Se acercan amenazantes las fiestas con la familia y las reuniones con nuestros compañeros de oficina. Poner excusas para no ir, ya no se usa; ahora está en boga dar motivos. Si usás alguno de estos 10, no sólo no tendrás que ir a esa fiesta próxima, sino que casi con toda seguridad, no volverás a ser invitado por esa gente nunca jamás.

Órganos, sistemas y organismos.

El desarrollo de casi cualquier pieza de soft -a no ser que se trate de algo muy muy simple-, es una tarea múltiple y compleja, pero si eso que tenemos entre manos es una pieza de soft social, bueno, ahí la complejidad se multiplica unas cuantas veces. Actualmente y desde hace ya unos meses, me encuentro desarrollando una nueva plataforma social, y son muchas las cosas que estoy pudiendo ratificar y comprobar en el proceso.

Antes de ayer hubo una serie de manifestaciones populares en varias ciudades de Argentina.

Como sucede siempre cada vez que la ciudadanía total o parcialmente se expresa, comienzan a aparecer las interpretaciones del mensaje colectivo.

Se escuchan cosas como “el mensaje de las urnas dice” o “lo que el pueblo quiere es”, dependiendo de la oportunidad de que se trate, y es siempre importante dar con una buena lectura: comprender ese mensaje es útil para todos, ya que de hacerlo sabremos “cómo está la cosa”, y más particularmente para aquellos con aspiraciones representativas, ya que de hacerlo podrá canalizarlo o al menos construir su estrategia en relación con la realidad.

Hacemos modelos de cosas para poder comprenderlas.

Cuando algo es demasiado grande, demasiado pequeño, demasiado difuso, demasiado compacto, está demasiado lejos o demasiado cerca, es demasiado complejo o demasiado diferente (y otros muchos “demasiados” más), necesitamos crear un modelo de eso para facilitar su inteligencia.

Conocemos lo que conocemos sobre el universo, sobre un determinado ecosistema, sobre el átomo, sobre las relaciones entre las personas y sobre la realidad, por vía de los modelos que hemos creado de estas cosas. Todas ellas, por motivos diferentes, nos son invisibles de manera directa.

Yo estaba acostumbrado al spam, como todos, creo.

Desde la venta de píldoras que prometen solucionar los problemas de disfunción eréctil (me niego a poner su nombre comercial en el post, porque seguro que Google me penalizará de alguna forma por eso) hasta las ofertas de rellenado de cartuchos de tinta, pasando por propuestas inusitadamente ventajosas de bancos africanos y cadenas para evitar lapidaciones y ejecuciones remotas -ante lo cual más de una vez me pregunté si los gobiernos capaces de matar a alguien a piedrazos, son sensibles a las cadenas de emails, ya que no a la vida humana-.

Uno de los motivos por el cual me aburren los gurús de los social media, es por su amor a los dogmas -auto-acuñados, por otra parte-, del tipo “las 10 cosas que jamás hay que hacer en Twitter” o “los 5 tips para tener éxito en tu próxima acción en Facebook”.

Y digo esto porque aunque quiera -que no quiero- me resulta tremendamente difícil señalar algo que en el entorno social sea siempre de una sola forma. Simplemente no es cierto que siempre sea mejor responder inmediatamente a un comentario en lugar de hacerlo un día más tarde o nunca, no es cierto que el humor sea siempre “viral”, ni que sea vital para todas las marcas del mundo, tener una articulación en real-time en términos de responder “¿Qué estás haciendo ahora?”.

Escribimos cómo estamos, qué pensamos, qué estamos pensando ahora, qué vimos, qué escuchamos, qué nos pasó.

Muchos creen -y dicen desde sus status en Facebook o desde Twitter- que quienes CUENTAN todo el tiempo las cosas que les pasan, piensan o ven, son idiotas. O exhibicionistas, o egocéntricos.

No visualizan el hecho de que el streaming de presencia, se ha convertido en parte de nuestra posición social.

Iba a comenzar este artículo diciendo que “como vivimos una notoria aceleración de la aparición y caducidad de nuevos eventos, así como un geométrico aumento de la producción de los mismos, terminamos generando e identificando primero al objeto particular y recién luego su arquetipo y características universales”, pero no lo voy a hacer.

Lo que hubiera querido decir con esa kilométrica frase -de haberla llegado a escribir- es que hoy nos vemos impactados por una enorme cantidad de “cosas nuevas que pasan” (desde nuevas manifestaciones de los cambios de paradigmas culturales en pleno desarrollo, hasta modificaciones triviales en las herramientas que usamos para hacer las cosas) y no tenemos la suficiente perspectiva para detectar universales que superen a ese evento singular y nos ayuden a enmarcar su aparición.

Antes que la cosa, está el modelo, antes que el modelo, está la idea, y antes que la idea, la necesidad.

A lo largo de la historia hemos recorrido el camino entre la necesidad y la cosa que la satisfacía de formas diferentes, pero aquello que sin dudas ha experimentado un cambio drástico son la forma en que modelizamos la cosa final y la propia solución última.

Son ese paso previo donde la idea comienza casi a cobrar forma física y la misma forma física, los que han cambiado en esencia desde que nos hicimos con el patrón social de comunicación.

Cada cambio que se produce, produce una cadena de cambios.

Cuando cambia la forma de hablarle al otro, cambia la forma de estar presente, cuando cambia la forma de estar presente, cambia la presencia, y si cambia la presencia, cambia la identidad.

No hace falta recurrir a la audacia para afirmar que los diferentes medios sociales han cambiado la forma de hablarle al otro, o dicho con más precisión, presentan dinámicas alternativas de diálogo (tomando el concepto más abarcativo y vasto de diálogo, aquél que nos permite, por ejemplo, ver en ciertas fotos de perfil no sólo una forma de presentarse, sino también una forma de conversación).

Hace mucho, mucho tiempo, yo estudié Diseño en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires.

En su momento mantuve una relación de amor-odio que signó mi paso por la facultad como alumno. Amor porque en mi opinión la UBA ofrecía la mejor y más sólida oferta educativa para esta disciplina -opinión que se ha visto reforzada con el paso de los años- y odio porque algunas cátedras y algunos docentes que conocí no tenían -desde mi intransigente visión de aquel entonces- el nivel suficiente para estar en esas posiciones que ocupaban (recuerdo haber preguntado en el segundo año de Morfología de qué forma podía medir la distorsión de nuestra visión -eso que hace que veamos que las vías del tren se unen en la lejanía cuando en realidad no sucede- para poder jugar con esa variable, y no obtener respuesta de cinco docentes, incluida la jefa de cátedra).

Les cuento cómo veo la cosa: Ustedes tienen muy poco tiempo para perder -y aprovecho para agradecerles el que hayan elegido dedicarle parte de él a este artículo- y yo muy poco tiempo para darle a cada cosa, de manera que iré al grano lo más rápidamente posible.

Hay sobre una mesa un huevo, y sentados a esa misma mesa, un gurú, un experto y un tipo como cualquiera de nosotros.

Siempre pensé, así, sin reflexionar mucho, que la visibilidad trataba de si se es o no visible -y en caso positivo- cuán visibles somos ante el grupo, frente a otros.

Ese es indudablemente el aspecto más obvio de la visibilidad, pero de lejos no el más importante.

Lo que los medios sociales aún emergentes nos están posibilitando, no es sólo ser visibles de cara a los demás, sino principal y primeramente ser visibles a nosotros mismos. Y esta cuestión, es importantísima debido a su carácter constitutivo y cualitativo, por sobre al casi meramente cuantitativo de la visibilidad social hacia otros.

Antes de ser ante los demás, debemos serlo ante nosotros mismos, o lo que es igual, si no sabemos quiénes somos individualmente, seremos anónimos en el grupo.

Es verdaderamente paradógico, pero a pesar del gran condicionamiento que todos sufrimos en la calle, a pesar de su potencia y de su ubicuidad, éste permanece casi tácito, prácticamente invisible a los ojos de todos.

Me refiero a que en la calle, como en los espacios públicos en general, todos experimentamos una suerte de identidad reducida; somos sencillamente nadie para la enorme mayoría, y la enorme mayoría es nadie para nosotros.

Este profundo anonimato que experimentamos en el exterior urbano, nos condiciona enormemente a la hora de interactuar con otros; para comunicar es preciso, antes que nada, ser “alguien” y en la calle, por consenso somos “nadie”.

El viernes 19 de marzo por la tarde quedé alineado a un cuadro de Marcelo Pogolotti, artista cubano del grupo de “los nuevos”.

Vi esta obra de 1935 enmarcada en la muestra “Caminos de la vanguardia cubana”, que se extiende desde el 19 de Marzo hasta el 3 de Mayo en el MALBA (Museo de arte latinoamericano de Buenos Aires).

Precaución: la palabra “Google” figurará en el presente artículo unas 18 veces -sin contar la que pasó-; si ésta le produjera alguna molestia o acelerara su ritmo cardíaco, por favor no siga leyendo.

 

Ayer quise integrar Google Latitude a mi página de iGoogle y caí sin proponérmelo en el submundo Google, que más que un submundo es una caja de herramientas.

Mi idea era simplemente comprobar cuántos de mis contactos en España usan efectivamente Google Latitude, pero como en la vida de una persona que sufre trastorno por déficit de atención con hiperactividad (tal vez mi caso) una cosa lleva a la otra y a la otra y a la otra, terminé experimentando un pequeño Google tour.

De Google Latitude pasé a iGoogle, desde allí salté a Google Sets, compuse un par de búsquedas y me fui a Google Buzz, donde actualicé el status. De Google Buzz volví a iGoogle, limpié un poco uno de mis Gmails y culminé la ronda en Google Académico, donde busqué algún material sobre Peter Sloterdijk.

Es habitual confundir creatividad con imaginación, términos muchas veces considerados sinónimos.

La creatividad es el acto de conectar de forma alternativa cosas ya inventadas, cosas existentes en el momento del acto creativo.

La imaginación, a diferencia de la primera, lo que hace es inventar cosas que no existen y que más tarde podrán ser utilizadas o no como elementos por la creatividad.

El mundo (tomado como sinónimo de realidad) es pensado siempre desde un marco y ese marco resulta de la precipitación de muchos factores, tales como las creencias, los conocimientos, los múltiples desarrollos (social, económico, cultural) dados en un tiempo y un espacio concretos. Sintetizando, formulamos la realidad, la “vemos” a partir de la cultura.

Esto es precisamente lo que más me excita pensar en referencia a los social media: qué aporte hará semejante revolución al marco desde el que se actualizará el concepto de realidad.

Dicho más directamente: ¿Cómo está cambiando la realidad a partir de la descentralización y “des-oficialización” del punto de vista?

Ayer (jueves 25) a última hora estaba depurando un poco la cuenta de Twitter del Socialmediamad -con vistas al primer twitterminary- y me enteré de la muerte de Michael Jackson.

Honestamente no es que me haya conmocionado demasiado la noticia, pero al buscar información en medios locales españoles y argentinos (siempre online), noté que el suceso aún no había sido registrado.

Instantánemente reflexioné que lo mismo me había pasado con las elecciones en Irán, “el affaire” del gobernador de Carolina del Sur y el accidente aéreo de Air France; primero me enteré en Twitter.

Estas cuatro licencias están pensadas para ser utilizadas exclusivamente con contenido social.

Al no haber ninguna especificación en torno de este tipo de contenido, y que le posibilite al autor decidir cómo puede ser utilizado el mismo, aquí una propuesta…

lo feo como aire fresco - ernesto alegre

Existe una forma muy común de percibir la realidad y esa es la de conceptualizar a los procesos como “cíclicos”. tal vez inspirada en la observación de dinámicas que parecen repetirse una y otra vez tanto en nuestro propio ser como en aquello que nos rodea (luego de cada inhalación viene una exhalación y luego otra inhalación, luego de la época cálida viene la fría y de nuevo la cálida, el sol sale y luego de su desaparición nocturna vuelve a salir para volver a esconderse 24 hs. después…).

Muchas veces me encontré, como diseñador por ejemplo, en épocas de una muy alta producción y generación de material visual; material que he intentado cuidar en los detalles para que sea de una forma concreta y no de otra.

Lo que buscaba en cada uno de esos proyectos, era, básicamente que quedaran “bien”, que resultaran “lindos” a la vez que funcionales (significando “lindo” o “bien”en cada caso una cosa diferente y posiblemente desvinculadas de mi gusto personal). Y siempre luego de un intenso período de trabajo en donde recorro muchas direcciones de arte diferentes, muchos estilos distintos y apropiados para cada proyecto, me siento como saturado, como pasado de diseño.

Cuando me ocurre esto, cíclicamente recurro a “lo feo”, a fuentes en las que no abrevaría en momentos en que lo demandado es la belleza, y siempre siento que esa búsqueda de la fealdad es refrescante, es un baño de estéticas y de registros nuevos que muchas veces dejan profundas enseñanzas de muy variados tipos.

Es algo así como una actitud análoga a la del ludópata que íntimamente busca perder; es una búsqueda despreocupada de colores, formas, combinaciones tácticas de elementos que uno pretende desde el principio que “salgan mal”; y la sorpresa de hallar algo bello o nuevo o fresco dentro de esa fealdad es muy fuerte y tonificante.

La fealdad es en cierta forma belleza no consensuada, y no pocas veces siento y hasta compruebo que la belleza misma observa a la fealdad para imitarla y rejuvenecer…

Top