo que buscaba en cada uno de esos proyectos, era, básicamente que quedaran “bien”, que resultaran “lindos” a la vez que funcionales (significando “lindo” o “bien”en cada caso una cosa diferente y posiblemente desvinculadas de mi gusto personal). Y siempre luego de un intenso período de trabajo en donde recorro muchas direcciones de arte diferentes, muchos estilos distintos y apropiados para cada proyecto, me siento como saturado, como pasado de diseño.

Cuando me ocurre esto, cíclicamente recurro a “lo feo”, a fuentes en las que no abrevaría en momentos en que lo demandado es la belleza, y siempre siento que esa búsqueda de la fealdad es refrescante, es un baño de estéticas y de registros nuevos que muchas veces dejan profundas enseñanzas de muy variados tipos.

Es algo así como una actitud análoga a la del ludópata que íntimamente busca perder; es una búsqueda despreocupada de colores, formas, combinaciones tácticas de elementos que uno pretende desde el principio que “salgan mal”; y la sorpresa de hallar algo bello o nuevo o fresco dentro de esa fealdad es muy fuerte y tonificante.

La fealdad es en cierta forma belleza no consensuada, y no pocas veces siento y hasta compruebo que la belleza misma observa a la fealdad para imitarla y rejuvenecer…

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