Conversaciones y diálogos

En sentido estricto, los términos “conversación” y “diálogo” refieren a cosas diferentes. Desde un punto de vista más coloquial, a menudo los tomamos como sinónimos.

Conversaciones y diálogos, por Ernesto Alegre

Independientemente de estas dos realidades, a quienes se desarrollen profesionalmente en torno de los social media, les convendrá contemplar dos instancias diferentes en relación con el socialogue (diálogo social). Y bien podemos -para no tener que acuñar más neologismos- identificar a esas dos instancias con las palabras “conversación” y “diálogo”.
Veamos cuáles son esas dos instancias…
Imaginemos que somos convocados para diseñar la estrategia social del seleccionado inglés de fútbol. Imaginemos que comenzamos, como siempre, con una escucha pasiva que nos permita comprender con la mayor precisión posible, el contexto conversacional en el que vivirá la identidad que tenemos entre manos.
Supongamos que hallamos conversación en torno de su plantel de titulares: quiénes deben y quiénes no deben componerlo, según el parecer de quienes intervienen en ella.
También nos encontramos con bastante conversación alrededor de un par de jugadores relevantes, en especial de su estado actual y de sus performances en sus respectivos clubes.
Asimismo detectamos conversación referida a unos escándalos protagonizados por la novia de uno de los goleadores, y a la feliz reciente boda de otro de los componentes del equipo.
Por último, vemos que hay bastante volumen en referencia a la decisión del director técnico inglés, de resignar su sueldo en favor de hacer posible su participación en el próximo mundial.
Todo esto que hemos escuchado, todos estos ejes semánticos (quiénes deben formar parte de la selección, cómo están jugando en sus correspondientes clubes, la supuesta infidelidad de la novia de uno de los jugadores, la boda de otro y el desinterés económico del director técnico), existen, son comprobables, escuchables sin decisión alguna de nuestra parte.
Efectivamente se habla de esos temas, y ellos tienen cada uno una estructura, un volumen, una frecuencia, un número de actores, un registro, un tono y presencia en determinados canales; son efectivamente hechos comprobables.
Supongamos ahora que nuestra estrategia se fija como objetivo el involucrar a la mayor cantidad de ingleses en el socialogue en torno de su seleccionado, con la finalidad de generar una aglutinación con eje en la nacionalidad y la compartición cultural.
Si insertamos a la identidad de dicho seleccionado en el contexto de la primera y la segunda conversaciones, no haremos más que sesgar su presencia, resultando su diálogo en algo demasiado técnico: sólo quienes estén al tanto de las novedades de los posibles fichajes y del estado de los jugadores, interactuarán con nuestra identidad.
Si por el contrario, decidiéramos tener presencia exclusiva en las conversaciones que se dan alrededor del escándalo protagonizado por la novia de uno de los jugadores, y de la boda de otro de los componentes del equipo, nuestro diálogo probablemente se banalizaría, haciendo foco en cuestiones que sólo tienen al fútbol y al equipo inglés como telón de fondo.
Sin embargo, la conversación que se da en derredor de la sesión de salario llevada a cabo por el seleccionador inglés, dado nuestro objetivo original, es completamente pertinente. A partir de allí, podría decidir alguna presencia puntual en las otras conversaciones -por ejemplo inoculando contenido proveniente de esta conversación- o hasta la creación de nuevas que no se hubieran dado aún y que resultaran necesarias para lograr mis objetivos.
Esto último, la demarcación de qué conversaciones me convienen y qué papel juega cada una (en términos funcionales, de volumen, de importación de contenido, de perfiles de diálogo, etc.) es lo que define mi diálogo; el diálogo de la identidad que dirijo.
Entonces, ya tenemos claramente definidas las dos instancias a las que hacíamos referencia al inicio: las conversaciones y los diálogos.
Una conversación es un objeto comprobable, es algo escuchable, con estructura y dinámicas que se dan por consenso entre quienes intervienen en ella. Si yo la escucho o no, no la afecta en nada: existe independientemente de mí.
Un diálogo es una decisión estratégica, un objeto taxonómico, una selección y agrupación arbitrarias. Decido qué conversaciones entran -y cómo- en mi diálogo, a partir de los objetivos que me planteo en mi estrategia.
Un diálogo está conformado por al menos una conversación (cuando no más) y nunca al revés (independientemente de cómo llame a unas y a otros).
Para verlo con mayor claridad, podemos decir que “las conversaciones son objetos, mientras que los diálogos son conjuntos intencionados”…

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tranquileyez: hellyeahhfuckinrightt: A tiger mother lost her…

A tiger mother lost her cubs from premature labour. Shortly after she became depressed and her health declined, and she was diagnosed with depression. So they wrapped up piglets in tiger cloth, and gave them to the tiger. The tiger now loves these pigs and treats them like her babies.

Article source: http://i-wanna-be.tumblr.com/post/16675934787

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Haga patria, mate a un gurú

Los medios masivos son los medios de las sociedades de masas.

Si se trata de calidad, no seas barato. Por Ernesto Alegre

Quienes trabajan en ellos piensan en términos de audiencias, de cobertura, de públicos; jamás en personas individuales con nombres y caras y vidas únicas.
Para poder hablarle a 1 millón de tipos, es necesario basarse en la idea del hombre simbólico; ese retrato-robot que representa a todos a quienes dirigimos el mensaje masivo.
Ese hombre simbólico, que no existe, que es una entelequia, por parecerse al millón de individuos que conforma una audiencia, no se parece demasiado a ninguno de ellos en particular.
Lo que terminamos haciendo es hablarle a una masa indeterminada, sin mirar a los ojos a nadie.

Los medios sociales son los medios de las sociedades donde el individuo cobra mayor protagonismo.
Quienes trabajan en ellos no pueden -aunque quieran- pensar en términos de audiencias, de cobertura ni de públicos; piensan en términos de individuos.
Como la idea del hombre simbólico no es pertinente en este entorno, a quienes nos dirigimos son a personas con nombres, caras y vidas únicas.
En estos medios el vínculo con el otro, con cada uno de los otros, está por encima del número de usuarios que logre congregar, ya que estructuralmente no puedo pensar en términos de cobertura.
Esto hace de los medios sociales, medios esencialmente cualitativos frente a los medios masivos, básicamente cuantitativos.

Puedo hablarle a una masa de 600.000 personas de una sola vez, y por consiguiente, contarles lo mismo de la misma forma.
No puedo utilizar el mismo discurso con Carlos, de 65 años, residente en Madrid y retirado, que con Roberto, de 65 años, residente en Madrid y también retirado, porque Carlos odia que me acerque a presentarle un producto con autosuficiencia, mientras que Roberto siente que si lo hago de esta forma es porque éste es más valioso y lo aprecia.
La diferencia entre Carlos y Roberto es que son personas diferentes, con sus propios nombres, sus propias caras, sus propias vidas. Y cuando hablo con ellos, los miro a los ojos.

Pensar que hay “6 principios que harán de tu blog un referente” es una total imbecilidad.
¿Si mi “blog” habla de perros, se beneficia de los mismos principios que si trata de una corriente de la historiografía, de lanzamientos de video games o del nacimiento de mi hijo?
Si tu respuesta es “sí”, te sugiero releer las líneas precedentes.
En social media los únicos consejos posibles son o super generales o super específicos; todo lo que esté en medio, es una pérdida de tiempo.

Creer que 1 millón de followers representa SIEMPRE el éxito de mi estrategia en medios sociales, es otra total imbecilidad.
No sólo por centrarse en el aspecto cuantitativo (un grafo social no es una cantidad de nodos, es una estructura de vínculos), sino porque aún así es una falacia.
Si el total de personas a quienes interesa mi marca es de 1 millón, y mucho más importante que esto, es ESE millón, entonces este número representará un éxito.
Si en cambio las personas interesadas en mi marca son 100 millones en ese entorno, ese millón será un fracaso. Si los interesados son 1 millón, pero OTRO millón de personas y no ese, de nuevo, será un fracaso.
Y si quienes están comprometidos con mi marca son sólo 500.000 y tengo 1 millón de followers (dentro de los cuales hay 500.000 por motivos absolutamente ajenos a mi marca), una vez más, he fracasado estratégicamente.
El éxito único no existe en ningún ámbito, y menos en social media donde no existen las recetas universales. Cuando alguien te diga “cómo tener éxito” sin contemplar tu caso específico, eso que te diga, no valdrá nada.

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smallandlovely: “I was starving for perfection.”  soooo sad :(

Thanks to action by a broad and bipartisan coalition of Internet users, companies, and organizations,
the U.S. House of Representatives has now put the brakes on
SOPA,
a well-intentioned but deeply flawed bill that would use Internet
censorship to combat overseas copyright infringement.
Even President Obama’s White House has joined the opposition.

But nevertheless, the Senate is continuing to move forward — and fast — with its equally dangerous version of the bill, called
PIPA, the Protect-IP Act.
As written, PIPA would import censorship and surveillance techniques pioneered
by countries like China and Iran, reversing longstanding U.S. policy on
Internet freedom, betraying U.S. First Amendment values, damaging our
standing around the world, threatening our job-creating innovators, and
undermining Internet security for everyone.

Today is a day for action across the Internet.
Learn about these destructive bills. Tell your Senator what you think.
Congress needs to hear from you.

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swaggajackka: My Life As Samantha, on We Heart It….

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the-absolute-best-gifs: REBLOG AND CLICK THE PICTURE WAIT FOR 5…

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staylov3ly: CUTEST THING EVER OMG

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anchorsandseashells: elemeffayoh: michaael-: LOOOOL hahaah.

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the-absolute-best-gifs: Click to follow this blog, you will be…

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I love my babies <3

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When School Gets Canceled

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sunkissedwithglitter: lol my moms a hair dresser… 0.0

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Barnaby Ward XII

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Barnaby Ward XII

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Barnaby Ward VI

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Barnaby Ward IV

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Barnaby Ward VIII

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Barnaby Ward X

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Barnaby Ward IX

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Barnaby Ward VII

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Barnaby Ward VII

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Barnaby Ward V

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Barnaby Ward IV

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Barnaby Ward III

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Barnaby Ward II

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Barnaby Ward II

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Barnaby Ward I

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Kred, el "otro Klout"

Poco a poco van quedando atrás los días en los que algunas personas miraban a los social media como a “relatos de gurús”, sobretodo en lo que a métricas se refiere.

No es que esa deleznable figura del gurú haya desaparecido, lo que ocurre es que se demuestra cada vez más, que estos medios son los más mensurables y mensurados de todos; ¡hasta la reputación de quienes se mueven en ellos tiene métricas dedicadas! (que alguien me diga el índice de reputación de un televidente o un lector de periódico).

Hasta hace poco teníamos a Klout como único valor en este apartado, pero ahora disponemos también de Kred.

Independientemente de que estemos o no de acuerdo con estas métricas (hay mucho para criticar en ellas, comenzando por que la reputación es un valor básicamente cualitativo y estas herramientas son automáticas, es decir, deficientes de cara a lo cualitativo) lo cierto es que cabe esperar que mejoren paulatinamente y que poseen un objetivo muy útil: decir en medios esencialmente identitarios, quién es quién.

Kred parece introducir una óptica un poco más completa que Klout al añadir su “Outreach Level”, pero el verdadero valor de un índice -además de su fiabilidad y precisión- es su carácter de estándar; en este aspecto, Klout está un poco más extendido en su uso que Kred (son varias las herramientas de monitorización que ya utilizan Klout para tipificar usuarios).

Sea como sea, aquí está Kred, para dar pelea en el campo de las métricas de reputación social…

Article source: http://www.socialmediamad.com/xn/detail/2060083:BlogPost:20548

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La tabla periódica SEO

Searchengineland-periodic-tabl

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thingsillneversaaay: finallyfamousbitchhhh: The strongest kid…

The strongest kid i know. ADONIS. Age 14 Tatted Up. He’s been battling cancer. The dates represents the day he was diagnosed each time.

I will reblogg this every time it comes up on my dash, simply because i live for this kid. 3

Article source: http://i-wanna-be.tumblr.com/post/14701240798

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tyleroakley: Parenting: you’re doing it right.

tyleroakley:

Parenting: you’re doing it right.


©

thetemptationofemily
Posted 16 hours ago with 30,441 notes

via julieiskoolie

  1. saging14 reblogged this from gekkouai

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  5. life2tell reblogged this from thetemptationofemily

  6. hunterboston reblogged this from hoosier15

  7. shellllady reblogged this from ayyeyogizzy

  8. timeflies01 reblogged this from ewitsashley5

  9. rileyrocketeer reblogged this from flyinghighonahippogriff and added:


    that’s adorable

  10. blahblahblahgaga reblogged this from singlegaylife

  11. lg143 reblogged this from haveaninfluence

  12. itsjustmay reblogged this from jesuisb3ni and added:


    he is so cute! he’s definitely going to break some boys girls hearts for sure!

  13. soojisooji reblogged this from loonghairdoontcare

  14. bed-rock reblogged this from blahfurhsnarg

  15. gnadan reblogged this from clit-r-us

  16. purplelovinbiotch reblogged this from confidenceisbeautifull

  17. lasharax reblogged this from mylifetimeofsecrets

  18. ayyeyogizzy reblogged this from mszmary

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  20. megan2011 reblogged this from livfastdiepreti

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  23. selectiveavant-garde reblogged this from cant-hurt-me

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  28. shelbykake reblogged this from takemetoyourtardis

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¿Cat or dog lover?

Catdog

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La máquina de fagocitar tiempo

Antes que nada, debo confesar que esto me pone feliz: escribir nuevamente para el B2S1, cuando nadie lo espera, cuando muchos creen que está muerto, cuando todos siguen pensando que es una fabulosa -mmhh, no era esa la palabra- pérdida de tiempo.
Pero de las dinámicas del propio tiempo, de su mutante gestión es de lo que tratan estas instantáneas; además, ¿Qué manera más deforme de actualizar una publicación que la frecuencia que respeta este anecdotario? O cuatro historias en una semana o una cada dos años… ¿Ven? nuevamente el tema del tiempo nos besa la rodilla…

La máquina de fagocitar tiempo

Hacia finales de la década iniciada en mil novecientos ochenta, quienes tocábamos en aquella banda de Super Ska llamada Los Intocables éramos, sin saberlo -nuestra inmadurez y módica estatura intelectual eran óbice para la comprensión en cualquiera de sus niveles- empleados de una máquina que fagocitaba ingentes cantidades de tiempo.
Sea para ensayar o para tocar, nosotros salíamos de nuestros hogares sin la menor previsión acerca de cuándo volveríamos (y no hablo de la hora, hablo del día).
A continuación, dos momentos en los que dicha máquina se hallaba funcionando al ciento veinte por ciento de su capacidad devoradora…

Con Jack, con Néstor y con una porción letal.
Recuerdo haber salido de mi casa un día del invierno de mil novecientos ochenta y siete rumbo al Centro Parakultural (el primero, el que quedaba en la calle Venezuela número 336 del barrio de San Telmo). Recuerdo haberlo hecho antes del mediodía para ir a probar sonido de un show que, como temprano, tendría lugar a las tres de la mañana del día siguiente.
También me recuerdo caminando por las calles de ese barrio semi desierto a esas horas de un sábado. Lo que no recuerdo es haber sido consiente de estar a punto de resbalar para caer en el aparato masticador de la máquina de fagocitar tiempo.
Nuestro manager era en esa época Daniel Picas, mucho antes de consagrarle su aliento al saxofón y de formar parte de Los Pericos, y lo primero remarcable que sucedió aquel día fue a escasos metros de la puerta del Parakultural.
Nuestro histórico stage, Alejandro Velázquez, -hombre de gran olfato- le había llevado a Picas una carta de poker para obsequiársela. Sacándola de un bolsillo se la ofrece diciéndole: “Para usted maestro, el tres de PICAS“.
Picas, en una actitud más que rara, se limita a tomar con la mano la carta, y presa de una momentánea parálisis facial, no emite comentario, gesto, señal ni sonido que permitiera a los presentes hacerse de su pensamiento. Ni lo aprobó ni lo desaprobó, no se sintió halagado ni insultado.
Y así quedó la cosa, en un “momento en blanco”…
Pero no trata de estas anomalías del comportamiento esta anécdota, sino del tiempo y de sus pliegues curiosos.
Luego de esperar verdaderas eternidades a que el sonidista llegase, a que todo estuviese más o menos armado (lo de “más o menos” es exacto) y a que la totalidad de los músicos se diera cita, después de probar sonido y haber acordado el horario para volver al lugar con el objeto de tocar por la noche, con el atlético Pablo Bam Bam Giménez caemos en la cuenta de que ya era tardísimo y que debíamos volver a nuestras residencias en la República Independiente de Sáenz Peña, cenar, vestirnos y retornar a San Telmo. Es decir: habíamos invertido unas diez horas para subirnos al escenario durante cuarenta y cinco minutos -como muchísimo- y probar sonido.
Había poco tiempo para todo lo que nos quedaba por hacer, pero como era imposible que nos resignáramos a salir a tocar sin vestirnos elegantemente, encaramos veloces hacia la estación Retiro del Ferrocarril San Martín.
Ni bien llegamos, percibimos que este Ferrocarril nos acababa de jugar otra mala pasada -el diseño de sus frecuencias estaba hecho por algún microcéfalo que sentía encono hacia nosotros-: el próximo tren saldría tan tarde, que apenas nos dejaría tiempo para cambiarnos la ropa, pero jamás para cenar.
Por favor no me pregunten porqué no llevábamos la ropa con nosotros ni porqué nunca planteábamos alguna alternativa al tren; Clody siempre me pregunta lo mismo y en más de veinte años no supe qué responderle.
Pues bien: allí estábamos los dos, en la inmensidad de la estación sobre sus frías baldosas, de mal humor e iluminados perezosamente por el resplandor de las luces de La Maquinita.
¿Que qué era (o es) La Maquinita? Una ignominiosa pizzería que existía aún antes de que a alguien se le ocurriera que la comida debía ser sana, -o al menos no-perjudicial-. De hecho, luego de esa noche con Kovalsky llegamos a pensar, que el nombre completo del establecimiento era: “La Maquinita de estropear gente“, pero que por algún motivo, la segunda parte del cartel había sido retirada.
Lo cierto es que pensamos: “si sólo vamos a tener tiempo para vestirnos, mientras esperamos dos meses hasta que salga el próximo tren, ¿Por qué no nos obsequiamos unas porciones de auténtica pizza calabresa?” ¡Y eso hicimos!
Entramos a La Maquinita, nos acomodamos en sendas banquetas próximas a la barra, y al buscar con la mirada a quien nos atendería, nos damos cuenta de que estábamos en presencia de… ¡Jack Palance!
No, no era un gastronómico que se parecía a Jack Palance, era el mismísimo Jack, con su característica sonrisa socarrona quien miraba del otro lado de la barra.
Lejos de parecernos bizarro o al menos peculiar, le pedimos a Jack unas porciones de pizza margherita y fainá. Jack, experimentado en eso de la velocidad extrema de cuando tenía que desenfundar revólveres en el lejano oeste, saca nuestras porciones -ya cortadas- de un receptáculo de vidrio y pasa a calentarlas.
Reconozco que a mí eso ya comenzaba a inquietarme, pero ni de cerca sospechaba lo que tendría que experimentar más tarde. Segundos después de que el célebre sonriente dejara los triángulos de pizza en platos cercanos a nosotros, y de que nos dispusiéramos a comerlos, comprobamos que el aceite preferido de Jack para la cocina era Bardahl, máxima compresión (había probado con productos de Shell y British Petroleum, pero el bouquet del Bardahl no lo daba nadie).
Juro que sólo tragué el primer bocado, y sólo porque -como dijera tiempo después el Premier Marcelo Horacio- “mi educación es mejor que la de ellos“…
Además del litro y medio de lubricante que contenía cada porción, la pizza había sido frita en tiempos en los que Ricardo Balbín aún usaba pantalones cortos.
Mientras intentábamos sacarnos el sabor a líquido de frenos con masivas cantidades de refrescos cola, percibimos casi al unísono que acompañándonos en la barra estaba ni más ni menos que Néstor (no me refiero a Néstor Kirchner, sino hubiera dicho que el que nos acompañaba era “Él”); el señor Néstor Ibarra.
Ibarra estaba a escasos metros de nosotros trabajando un pequeño vaso de vino tinto (era evidente que ya había pasado por la experiencia de las porciones y había elegido seguir viviendo, por lo que se sustraía de ellas).
Recuerdo que Bam Bam sólo logró comer media porción, pero el hecho de haber sido acompañados por las réplicas de Néstor Ibarra y de Jack Palance, nos ayudó mucho a esperar la llegada del tren, mientras asegurábamos que Palance, al salir nosotros de La Maquinita, mirando a cámara había dicho: “estos dos muchachos comieron algo de nuestra pizza y salieron caminando; aunque usted no lo crea“.
De más está decir que llegamos al show a la hora señalada, respetando a rajatabla los estrictos protocolos del Centro Parakultural.

La esperanza de los pobres era más corta que nuestras esperas…
La máquina de fagocitar tiempo no reconoció jamás de jurisdicciones de ningún tipo, ni geográficas ni electorales, ni nada. Nos seguía allí donde fuéramos y batía sus mandíbulas sin cesar.
Y sin saberlo nosotros, nos acompañó con eterno apetito hasta el Parque de la Ciudad, aquél que tiempo atrás se había llamado “Interama, el mayor parque de diversiones de Latinoamérica“…
Llegamos ese sábado al predio con Kovalsky alrededor de ¡las diez de la mañana!. Esto de por sí era ya algo malsano; ¿Por qué tanta anticipación? Ya nadie volvería a su casa, de manera que nos separaban del show ¡más de doce horas!
Clody Twain y Alejandro Velázquez llegaron una hora más tarde, aproximadamente a las once, y el resto, de forma deshilachada poco después.
A partir de allí, la bruma, la indefinición, el espacio en blanco, el ilapso, el desayuno, almuerzo, merienda y cena de la máquina siniestra. Nada relevante, nada recordable, sólo el contenedor del tiempo que se había rajado y derramaba copiosamente su contenido…
Entre tonterías y risas zonzas seguramente nos fuimos adentrando en la noche, la que ansiábamos casi tanto como Víctor Sueiro unos puñados de prozac.
El show debía darse temprano, ya que después teníamos que salir corriendo hacia Pontevedra (lugar donde Bam Bam cenó sus clásicos fideos con manteca y Napia Velázquez sorprendió a todo el mundo pidiendo “sopa”) y terminar la fecha en General Las Heras (sitio al que llegamos a las cinco de la mañana para subirnos al escenario, frente a casi todos en estado de coma no inducido). Sin dormir ni parar, por la mañana del domingo teníamos que ir a Canal Nueve, a grabar nuestra participación en Domingos para la Juventud, y por la noche, tocar en alguna localidad del oeste bonaerense que no recuerdo ahora mismo.
El día entero nos la pasamos recorriendo el sitio, diseñado por y para maratonistas (cada “atracción” distaba de la más cercana unos dos o tres kilómetros) en estado de anhedonia y abandono de la fe.
Antes de salir a tocar al Parque de la Ciudad, abriría la noche Mac Phantom, oportunidad en que reparé por primera vez en mi vida, cuán profundamente puede el ser humano desvincular su expresión facial de la incidencia del entorno.
Los refinados componentes del público, aparentemente se habían dado cita sólo para ver a Los Intocables (bueno, no sean tan incrédulos, puede pasar perfectamente) y cualquier otra propuesta de sana diversión los irritaba aparentemente de forma terminal.
Por este motivo, al comenzar Mac Phantom con su performance -recordemos que por toda coraza lucía un diminuto micrófono cerca de su boca-, se desató un diluvio de detracciones de altísimo voltaje.
Lo más mimoso que le fue dirigido a Mac, fue algo referido a su supuesta preferencia sexual por sujetos de su mismo sexo (sí, le gritaban “puto“). Esto no escandalizó a nadie, naturalmente (cualquier persona que se precie de haber subido a un escenario ha sido destinatario de ese mote), pero lo que al menos a mí sí me dejó boquiabierto fue la integridad del performer: el joven Phantom no cambió, ni aceleró, ni acortó su número en vistas de la reacción popular. Y lo que es mejor de todo: la llevó a cabo como si le estuvieran a punto de dar un Grammy; la palabra efectivamente es “integridad”.
Nosotros, mientras esto sucedía, estábamos confinados en lo que a ni a Stalin se le hubiera ocurrido pergeñar: un container metálico haciendo las veces de camarín.
Esa caja tenía en su interior la temperatura adecuada para transformar el oxígeno gaseoso en líquido; nuestros alientos no eran columnas de vapor, eran espesos como conos de puré de papas.
Además, el ruido provocado por la caída al suelo de una pestaña, debido a la reverberación imperante, podía llegar a romper un cristal a 30 metros; imaginen el sonido del trombón de Ferreyra El Grande y su efecto sobre nuestros tímpanos y nervios.
Sea como fuese la sucesión posterior de eventos, lo cierto es que salimos finalmente a tocar, concluimos el show y partimos veloces rumbo al siguiente compromiso. Pero lo que pretendo hacer notar es que yo volví a mi casa con la única idea de meterme en la cama con saxo y zapatos hacia el mediodía del día siguiente, cuatro shows más tarde y con la máquina de fagocitar tiempo veintiséis horas más gordita…

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Twine (I like, me gusta y +1, todo junto)

Twine es un dispositivo inalámbrico que recibe señales de sensores (diferentes tipos) y las transforma en mensajes para distintos calanales (email, twitter, etc.).

 

 

De esta forma, podremos hacer -sin necesidad de saber de programación ni electrónica- que una puerta de nuestra casa nos envíe un mensaje un DM por Twitter cada vez que se abre (pensemos que estamos de vacaciones y la puerta no debería abrirse).

Si lo que conectamos es un sensor de humedad, podremos setear a Twine para que nos envíe un email cuando en el garaje se excede el nivel que consideramos máximo y miles de usos más que podamos imaginar.

Si quieres que tus cosas se expresen y te hagan llegar mensajes, Twine es la respuesta. Aparentemente estará disponible en Marzo próximo y su precio rondará los 99 dólares…

 

 

Article source: http://www.socialmediamad.com/xn/detail/2060083:BlogPost:20508

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Nivel de intimidación policíaca

Policia

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No Small Change…

Obamareinventscampaignfinance_

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La realidad no es usable. (episodio 2)

Segunda entrega del comic Reality Is Not Usable para la revista WANT.

(click para ampliar)
La realidad no es usable - episodio 2, por Ernesto Alegre
(WANT Magazine)

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El relato y el radar

Hacemos modelos de cosas para poder comprenderlas.

El relato y el radar, por Ernesto Alegre

Cuando algo es demasiado grande, demasiado pequeño, demasiado difuso, demasiado compacto, está demasiado lejos o demasiado cerca, es demasiado complejo o demasiado diferente (y otros muchos “demasiados” más), necesitamos crear un modelo de eso para facilitar su inteligencia.
Conocemos lo que conocemos sobre el universo, sobre un determinado ecosistema, sobre el átomo, sobre las relaciones entre las personas y sobre la realidad, por vía de los modelos que hemos creado de estas cosas. Todas ellas, por motivos diferentes, nos son invisibles de manera directa.
En referencia a cómo modelizar a la realidad general, habitualmente se imponen dos grandes formas: el relato y el radar.
El relato es una descripción de la realidad, meramente gráfica o con intenciones explicativas, basada en el story-telling, en una narración de cómo son las cosas a partir de mi reconstrucción de sus relaciones.
Quien apela al relato, nos cuenta cómo es la realidad, qué pasa en ella según una lógica secuencial subyacente.
El relato es las más de las veces una versión estática de la realidad, algo que, por su propia necesidad de estructura interna, se termina centrando más en él mismo que en aquello que pretende modelizar. En esto mismo reside su peligro: mientras se preocupa por la colocación y equilibrio de sus propias piezas, se produce un progresivo desfase que lo desvincula cada vez más de su objeto dinámico, de aquello que pretende representar de forma inteligible: la realidad.
Se da una situación paralela a del retrato: si hago el retrato de una persona de 23 años -aún siendo dicho retrato lo más fiel posible-, cuando ésta tenga 60, la imagen ya no la representará fielmente; el objeto que se pretendía modelizar es dinámico, pero el modelo es estático.
Algo diferente ocurre cuando intento modelizar la realidad con la idea del radar. Esto es: obtener un modelo de la misma a partir de una permanente monitorización.
Al igual que el relato, la radarización de la realidad es una descripción, pero menos gráfica que explicativa de su naturaleza o funcionamiento; la imagen del radar muestra menos que lo que pierde, cosa que nos obliga a rellenar las ausencias mediante la inferencia y la deducción.
Quien apela al radar nos ofrece una visión siempre parcial y siempre necesitada de una rápida actualización; a nadie se le ocurriría tomar una foto de la interfaz de un radar y quedarse con ella pretendiendo que sea el estado permanente de las cosas.
Esta esencia transitoria y efímera del modelo radarizado de la realidad, hace que permanentemente tenga que volver a indagarse sobre el estado de ésta, situación que evita el desfase entre realidad y modelo.
El relato posee una estructura fija, la radarización se estructura en torno de la idea de flujo. Es por eso que esta última es mucho más apropiada para reflejar el estado actual de la realidad y es por eso que la primera se presta mejor a la producción, a la manipulación de la misma.
Mientras el relato reconoce la función activa de quien lo produce y la pasiva de quien lo consume, el radar se limita a dar una serie de piezas parciales que todos deben interpretar activamente; eso sólo se rompe cuando alguien radariza y con ese input genera un relato que otros consumen.
En definitiva el relato de la realidad obedece, bien a mala intención de versionar la realidad, o a la simpleza de pretender reducirla, mientras que la radarización denota una actitud inquisitiva y de cuestionamiento hacia las cosas que están pasando realmente…

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Jim Flora

James (Jim) Flora nació el 25 de enero de 1914 en Bellefontaine, Ohio.
Cursó estudios en la Urbana University de 1931 a 1933, en la Art Academy of Cincinnati de 1934 a 1939 y en Atelier 17 durante 2 años.
Fue co-fundador de The Little Man Press junto al autor Robert Lowry, realizando ilustraciones y diseños desde 1939 a 1942. Luego de su graduación en la academia de arte, comenzó una carrera de free-lance en Cincinnati. Entre sus clientes se hallaban Procter and Gamble y Union Central Life Insurance Co.
Flora fue contratado por el departamento de arte de Columbia Records en 1942 y construyó una reputación gracias al estilo excéntrico y divertido de caricatura, el cual aparecía en la literatura corporativa de Columbia y en publicidades. En 1943 se transforma en el director de arte del sello, siendo promocionado luego como director de publicidad y más tarde como director de promociones.
Comenzó a diseñar tapas de discos para Columbia (sin figurar en los créditos) alrededor de 1945. Hacia 1947 comenzó una serie de tapas en un estilo muy “cartoon” y estilizado, usualmente firmadas por él, las cuales son hoy consideradas algunos de los ejemplares más deslumbrantes de la era de oro en el diseño de tapas de discos.
Flora deja Columbia Records en 1950 y se muda con su familia a Méjico. Vivió en el pueblo de Taxco, el cual le sirvió de inspiración para su primer libro para niños, The Fabulous Firework Family, de 1955.
Al volver de Méjico en 1951, Flora se establece en Rowayton, estado de Connecticut, donde retoma su carrera de ilustrador free-lance.
Vuelve al diseño de tapas de discos en 1953, esta vez para RCA Victor, con una serie de muy aclamados encargos de parte del entonces director de arte de RCA, Robert M. Jones.
El éxito de The Fabulous Firework Family convenció a Flora de dedicarle más tiempo a la autoría e ilustración de libros infantiles. Llegó a escribir e ilustrar 17 libros para Harcourt Brace y para Atheneumentre 1955 y 1982. Varios de estos libros fueron más tarde adaptados para animación, siendo el mismo Flora el encargado de escribir los guiones.
Fue un devoto entusiasta de la navegación, y en las décadas de 1980 y 1990 dedicó muchos trabajos a temas náuticos.
Jim Flora falleció en 1998.
The Illustrated Man lo invita a disfrutar de esta muestra con algunos de sus trabajos…

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La realidad no es usable. (episodio 1)

Primera entrega del comic Reality Is Not Usable para la revista WANT.

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La realidad no es usable - episodio 1, por Ernesto Alegre
(WANT Magazine)

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La escala emocional

Breve infografía sobre el tipo de vínculo entre el usuario y la plataforma, a partir de su escala emocional.

(click para ampliar)
la escala emocional, por ernesto alegre

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El Salsamóvil -II-

Puesto a preguntarme intrascendencias, me digo: ¿Hubiera podido Orson Welles desarrollar su identidad última sin su barba y todos esos kilos de más?
¿Hubiera llegado Tinelli a sus picos de audiencia con la cara quemada en ácido? -mmm… esa es una idea que me reconforta-.
Retomando: ¿Realmente alguien se imagina a Tato Bores midiendo casi dos metros?
Exactamente, bellas precocidades, lo que hago es interrogarme sobre el valor de la “encarnación”, sobre cómo la forma atañe a la esencia hasta hacernos ver que no había diferencia entre ellas más que en nuestro infantil modelo de la realidad.

Por si hace falta aclarar el resultado de las primeras tres preguntas, las respuestas son: No, No y No.
Y aprovecho esta corriente negativa para formular otra pregunta de igual respuesta: ¿Podría haber sido el Salsamóvil un Aston Martin DB5 o una Ford F100 en lugar de un Peugeot 404, casi blanco?
OK, no, pero ¿Por qué no?
Porque el Peugeot 404 -y los datos que siguen sorprenderán muy gratamente al Bebe Ferreyra- ha sido un actor estelar más en varias de las prestigiosas series y producciones cinematográficas de la década del 60, y sabemos cuán sensible es el Pontífice al séptimo arte.
Un Salsamóvil apareció en varias oportunidades en el segundo y décimo tercer episodio de Mission: Impossible, un Salsamóvil apareció en la serie británica de ultra-culto Danger Man (aquella que protagonizara Patrick McGoohan, el mítico Number Six de The Prisoner) en las entregas número uno y número veinte, un Salsamóvil apareció en la versión de 1971 de Willy Wonka The Chocolate Factory y en The Saint, con Roger Moore en los episodios sexto y décimo cuarto.
James Bond no puede subirse a un Salsa simplemente porque no tiene nivel, por eso se conforma con el Aston Martin, y a un delicado Salsamóvil nunca se atreverán a tirarlo desde un avión Hércules, como sí hicieron en la década de los años 70s con una rústica F100 para un spot publicitario.
Por todo esto, el Salsamóvil se encarnó en un Peugeot 404 y en ningún otro vehículo más. Y siguió siendo un actor estelar, como verán a continuación…

Un atajo al Reino de los Cielos.
No quiero cargar las tintas sobre los múltiples dones y capacidades de Marcelo Horacio, porque lo cierto es que ya empiezan a darme celos las expresiones que escucho por allí (”¡Qué bien le quedan las medibachas al Bebe!”, “¡Qué mano tiene para el punto arroz y cómo remata los canesús!” o “¡Guau, Bebín, nadie baila el chotis como tú!”), pero siniestro sería si nada dijera de su espíritu innovador, ese impulso por hacer las cosas siempre de formas nuevas.
Y cuando digo que el Bebe es incapaz de hacer dos veces lo mismo -debido a su espíritu creativo, está claro- lo hago pensando en cuando debíamos ir de la sala de ensayos de Thames 320 a nuestros domicilios en el Principado de Saenz Peña.
Ese trayecto lo recorrimos en el Salsa cientos de veces, pero sin temor a exagerar -créanme que nunca sentí ese temor- les diría que apenas en una decena de oportunidades repetimos el mismo camino.
Saliendo de la sala de Thames, la lógica geográfica indicaba que debíamos tomar Juan B. Justo en dirección hacia la avenida San Martín. Al llegar a ésta, tomarla girando a la derecha hacia el barrio de Devoto hasta su intersección con la calle Asunción. Entrar en esta católica vía de este católico barrio hasta chocharse -no literalmente en lo posible- con las vías del Ferrocarril San Martín. La calle que a esa altura bordea las vías se llama Ricardo Gutiérrez y se prestaba gustosa a dejarnos, unos setecientos metros más adelante, a las puertas de la aduana del principado antes citado: el puente de la avenida General Paz.
El camino carecía prácticamente de curvas e itinerarios misteriosos, era claro y simple, pero la monotonía, ¡lo sabemos! jamás fue una opción.
El Maestro Ferreyra, en medio de la noche, ante -al menos en apariencia- ningún estímulo racional ni racionalizable, acostumbraba a pegar volantazos súbitos hacia lo desconocido con la misma gracilidad con que lo hubiera hecho Stephen Hawking. Al ser interrogado por sus compañeros de viaje -Kovalsky y yo- sobre las motivaciones de esas variaciones temperamentales en el derrotero, il Regista aducía: ¡Conozco un atajo!
Realmente dudo que alguna vez hayamos tenido confianza en esas supuestas economías geográficas, pero lo cierto es que una vez que hubimos experimentado unos cuantos “atajos”, ante la noticia de que uno nuevo se avecinaba, nuestros rostros se descomponían.
Recuerdo muchísimos acortamientos de camino paradójicamente interminables por barrios de por sí ya muy duros de roer, como Parque Chas o los rebuscados caseríos que se apiñaban a ambos lados de las vías, pero un atajo en especial firmado por M. Ferreyra, me hizo tomar conciencia a muy tierna edad de que la muerte le puede dar la bienvenida a uno en cualquier esquina.
Ese día el Salsamóvil había evidenciado que una revisión mecánica era lo que estaba necesitando; el bólido se detenía sin previo aviso en cualquier lugar.
Cuando esto sucedía, Marcelo Horacio le decía dulcemente: “¿Qué te pasa, Papi?” (ignorando a los autos que tenían que frenar con extrema urgencia detrás suyo y los exabruptos radicales de quienes pasaban pitando a ambos lados).
Esa jornada, no pocos colectiveros, taxistas y conductores estuvieron a punto de arrancar los radiadores de sus vehículos con los dientes para tirárselos al Bebín; ajeno a todo, nuestro guía se preocupaba por su inseparable compañero.
Afortunadamente cada vez que el Salsa se detuvo (motivando gritos y aullidos en los neumáticos de los autos que venían detrás), luego de alguna tos seguida de pedorreta, volvió a andar y por fin llegamos al ensayo.
Huelga aquí contar qué pasó en Thames ese día, aunque seguramente pasamos dos veces toda la lista de temas y luego, viniera de arriba o viniera de abajo, seguro que nos quedamos mientras todos se iban, ya degustando uno de los exquisitos platos de Clodyn, ya departiendo alguna cosa con nuestro manager Alejandro Velázquez (algún día les contaré los temas de debate que nos apasionaban).
Terminada nuestra misión en la sala de ensayos, partimos por la noche hacia nuestros hogares el Bebe Ferreyra, Kovalsky y yo.
Nada más subir al Salsa, recordamos la odisea del viaje de ida: el coche se encaprichaba una y otra vez en hacernos creer que nunca llegaríamos a destino. Finalmente el motor consintió en cumplir alguna función y salimos hacia adelante dejando una nube gris cuyo recuerdo me avergüenza cada vez que escucho que el polo norte se hace agua.
Por la avenida San Martín íbamos, entre pequeños ahogos, ruidos preocupantes y peditos del escape, cuando el anfitrión de nuestros sobresaltos decide manufacturar un nuevo atajo. Un tremendo volantazo hacia la derecha, unas fracciones de segundo de alarma, y en minutos estábamos hasta el cuello en medio de un barrio tan desconocido para nosotros como los suburbios de la ciudad de Paldiski, al noroeste de Estonia.
Bam Bam Giménez interpela a Ferreyra intentando hallar un porqué, cosa que como imaginarán no logró.
Para abeviar: nos pasamos cerca de veinte minutos metiéndonos en calles oscuras más peligrosas para la salud que la silla eléctrica, haciendo marchas y contramarchas, intentando dilucidar dónde nos llevaban el pasaje Pez Rodilla, o la calle Virgen de la Luz de Nápoles, hasta que desembocamos en una avenida menos transitada que los nervios ópticos de Steve Wonder y un gran, un GRAN espacio vacío y negro.
Ustedes saben que yo soy un rudeboy de esos que toman cerveza y todo, pero debo reconocer que un sudor frío bajó por mi espalda.
Estábamos ni más ni menos que en la avenida Warnes, ¡ni más ni menos que en frente del ALBERGUE WARNES!
Como dije, era de noche y el Salsamóvil nos prometía, ¿Qué nos prometía? ¡¡Nos juraba que se iba a quedar cada 10 metros!!
En medio de una profunda angustia, Kovalsky tomó la palabra y calmadamente -como quien escribe la carta que meterá en un sobre que diga “Señor Juez”- dijo: “Bebín, maestro, si el Salsa se queda, Poyín y yo salimos cagando”. Firmo el documento que sea que el Bebe no sabía de lo que estaba hablando Bam Bam, es más, para él el Albergue Warnes seguramente sería uno de los albergues de la juventud; el que quedaba en la avenida Warnes, seguramente…
Dios, ese viejo oligofrénico que de existir ni se acuerda que nos hizo, nos puso 324 ángeles de la guarda -calzados con pistolas Luger- para que llegáramos a una velocidad de 20 kilómetros por hora hasta Agronomía, de ahí a la avenida San Martín -que no debimos abandonar JAMÁS- hasta llegar por fin a nuestro terruño.
Sólo deseo agregar: Gracias Bebe, pudiendo lucir un seductor tono caoba en el cabello, ahora tengo el pelo casi blanco.

Consumir, no importa qué.
Como Marcello sólo quiere el dinero para gastarlo de la forma más necia posible, cada vez que se encontraba con algunos billetes en el bolsillo, lo que hacía era eso: gastarlo neciamente (de hecho sabemos que Ferreyra es muy riguroso con sigo mismo porque jamás puso moneda alguna de otra forma).
Cuando un show acababa, el Bebe cobraba -los demás lo hacíamos en el siguiente ensayo-, de manera que al volver de tocar, casi siempre en un estado de menor lucidez que el que permite el estado de coma, el único que tenía algo de dinero encima era nuestro trombonista niño-adulto.
Si la presentación había sido en un lugar muy remoto, todos volvíamos en el micro oficial -un increíble vehículo con espectaculares camas con colchón de agua, casino, conexión satelital y un chofer de ojos celestes-, pero si no teníamos que volver desde muy lejos, lo hacíamos cómodamente brindando con champagne en el Salsa.
Esto que narraré no pasó una ni dos ni cinco veces, sino docenas.
Volvíamos como dije, casi comatosos con el único pensamiento de meternos en una cama equidistante en millas del último sonido y del último rayo de luz, cuando nuestro Don Fulgencio, aún en lugares amenazantes como el Barrio Bigornia, el distrito Nuestra Señora del Cigarro o el asentamiento General Loza, sentía el impulso irrefrenable de quemar su dinero en los shops de las estaciones de servicio.
¡Como un jabalí que había olido sangre se ponía! Nada ni nadie podía detener a ese varón ciego rumbo a las góndolas nocturnas.
La compra jamás estaba motivada u originada en una necesidad: la cosa era adquirir algo, mucho, lo que fuera.
Fue durante esta operatoria en que el Bebín acuñó su frase: “Consumir, no importa qué”. El bronce Intocable no le hacía asco a nada: compraba desde delicatessen gastronómicas -frituras en bolsa marca “Bum” (en el hígado)-, pasando por finos productos de la cosmética -bositas de perfume de la línea “Puaj!” para el Salsa con olor a telo- hasta llegar a implementos que mejoraban el ya excelso diseño automotriz del 404, como un espejo retrovisor que montó en el interior del auto y que merece un apartado.
Una de esas noches aciagas, negándonos a acompañarlo “de shopping”, nos quedamos con Kovalsky en el Salsamóvil en silencio -yo rezando para que la cosa fuera rápida, el percusionista lo ignoro, creo que es ateo- y al cabo de unos minutos largos lo vemos aparecer a Ferreyra con una excitación ostensible: había comprado algo grande.
Lo que traía Marcello era nada menos que un espejo retrovisor, ¡sensiblemente más pequeño que una tabla de surf!; se comenta que por esa estación había pasado el camionero BJ y se había negado a comprar ese mismo espejo diciendo: “No, ni loco, es demasiado grande para mi camión con acoplado… si lo pusiera tendría que deshacerme del mono, y es un amigo”.
En una oportunidad trajo una bolsa de chizitos -gran promesa de futuro cáncer de colon- de un tamaño que al menos a mí me asustó: de haber querido, podría haber salido de entre las gualdas frituras una corpulenta vedette con plumas y un bebé en brazos.
Pero siempre llegábamos a Saenz Peña; más tarde, cierto, más empobrecido el Bebe, también cierto, pero llegábamos…

Carlitos de Gesell se pregunta porqué entre los panqueques no guarda una escopeta.
Nuevamente después de un show, luego de escaparnos de la sociedad bailando ska y con la certeza de que nuestras vidas estaban por fin encaminadas -aún sin estar seguros de hacia dónde-, subimos los de siempre a, sí, el Salsamóvil.
Creo que esa noche habíamos tocado en Villa NLC, zona norte, y milagrosamente el itinerario no incluyó ni estaciones de servicio con shops 24 horas, ni desperfectos mecánicos en el auto del Bebín.
Todo iba literalmente sobre ruedas, cuando el Bebe identifica a lo lejos el local de Carlitos de Gesell sobre avenida del Libertador, en Olivos.
Más rápido que Walt Disney a la hora de denunciar a un comunista, Ferreyra me cursa una invitación a cenar: “¡Poyín!, ¡te invito a Carlitos de Gesell!”.
Hago una sintética interrupción para aclarar el momento particular por el que estaba pasando la relación entre Bam Bam y el Bebe. No era cosa de meses ni de semanas siquiera; ese día en concreto, algo le habría molestado a nuestro regiseur porque prefería no hablarle al percusionista… aún estando a menos de quince centímetros y llevándolo en su propio auto.
Lo cierto es que el diálogo completo fue (literalmente):
Bebe: -¡Poyín!, ¡te invito a Carlitos de Gesell!
Bam Bam: -¡Genial maestro, gracias!
Bebe: -Le dije a Poyín
Bam Bam: -En serio, maestro, gracias, vamos…
A partir de este diálogo que no hubiera escrito ni Eugène Ionesco para alguna de sus obras de teatro del absurdo, el registro gestual de Marcelo Horacio se hizo más tenso. Yo, más que ir a cenar, lo que quería era que la sociedad se difuminara y estar solo en un lugar oscuro y silencioso, pero ¿Iba a despreciar una invitación hecha por semejante carácter?
Apenas entramos, yo noto que los mozos, que estaban masiva y decididamente subiendo las sillas a las mesas -era tardísimo, tal vez treinta segundos antes de que apagaran las luces- se quedan paralizados al vernos entrar. Su expresión no era de júbilo.
El muchacho de la cocina empezó a querer establecer contacto a través de súplicas con el Gauchito Gil (que no es de lo más listo que se vio, hay que decir la verdad) pidiéndole que nos echara, mientras que uno de los mozos, bronceado, fornido, balde en mano -se disponía a baldear las baldosas- imploró a la difunta Correa para que cambiáramos de idea y pegásemos media vuelta (de más está decir que la señora Correa tampoco escuchó; ya por su carácter de difunta, ya por estar localizando un corpiño para completar su atuendo).
Pasamos sin más a sentarnos y a leer sendas cartas. El único que parecía alterado por la situación era yo; a Ferreyra nada le decían las salvajes miradas que nos dirigían los empleados y Bam Bam disfrutaba de la incomodidad del Bebe por su presencia en la mesa.
Entre los dos pidieron algo así como 36 panqueques de los más elaborados: “Garçon, tráigame una crêpe de melocotones del Báltico con salsa Karpinsky… medio hecha”.
Los empleados -si es que podían percibir algo más que su deseo de empalarnos a los tres- debieron pensar que yo era una especie de criado; apenas comí una pequeñez, me negué mil veces a pedir otra cosa y estaba sentado en el borde de la silla, incomodísimo con la situación y presa de un ataque de bazo.
Una vez que el Bebe hubo terminado, al poner su boca para pronunciar la primera palabra de la frase “La cuenta, por favor”, el mozo más cercano, con una mano venosa y rojiza apoyó con un golpe el papel sobre la mesa.
Bam Bam se paró y salió, sonriente y veloz, Marcello abonó molesto la cuenta de los tres y yo exhalé como un condenado al que acaban de amnistiar.
Y el Salsa, bueno, una vez más nos dejó casi al pie de nuestras cunas…

Fin de la segunda parte.

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1,2,3,4

… y es que los shows largaban con nosotros dos y una cadencia de bombo y bajo que desembocaba en toda la banda tocando aquel tema que hablaba mal de manliba, los camiones compactadores de basura Pak-Mor y lo sucia que estaban las calles en ese momento.  Como nota adjunta, y la letra lo aclara, esa suciedad no lograba lastimar a nuestro cantante ya que había desarrollado unas callosidades resistentes a todo.

Bueno, cuento ésto como una especie de preámbulo a estas historias de recitales y (f) ruta.

Nunca fui de meterme mucho en la parte organizativa de Los Intocables, si había que tocar en la Capital Federal, agarraba el Orestes y manejaba contento, si había una gira que duraba varios días, me armaba el bolsito, me subía al micro de turno y alla íbamos. Ni siquiera sabía donde teníamos que tocar hasta que llegábamos al destino, ya hemos dicho aquí que la banda era la última en enterarse que pasaba.

Los micreros de Los Intocables merecen sus propias páginas de anécdotas, y ya vendrán.

Como anticipo les cuento que tuvimos un chofer que era ciego de un ojo (el sr. Juan Velázquez creyó toda su vida que tenía ojos celestes), otro que por diversión, y para ver nuestras caras de pánico, se paraba con el micro en movimiento en alguna ruta desierta como la Gral Paz, lo dejaba andando a la deriva y se iba hasta la parte de atrás corriendo al grito de “Aaaaaaahhhhhhhhrrrgghhh” (digo “nuestras caras de pánico”, pero también debería decir que nosotros lo cebábamos para que lo haga, en un concreto acto de sado masoquismo rude boy).

Todo esto sumado a que no era aconsejable quedarse dormido en el trayecto porque siempre había alguna sorpresa, hacía que llegáramos a nuestros destinos hechos una piltrafa y ya totalmente ebrios de risa.

Muchos de estos lugares eran “rock and roll virgins”, nunca una banda había ido a tocar ahí, asi que la llegada de Los Intocables con su pequeño grado de popularidad era un acontecimiento. Nos llevaban “de visita” a la escuela del pueblo a saludar a los estudiantes y hacer una recorrida por las instalaciones. Imagínense ustedas las caras de los profesores al ver a semejante troupe de personajes meterse en sus aulas. Tengo una imagen guardada de un señor muy amable llevándonos a Juan y a mi en un auto, dando vueltas por un pueblo desconocido hasta terminar en una farmacia donde trabajaban sus hijas en un sencillo acto de “mirá nena, te traje a Los Intocables”.

Qué quiero decir con esto? que ya los componentes de la banda eran una aventura en sí mismos, si a esto le agregamos estar en un lugar desconocido, que nunca había visto bandas de “la capital” en su zona, tarde o temprano ésto resultaría en la aparición de personajes nuevos, aunque sea solo por unos segundos.

Aquí va un caso…

Creo yo que fue en una gira que hicimos por Chaco y que luego nos llevaría a Formosa.

Como conté anteriormente, pasaban mil cosas aparte del recital en sí, pero todo llegaba al 1,2,3,4 y a tocar. Pasó el show, seguramente nos quedamos un rato en el local de turno tomando algo y de vuelta al hotel. El plan original era, dormir en Chaco y salir al otro día hacia Formosa.

Pero en el hotel nos enteramos que no… que la persona que estaba a cargo de esa mini gira no había pagado y entonces nos volvíamos a Buenos Aires, entonces, de vuelta al micro y a casa. Hubo alguna que otra discusión e intercambio de opiniones, porque la fecha ya estaba programada, imaginábamos gente con ganas de ver a la banda en vivo, pero tampoco se podía andar perdiendo plata asi que… lo siento Formosa…

Pasó el tiempo, meses, y se reflota la chance de ir a tocar a esos pagos nuevamente.

Nos quedaba la duda que había pasado con esa fecha, nos recibirían bien? decepcionados? enojados? qué pensarían de una banda que tenía todo arreglado para tocar y nunca apareció? se habrá enterado la gente de la razón de nuestra ausencia?

Llegamos a Formosa, de nuevo hotel, un poco de caminata y a probar sonido… y aquí es donde la cosa empieza a tomar un color tirando a “deformizo”.

Al llegar al lugar del show, que si mal no recuerdo era como un galpón, se nos acerca a Juan y a mí un personaje vestido de traje, con pinta de “productor local“. Nos presentamos, como breve introducción le decimos qué función cumplíamos en la banda y acto seguido nos mira con un dejo “canchero” y dice a modo de presentación “estoy re duro…” Nos miramos con Juan sorprendidos de dicho comentario, y a qué venía,  y nos sorprende de vuelta con un “bla bla bla, que duro estoy….“, al ver que nosotros solo atinábamos a mirarlo sin saber a qué se debía semejante confesión y demonstrando nulo interés, se da media vuelta y se va….

Nos reímos con Juan de lo deforme de la situación y sigue la rutina como de costumbre. Me subo a probar el bajo, y noto ciertas miradas de los locales presentes clavadas en mí, en algunos notaba un cierto enojo y en otros una cierta complicidad “rockera”

Sigue el día entre risotadas de costumbre, pero el clima era un poco raro ya que no lográbamos descifrar si la gente estaba contenta que estuviéramos allí, o enojada, o qué… hasta que nos enteramos.

Aquel productor original (distinto al que estaba organizando todo ahora) que nunca había pagado el cachet de la gira Chaco/Formosa, como para justificar nuestra ausencia, hizo correr un rumor de lo más alejado con la realidad posible.

Parece ser que sus palabras en aquel momento fueron “Se canceló el show de Los Intocables, no pueden venir… parece que la policía los paró en la ruta para revisar el micro y enganchó a uno de ellos con una bocha de merca… lo metieron en cana, todo mal…. así que no vienen

Nos enteramos que aquel músico loco, rockero, drogadicto, que terminó preso, que hizo que el show se suspendiera, que dejó a la gente colgada, que un “productor local” quiso hermanarse con un “estoy duro”…. era “el bajista”… o sea era “YO”.

Mis addicciones en ese momento eran las pepitas He-Man, algun que otro biznike nevado, los lomitos completos de Antiguo Romano en Hipólito Irygoyen y Libertador en el barrio de Vicente Lopez, las Cindor y Cepitas con mi amigo Bam Bam Giménez… nada más alejado que haber sido atrapado por las fuerzas policiales de la Provincia de Chaco con posesión de cocaína.

Como buen Intocable, me banqué las miradas pispiretas de los rockeros de turno, los comentarios cargosos de los locales enojados, y me siento orgulloso y privilegeado de ser “hasta hoy día” el rockero más pesado que haya tocado en ese pueblecito Formoseño.

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Entr3vistas

La sala de ensayos de Thames 320 era bastante más que un espacio que nos resolvía el asunto de dónde ensayar; era a todos los fines imaginables -o al menos imaginados por nosotros- una verdadera base de operaciones.
Aunque en más de quince oportunidades -hablando en serio, bastantes más- necesité que me operaran ahí mismo de los pómulos y del estómago, me refiero en esta oportunidad a otro tipo de operaciones: a las que también podrían ser llamadas “maniobras”, “acciones” o “procedimientos”.

Casi todo lo que sucedía en Los Intocables como banda y que no pasara sobre un escenario o abordo de un micro, sucedía en Thames. Si nos detenemos a pensar que shows sólo había los fines de semana y que a los micros nos trepábamos cuando los shows eran lejanos, Thames gana en cantidad de vivencias por afano.
¿Aunque sea sólo por un segundo contemplaron la posibilidad de que el Back2Square1 hubiera reservado una categoría para aquel sitio porque sí?
A continuación les relataré tres de la múltiples entrevistas que han tenido lugar en el 320 de Thames; empecemos por estas, después ya veremos…

Puede cortarme uno o dos dedos, ¡Pero no toque mi bigote!
Cuando el primer saxofonista de Los Alcaloides decide abandonar la banda -previamente a la grabación del primer disco y apenas momentos antes de tener perspectivas de grabarlo- además de llenarnos de una profunda alegría a casi todos y hacernos creer por un minuto que Dios existía y encima nos amaba, me es dada una nueva tarea.
De esta manera, aparte de aportar elegancia, don de gentes, sensibilidad, simpatía y un perfil griego a Los Intocables, debía de dotarlos de un segundo saxofonista.
Imagino que los demás muchachos imaginarían que alguien que toca el saxo se reúne con otras personas que también tocan el saxo en bares de saxofonistas, que se codea con este tipo de instrumentistas a la salida de los cines para saxofonistas donde se exhiben películas exclusivas para ellos o que simplemente tenemos algo que hace que nos reconozcamos cuando nos cruzamos por la calle.
Lo cierto es que yo no conocía a un solo tipo que supiera tocar el saxo y que pudiera/quisiera tocar en aquella banda de super-ska.
El primer paso era preguntarle a mi profesor de turno y pasar luego a llamar a otros profesores para pedirles los teléfonos de sus alumnos.
Ya lo dije en alguna oportunidad en este anecdotario, pero es bueno recordar ahora que en aquella época, encontrar a alguien que tocara más o menos bien y que encima tuviera onda y conociera el estilo era algo más difícil que hacer de un comunicado de la CIA algo creíble.
Recuerdo haber llamado a no menos de siete u ocho profesores, conversar con aproximadamente diez alumnos y no avanzar ni un milímetro en el hallazgo del futuro bronce. Ya en estado de irritación extrema y decididamente inclinado a llevar a Thames a cualquier cosa más o menos antropomórfica que tuviera una aceptable habilidad de soplar -OK, si no podía soplar y podía chupar, también era apto para un curso de entrenamiento- y de mantenerse erguido durante cuarenta y cinco minutos -si en lugar de esto podía estar sentado y atado sin gritarle a la gente, también-.
Con ese nivel dinamitado de expectativas estaba cuando contacté con un tal Martín Waisman; no recuerdo ahora mismo si a través de un profesor de saxo, en la cola para entrar al concurso “Los Parecidos a Arrufat” o en la lista de espera para transplante de estómago.
De buenas a primeras me sorprendo diciéndole al teléfono: “OK Martín, nos vemos a las seis de la tarde en una sala de ensayos que queda en la calle Thames 320, ¿lo anotaste? Thames tres veinte”.
El día llegó y dieciocho horas más tarde estaba yo en aquel templo junto a Kovalsky, Alejandro Velázquez y Juan Velázquez.
El timbre sonó no mucho después de la hora acordada (pensé: “Bien, un muchacho que respeta el tiempo de los demás”) y al abrir la puerta de calle en la planta baja -la sala y demás dependencias de la casa involucradas con Los Intocables estaban en esa época en el primer piso- me encuentro con un joven que amalgamaba más con la orquesta del Club Armenio “Monte Ararat” que con los radicales del TwoTone.
Pasado el primer espasmo, lo invito a seguirme a la Sala de Máquinas donde fue finalmente la entrevista.
Para comprender la situación -que involucra cierto desarrollo cinésico y prosémico- imaginen a Waisman sentado frente a mí y de espaldas a la puerta de entrada a dicha Sala de Máquinas. Yo, frente a Waisman y pudiendo ver lo que sucedía detrás de él, es decir, lo que podía verse a través de la abertura de puerta y que se daba en un pequeño hall.
El saxofonista que más tarde sería apodado “El Tirolés” por una de las dos personalidades más bautizadoras de nuestro entorno, -me refiero a Vito Corleone o Vito Antofermo, tecladista de Academia Beat, antes Ciudad Gótica y también de Los Intocables en varias presentaciones en vivo- estaba visiblemente nervioso, asintiendo cuanto yo decía. Sí, para quienes se preguntan quién era la otra identidad bautizadora, les aclaro que hablaba de Clody, quien inventó el ridículo apodo de, sólo por citar un ejemplo, “El Niño Ska” para el diseñador de la primera tapa de Los Intocables -hacía diseños para Los Alcaloides en donde la letra “O” era dibujada como un geniol redondo con la estría recta que lo dividía en dos- a su vez “persona de función más bien escénica” (sic) en Romana Patrulla.
Volvamos con El Tirolés.
Lo que yo veía era a un chico como dije muy nervioso, sentado con una actitud bastante distante del relax… con una melenita abigarrada de rulos… y con los bigotes que Burt Reynolds usaba en 1978. La imagen a la que yo estaba expuesto no era honestamente alentadora -no es que Waisman apreciara una mejor de mi parte, pero ese no es el tema ahora-, lo que ocurría es que si no funcionaba lo de este muchacho, a mí no me quedaba otro recurso más que la importación o la trata de saxofonistas.
Le mostré nuestro primer disco, se lo hice escuchar, le pregunté si le gustaría tocar el estilo y sus respuestas fueron, respectivamente: “Me gusta”, “Suena muy bien”, “Quisiera tocar ska con Los Intocables”.
En esta luna de miel estaba, cuando veo no una ni dos, sino múltiples veces aparecer a Juan Velázquez y a Kovalsky -ausentes en la reunión- aparecer por el hall que quedaba a espaldas de El Tirolés haciéndome gestos desaprobatorios sobre su corte de pelo.
A pesar de la dificultad que conlleva criticar a alguien su aspecto personal, encaré al posible futuro saxofonista con algo así como: “Y… decime una cosa, vos viste como tenemos el pelo cortado todos acá, después te muestro algunas fotos… Ehhh… ¿Te cortarías el pelo muy pero muy corto?”
Waisman me miró sin sombra de ofensa y me aseguró enérgicamente que no había problema alguno; es más, me dijo que él SIEMPRE había usado la cabeza casi rapada y hasta me contó que de pequeño, su madre escondía las tijeras de la casa porque un día había pelado una zona de la alfombra del living; era una persona a la que el hecho de pelar lo estimulaba.
Compartimos unas risas, para ser sincero más que por la anécdota en sí porque me sacaba un peso grande de encima, y mis amigos Velázquez Juan y Kovalsky volvieron con sus cobardes críticas.
En esta oportunidad el objetivo era el bigote.
Se asomaban entre risueños y agentes de presión haciendo con sus dedos índices curvados formas de bigotes sobre sus bocas diciendo mudamente: “BIGOTE-NO” para luego desaparecer.
Como ya el hielo con El Tirolés estaba roto, totalmente fundido diría, arremetí con confianza: “Bueno, Martín, y el bigotín ya que estamos ¡lo volamos también!”
En ese momento el chico puso una expresión de extrema preocupación, como si le hubiera dicho que debía arrancarse la espalda o inyectarse yeso en las venas para tocar con nosotros, y exaltado me dijo: “No, el bigote no, ¡el bigote NO! No sabés la cara de boludo que tengo sin el bigote”.
Lo único que pude decirle fue: “OK, OK, no pasa nada, todo bien”.
Todos escucharon esto como quien recibe un diagnóstico terminal -no sé, se me ocurre pensar en la expresión de la señora madre de Kovalsky cuando los maestros y psicoterapeutas del joven percusionista le dijeron: “Y sí, señora, su hijo es así…”-, pero no atinaron a hacer, decir ni insinuar nada.
Sólo me quedó agradecerle su visita, indicarle día y hora del próximo ensayo, acompañarlo cálidamente hasta la puerta de salida y despedir tanto al futuro Tirolés como a su indiscutible bigote; bigote que es justo indicar que volvimos a ver, pero no demasiadas veces.

Pero, ¿Qué es esto? ¿Una banda de ska o un manojo de gente poco seria e impuntual?
Martín Waisman era una excelente persona, de eso no hay duda, pero si he de hablar con sinceridad debo decir que era algo resistido por algunos de los miembros históricos de Los Intocables.
Sin entrar en sórdidos detalles, lo cierto es que seguía pesando sobre mis hombros la no tan sencilla misión de encontrar a un saxofonista con la onda de Jerry Dammers, el dominio del instrumento de Wayne Shorter, el conocimiento del estilo de Cedric Brooks y la originalidad de Anthony Braxton…
La madurez de mis treinta y nueve años actuales me permiten apreciar que si en lugar de haberme entregado a tan tamañas complejidades, me hubiera dedicado a reunir dinero, ahora mismo estaría en condiciones de comprar -en cash- el condado de Cheshire. Pero bueno, en aquel entonces me encontraba algo desfocalizado y entregaba colecciones fabulosas de tiempo a buscar al sucesor del Tirolés.
Cierto día doy -vía telefónica- con un muchacho no sólo bastante recomendado por su profesor de saxo, sino bastante dispuesto a tocar en una banda de ska, conocedor de Los Intocables y residente cercano de la sala de Thames.
Lo cito a las 17:00 hs en el trescientos veinte de la calle-río para el día siguiente.
Salgo con el tiempo suficiente de mi casa rumbo a la sala, llego alrededor de las 16:30, toco el timbre y noto que uno de los dueños de casa y stage manager de la banda no se encuentra en ella.
Espero unos diez, quince minutos y al ver que Alejandro Velázquez no venía, salgo a buscarlo pensando que estaba entregado a una de sus aficiones: los juegos electrónicos.
En una sintética referencia a esta casi obsesión por sacarle más y más partidos al Pacman que tenía el mayor de los Velázquez, diré que era imbatible: si alguien entraba a “hacer unas fichitas” con él en algún local de video-juegos, debía saber que esta persona estaría jugando desde las 10:00 hasta las 22:00 hs. con la misma ficha, sacándole infinitos partidos a la máquina en cuestión.
Los diseñadores japoneses de juegos lo odiaban: tenían que preparar ciento treinta y cuatro mil quinientas cuarenta y cuatro pantallas distintas, ya que él siempre iba a ganar y debía pasar a un nuevo nivel. Lo contaré en otra oportunidad, pero ¡hasta fans tenía!
Bien, salgo a buscarlo a Alejandro por la avenida Corrientes con resultado negativo, lo cual me demanda algo así como treinta minutos. Pensando en el saxofonista con el que había acordado reunirme, vuelvo a Thames antes que éste optara por irse.
Al llegar descubro desgraciadamente que esta persona ya estaba allí esperando algo inquieta que alguien respondiera al timbre.
Mientras me acercaba iba escrutando su aspecto: cabello rapado, traje negro, camisa blanca, corbata negra delgada y un gesto severo.
Me presento tendiéndole la mano y ahí mismo me expresa su descontento por la espera a la que lo había sometido. Creía él que esa espera había terminado, pero inmediatamente le digo que debíamos aguardar un poco más a que llegara el dueño de casa.
Esto empeora algo las cosas, por lo que intento desviar la conversación hacia derroteros más felices, como por ejemplo la música.
Este muchacho no sólo me ratifica que conoce al ska, sino que comienza a nombrarme bandas, temas y discos. Cuando le pregunté qué hacía para vivir, me respondió que era peluquero.
Ahí mismo sentí un pequeño corte en mi respiración: lo primero que pensé fue: “Espectacular, un tipo que toca en la banda, caza de ska y encima nos corta el pelo a todos” -no podía olvidar que en aquel entonces era complejo convencer a un peluquero de que había otras posibilidades además de la media americana y la romana-.
Comiéndome el páncreas por dentro estaba debido a la ansiedad por la llegada de Alejandro Velázquez, cuando de repente veo su figura acercándose en la lejanía.
Le transmito tranquilidad al riguroso instrumentista peluquero, le presento al as del joystick y subimos, naturalmente, a la Sala de Máquinas.
Poco quedaba realmente por hablar, ya que el joven conocía a Los Intocables, al ska, estaba interesado en tocar y aclaraba que ya tenía varios años de estudio.
No tenía más que invitarlo a un ensayo y eso hice, a lo que el saxofonista me respondió: “¿Esta falta de puntualidad se repite siempre?”
Podría haberle mentido y decirle que no, que lo de hoy había sido algo absolutamente extraordinario, pero la pregunta me descolocó completamente: ¿Alguien escuchó alguna vez a algún músico en el contexto del underground pronunciar siquiera la palabra puntualidad?
La relación entre Los Intocables y el reloj era la misma que la de Adolfo García Grau y la cosmética masculina, la de Jorge Rafael Videla y el tema musical infantil “Mi Mono Monín”, o la de Xuxa y los textos humanistas de Erasmo de Rotterdam: ninguna.
Nosotros éramos capaces de llegar al lugar del show doce horas antes -no hablo de shows en otras provincias- o cinco horas después, así, con naturalidad, con fresca juventud.
Le aclaro entonces a nuestro rígido joven que efectivamente sí, que podía esperar demoras o anticipaciones en ciertos eventos, a lo que me respondió, secamente: “Gracias pero no, no me interesa”.
Acto seguido lo acompañé hasta la puerta, reprimiéndome de no cortarle las conexiones entre sus órganos vitales con su propia tijera, lo despedí y decidí olvidar para siempre su nombre; por eso aquí siempre hablo de “ese muchacho”, “aquel joven” y “el riguroso saxofonista”: mi educación me impide recordarlo como al “sucio peluquero del orto”…

“…Este bolígrafo es producto de dos mil años de ciencia, y sí, la juventud está masificada”…
Justo el otro día me preguntaba qué cosas había aprendido durante la época en la que tocábamos Los Intocables.
No, contrariamente a lo que puedan pensar, fueron muchísimas cosas las que pude asimilar; vean si no:
- no es del todo seguro contratar a un chofer de micro de larga distancia que sea ciego de un ojo (no hablo de ojos celestes, hablo de un ojo que no cumple la función de “ver”)
- no es la mejor decisión la de nombrarlo al Bebe Ferreyra “colorista y diseñador de interiores”
- si son propensos a la tentación de risa no deben leer detenidamente en vivo las listas de temas escritas por Alejandro Velázquez (desarrollaba la maldad privada de renombrar asombrosamente los temas que debíamos tocar)
- jamás revuelvan el bolso de Mr. Lebeat si no quieren ser víctimas y presas de su ira
- ni se les ocurra invitar a cenar a Clody a un lugar signado con menos de 4 tenedores (y si encuentran un restaurante de esa calificación en La Salada, sepan que son ustedes gente con problemas de delirium tremens) puesto que se exponen a su silencioso desprecio
- nunca armen una banda de ska y lleguen a grabar meses después de la primera si no quieren que miles de fronterizos los acusen de plagio
- si alguien les presenta a un tal Oscar López, encadenen inmediatamente vuestra billetera directamente a un clavo de platino inserto en vuestro fémur o esa misma noche, a la hora de pagar la cena descubrirán lo molesto de tener que lavar los platos de todo el restaurante.
Pero más que todo esto, una verdadera serie de conocimientos de dudosa futura aplicación, lo que aprendí de manera indeleble es que:
En cualquier rincón, repito, en cualquier rincón te puede esperar agazapado un resplandeciente y maravilloso de-for-me.
Nada tiene que ver con el día de la semana ni con la hora, ni con el lugar, ni con cómo estés vestido, ni con tu background cultural, ni con lo que hayas desayunado; lo único que importa es tu predisposición para entablar el contacto.
Sin esta bienquerencia, ustedes no estarían aquí y ninguno de nosotros nos hubiéramos conocido; el Bebe Ferreyra seguiría ignoto para nosotros en un rincón de Saenz Peña, Los Intocables jamás se hubieran formado y el Señor Ferrari no sería citado en esta publicación.
¿Qué Señor Ferrari? ¿Ese quién es?
Bueno, como primer cosa, todo lo escrito desde “…Este bolígrafo es producto…” hasta aquí es sólo una introducción al recuerdo de su persona. Y no podía ser de otra forma; ¿Qué mejor que una enorme digresión persuasiva para hablar de alguien que para venderte una birome te presenta la teoría atómica?
OK, empiezo por el comienzo…
Cierta noche -muy tarde, a la hora en que los colectivos más que un transporte son una rareza exótica casi imaginaria- estaba yo con Kovalsky (perdón por la monomanía) a punto de salir desde la terminal de Puente Saavedra sentados en los últimos asientos de dos rumbo a nuestros hogares maternales a bordo del colectivo 21.
Lo de “a punto de salir” era más una aspiración nuestra que algo que se verificara en la realidad (aparentemente el chofer deseaba repasar sus lecciones de sánscrito antes de partir, y el sánscrito es una lengua enrevesada, como sabrán).
Bien, la cuestión es que allí estábamos con bastante poca fe en el derrotero que había tomado ya toda nuestra cultura, cuando sube un señor de unos sesenta y siete o sesenta y ocho años (puedo pifiarle por no más de seis meses), elegantemente vestido -con esa elegancia que no se compra junto con un traje caro sino que se gana con actitud- y, lo más importante, la misión auto-impuesta de ser. Y en segundo lugar, mientras era él mismo, de vender algún que otro bolígrafo “Paper Mate”.
En rigor de verdad lo habíamos identificado ya antes que él subiera, alertados gratamente por su impecable estampa.
No llegábamos a las siete personas en el colectivo, incluído el indeciso colectivero, y sumado al hecho de que sería más de la una de la mañana, tanto a Kovalsky como a mí nos llamó poderosamente la atención que alguien pretendiera vender algo ante una concurrencia que en un altísimo porcentaje estaba ya dormida.
Su exposición fue análoga a la mía: entró en tema no menos de diez minutos después de haber comenzado a hablar. Para explicar porqué una auténtica Paper Mate puede escribir incluso hacia arriba (difícil imaginar cuándo uno necesita escribir sobre un cielo raso) el Señor Ferrari nos introdujo en la dinámica de fluídos; para que comprendiéramos la íntima composición de su tinta, el Señor Ferrari nos develó el detalle de las mecánicas atómica y ondulatoria.
Por favor no crean que esto es una exageración de mi parte para justificar esta anécdota; lo que les relato en verdad sucedió.
Por supuesto estábamos seriamente impresionados con Kovalsky y apenas podíamos reprimir expresiones radicales de admiración y total entrega, cuando llamamos por fin al Señor Ferrari.
Él creía que íbamos a comprarle sendas Paper Mate (y hubiéramos debido) pero lo que en realidad queríamos eran sus datos: ¿Alguien imagina el efecto destructor de un presentador de esta estirpe antes de un show de Los Intocables?
Al llegar a nuestros asientos, le preguntamos a Ferrari si se sentía capaz de hacer la presentación de una banda sobre el escenario de un teatro (estábamos muy cercanos al primer Fénix) a lo que nos respondió que “Claro, naturalmente, por supuesto, ya lo he hecho anteriormente”.
Sólo nos quedaba pedirle su teléfono y fijar una entrevista en Thames para que todos conocieran a este prodigio (así de generosos nos gustaba ser).
El Señor Ferrari no tenía teléfono, por lo que nos proporcionó su dirección: veintiuno de la calle Fleming, Munro.
Como réplica, él sí nos pidió nuestros teléfonos, aunque jamás los anotó en papel -que tenía disponible- con una Paper Mate -que también tenía-; memorizó entonces la siguiente información: “Señor Pablo: siete cinco siete cuarenta veinte” y “Señor Pollo: siete cinco siete cero cuatro dos uno”.
Dicho esto, nuestro fugaz amigo tocó el timbre, el colectivo se detuvo, él se bajó y la noche se lo tragó…
¿Para siempre? No, afortunadamente no: el Señor Ferrari nos llamó unos días después y acordamos una reunión en la sala de Thames.
Esa reunión concordaba con un ensayo, de manera que todos estaban presentes cuando Ferrari llegó.
Lucía impecablemente, casi tan elegante como la ilustración hecha con marcador negro grueso que retrataba a Bam bam Giménez sobre la superficie blanca del placard de su propia habitación por aquellas épocas (dedicada a un tal “Mono” y hecha por una artista femenina, si mal no recuerdo)…
Una vez en el primer piso, pasamos a la sala de máquinas donde le proponemos formalmente (los dos de siempre) que nos presente en el Fénix de Flores. Le contamos quiénes éramos, qué hacíamos y allí nomás Ferrari nos propone una temática para su brevísimo monólogo: la masificación.

Sin dar crédito a lo que estábamos presenciando, nuestro filósofo y vendedor ambulante comienza con su oratoria florida, descerebrándonos instantáneamente.
Cuando ya estaba todo resuelto, es decir cuando sólo quedaba acordar cuánto cobraría el Señor Ferrari por su arte, Juan Velázquez -para quien esta persona era sólo “un viejo”- soltó su ya acostumbrado “No da” en referencia a la participación de Ferrari, y ante la frialdad de los demás miembros, todo esto quedó en la más desalentadora nada.
Así es amigos, todos vosotros os habéis perdido de presenciar a tamaño orador deforme, pero para esto está el B2S1 (¿Para qué si no?): para recuperar lo que todos creíamos, precisamente, perdido…

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¡Vade Retro, Verde Teatro!

Esta misma frase fue pronunciada por Clody una madrugada de hace ya muchos años, casi -o no tan casi- en trance después de haber invertido buena parte de ese día, de esa semana y hasta de ese mes intentando hacer desaparecer un inquietante color de las paredes de un departamento que poco antes había habitado Marcelo “Il Pinturicchio” Ferreyra.

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Creatividad e Imaginación

Es habitual confundir creatividad con imaginación, términos muchas veces considerados sinónimos.

creatividad e imaginación

La creatividad es el acto de conectar de forma alternativa cosas ya inventadas, cosas existentes en el momento del acto creativo.
La imaginación, a diferencia de la primera, lo que hace es inventar cosas que no existen y que más tarde podrán ser utilizadas o no como elementos por la creatividad.
Para expresarlo más sintéticamente: la imaginación inventa cosas; la creatividad las conecta de forma sorprendente.
Cada vez que pienso en esto me gusta poner dos ejemplos que, creo, aclaran más la situación.

Tangram.
Existe un juego muy antiguo y popular de origen chino llamado Tangram, formado por 7 piezas planas (5 triángulos, un cuandrado y un paralelogramo) surgidas de la subdivisión de un cuadrado.
El objetivo del juego es el de ejercitar la creatividad, en este caso, al servicio de conformar figuras sin solapar las piezas; sólo colocándolas y relacionándolas de forma táctica.
Todo lo que hagamos con el Tangram -en la medida en que no estemos imitando configuraciones previas- será un ejercicio creativo; recordemos: la creatividad es el acto de conectar de forma alternativa cosas ya inventadas.
La imaginación tuvo lugar en el Tangram sólo en el momento de su creación: el juego fue inventado en un momento determinado gracias a la imaginación; antes, simplemente no existía.

Constelaciones.
Las constelaciones son otro ejemplo que me gusta para dar a entender la diferencia entre creatividad e imaginación, sobretodo por su autología a la hora de presentar la acción conectora.
Las estrellas -hablando sin responsabilidad astronómica- están donde están desde hace un rato largo, sin embargo en un momento a alguien se le ocurrió conectarlas con líneas y formar figuras.
Estas conexiones son las constelaciones.
De nuevo, el único acto imaginativo en torno de esta operatoria, estuvo en la idea de que esos puntos podían ser conectados; es decir, la imaginación la aportó aquel que por primera vez pensó que podía ordenar y hallar significado en el azar de las estrellas. Todo lo que vino después, la creación de todas las constelaciones con sus nombres y significaciones, fue un acto creativo.

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el doble sentido de la visibilidad

Siempre pensé, así, sin reflexionar mucho, que la visibilidad trataba de si se es o no visible -y en caso positivo- cuán visibles somos ante el grupo, frente a otros.
Ese es indudablemente el aspecto más obvio de la visibilidad, pero de lejos no el más importante.

Lo que los medios sociales aún emergentes nos están posibilitando, no es sólo ser visibles de cara a los demás, sino principal y primeramente ser visibles a nosotros mismos. Y esta cuestión, es importantísima debido a su carácter constitutivo y cualitativo por sobre al casi meramente cuantitativo de la visibilidad social hacia otros.
Antes de ser ante los demás, debemos serlo ante nosotros mismos, o lo que es lo mismo, si no sabemos quiénes somos individualmente, seremos anónimos en el grupo.
Una de las características constituyentes de cualquier medio social, es la capacidad que otorga al usuario de formular su auto-imagen social ideal; es decir, la forma en que a ese usuario le gustaría que lo vieran. Al entrar a formar parte de Facebook, Twitter o Myspace, el usuario debe reflexionar aunque sea mínimamente sobre su identidad, luego, generar una estrategia para presentarse en sociedad.
Esto es obvio para muchas personas que ya habían decidido ser alguien, para quienes su identidad había sido ya objeto de tratamiento, pero para muchas más, quienes habían sido definidas por sí mismas de forma pasiva y en muchos casos hasta negativa (sé lo que NO soy, antes que lo que positivamente soy), el comenzar a “ser” alguien concreto y visible fue y es totalmente nuevo.
Estas personas antes de comenzar a “ser vistas”, antes de poseer, cobrar o ganar visibilidad social, comienzan a verse a sí mismas. Este es el aspecto más esencial de la visibilidad al que aludía al comienzo.
La sociedad tal y como la conocemos desde hace mucho, es una sociedad de masas, de individuos invisibles. ¿Qué cambios sociales cabrá esperar a partir de la conformación paulatina de una sociedad de individuos perfectamente visibles como tales?

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viaje al interior de una caja de herramientas

Precaución: la palabra “Google” figurará en el presente artículo unas 18 veces -sin contar la que pasó-; si ésta le produjera alguna molestia o acelerara su ritmo cardíaco, por favor no siga leyendo.

Ayer quise integrar Google Latitude a mi página de iGoogle y caí sin proponérmelo en el submundo Google, que más que un submundo es una caja de herramientas.
Mi idea era simplemente comprobar cuántos de mis contactos en España usan efectivamente Google Latitude, pero como en la vida de una persona que sufre trastorno por déficit de atención con hiperactividad (tal vez mi caso) una cosa lleva a la otra y a la otra y a la otra, terminé experimentando un pequeño Google tour.
De Google Latitude pasé a iGoogle, desde allí salté a Google Sets, compuse un par de búsquedas y me fui a Google Buzz, donde actualicé el status. De Google Buzz volví a iGoogle, limpié un poco uno de mis Gmails y culminé la ronda en Google Académico, donde busqué algún material sobre Peter Sloterdijk.
Lo que quiero contarles no es esta serie de pequeñas acciones que desempeñé en el entorno Google, sino la permanente sensación de estar dentro de una caja de herramientas; eso es Google: herramientas.
No es función por sobre la forma, sino solamente función. Google no ha hecho jamás -o le ha salido fatalmente mal- el mínimo esfuerzo por ser humano, por tener piel.
Son todas sus interfaces completamente frías y áridas, imposibles de transformar en algo acogedor, en algo tuyo.
Tal vez esa pretensión de ser Dios lo ha hecho lejano y no-humano.
Vuelvo a la idea central: Google es un manojo de herramientas metidas en una caja básica de metal llamada Google, pensada por desarrolladores para que sea útil, para que sirva, para que convenga.
Lejos está de poder albergar conceptos como los de comunidad -y no me digan que tiene Orkut, porque es horrible- flujo, sucesos, contenido, interés, cualquier tipo de “movida que no sirva estrictamente para algo”…
Alguna vez leí que las búsquedas en tiempo real de Twitter ponían un poquitín en jaque a Google porque pertenecían a un modelo de web que él no comprendía, es decir, una web no basada en sites sino en flujo. Creo que su problema es más profundo todavía: aún basada su mentalidad en lugares fijos, es incapaz de generar empatía, de generar un sitio donde estar confortablemente aún cuando vaya porque es útil…

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la tendencia al no-lugar

Publicado en la revista Anuncios. Enero 2010.

Hace mucho, mucho tiempo (no podría precisar en cuál de los 7 días de la creación, pero fue sin dudas antes de Adán y Eva) se celebró el matrimonio entre tiempo y espacio.
Ambos tuvieron, como puede comprobarse, una numerosa progenie de siameses a lo largo de los siglos y por todo lo ancho del mundo, de manera que hemos ido conociendo entidades como “aquí y ahora”, “allí después”, “ahí antes” y muchas más.
Pero como sucede con una numerosa cantidad de matrimonios, este también llegó a su fin, dando como último descendiente -inmediatamente antes del divorcio y tal vez como causa del mismo- a un “ahora” sin siamés, a un “ahora” sin “aquí”, “allí” ni “ahí”; sólo “ahora”.
Y esto mismo es lo que está sucediendo “ahora” mismo en los social media: el divorcio entre tiempo y espacio.
Algunos prefieren evitar toda esta digresión con la que he comenzado y decir, simplemente, “estamos en el reinado del real time”; yo escogí el otro camino, el de la digresión, primero porque tiene cierta gracia y segundo porque nos permite apreciar mejor el corazón del asunto.
Cada minuto que pasa se hace más evidente que el “ahora” es un eje, un marco, una matriz progresivamente más gravitante y más convocante; en social media, si algo pasa, pasa ahora.
Durante 2009 todas las plataformas sociales optimizaron sus estructuras para ajustarse a la presencia más cercana y concreta del presente, es decir, al ahora. Twitter popularizó el search en tiempo real con la presencia del campo de búsqueda integrada en la interfaz de cada perfil, transformó las hashtags en enlaces, Bing y Google se acercaron a Twitter cerrando acuerdos para indexar su contenido, Windows Live integró los status de Myspace, Facebook añadió el botón de “Me gusta” y Google presentó su Wave. Y esto sólo para decirlo de foma sintética…
Hace unas semanas salí a la calle a preguntarle a chicos de hasta 17 años acerca de su uso de la web social, y algo que saltó casi inmediatamente a la vista es que el ahora se transformó en algo mandatorio: al indagar sobre qué cosas descargaban y desde dónde en referencia a la música (yo preguntaba con la presunción del BitTorrent en mente), la respuesta fue. “¿Descargar?, no, yo uso Spotify”; es decir, ¿Para qué esperar a que algo se baje si puedo tenerlo ahora en forma de flujo?
Y es esta última palabra la que se impone a la hora de hablar de real time, de ambient media, de la tendencia de los medios digitales en general y de los medios sociales en particular: flujo.
Es este el marco y los elementos que tal vez cambien la forma de pensar, desarrollar y experimentar la web; una serie de unidades en tiempo real distribuidos en forma de flujo.
Mucha gente tiene su cuenta de Twitter, pero casi nadie “va a Twitter” a experimentarlo. Esto es así porque Twitter está donde el usuario está y en ningún lugar en particular.
Lo que quiero decir es que muy posiblemente estemos yendo hacia una web que no esté más basada en sites, en “lugares”, en “espacios” a los que hay que “ir”. Una web en donde tiempo y espacio están divorciados, en donde el tiempo es real y el espacio tácito.
De la misma forma en que Google debió hacer un esfuerzo para comprender el “real time search” -básicamente porque Google viene de un modelo de web basado en sites, es decir, “para que él encuentre cosas, esas cosas deben estar en algún lugar” y real time es flujo antes que sitio- de esa misma forma, creo que a todos nos beneficiaría comprender el trasfondo de esta tendencia al no-lugar.
En síntesis, el real time, el ahora, el ambient media, son sólo un punto más de detalle; un paso más de los medios en su mimesis del flujo continuo de la realidad. Porque la realidad nos rodea, es en tiempo real y está sucediendo ahora.

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el gigante y el enano

El viernes 19 de marzo por la tarde quedé alineado a un cuadro de Marcelo Pogolotti, artista cubano del grupo de “los nuevos”.
Vi esta obra de 1935 enmarcada en la muestra “Caminos de la vanguardia cubana”, que se extiende desde el 19 de Marzo hasta el 3 de Mayo en el MALBA (Museo de arte latinoamericano de Buenos Aires).

Independientemente de lo interesante que me resultó tomar contacto con el movimiento de “los nuevos” o “de vanguardia”, según se denominó a esta corriente del arte cubano cuya madurez se cristalizó hacia los años 30, de conocer artistas de los que no había visto nada y de volver a corroborar que por delante de todo en nuestra cultura siempre está el arte, (*) debo decir que me sentí impresionado por “El gigante y el enano” de Marcelo Pogolotti, aunque no me gustara plásticamente su propuesta.
Lo que siempre agradeceré, o mejor dicho, por lo que siempre estaré agradecido a Pogolotti es por la idea que él hizo que me asaltara desde su cuadro.
La obra muestra una gran máquina fabril en casi la totalidad del cuadro; lo único que no es máquina es la imagen de un obrero operándola. De esta manera interpretamos instantáneamente qué cosa identifica el artista como el gigante y qué como el enano.
Y es esa idea la que me despertó un conocimiento: la cantidad de obras monumentales que el hombre ha hecho a lo largo de su historia, la cantidad de gigantes que ha construido.
Lo que me resultó revelador es la valencia positiva del concepto de gigante a la que pude llegar -esto tal vez ya no inspirado por el cuadro, ya que creo que en él el concepto de gigante es al menos ambiguo; posiblemente negativo asociado a la idea de monstruo capitalista que esclaviza al obrero, posiblemente positiva, asociado al poder del trabajo al que accede el individuo-, ya que me resulta ahora evidente que como personas construimos gigantes para sentirnos en cierto modo protegidos -a partir de vernos superados- por ellos.
¿Qué son las ciudades, qué las corporaciones, qué las naciones, qué las religiones, qué las redes sociales de millones de usuarios sino gigantes que nos arropan?
Creamos gigantes temporales -entidades que nos superan en el tiempo-, gigantes físicos (países, grupos de países), gigantes teóricos (las matemáticas, las gramáticas, las teorías musicales), gigantes emocionales o afectivos (esta es una buena forma de ver a los árboles genealógicos y a las construcciones de identidades nacionales, culturales, generacionales o de cualquier otro tipo) para defendernos de diferentes amenazas, de diferentes miedos.
El gigante, según como lo entiendo ahora, trátese ya de un gigante social -un club de fútbol, un partido político- o de un gigante personal -una colección de libros, un campo de 3 hectáreas comprado por alguien- es una herramienta contra el miedo antes que un agente que lo infunde…

(*) El arte imagina la proyección del presente, ve el árbol a partir de la semilla antes que la academia, que la política y que la ciencia; el arte es el primero en ver, comprender y denunciar lo que pasa ahora y lo que probablemente pase luego.

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legolízalo

Pocas veces vi un reposicionamiento y refuncionalización culturales como la que experimentó LEGO, el que naciera en Dinamarca como un juguete de ladrillos para construir.

Parte de este camino hacia la “universalización” comienza en la propia visión del fundador de la compañía y sus descendientes: LEGO comprendió rápidamente que los chicos que jugaban con sus bloques crecían, y junto con ellos sus necesidades lúdicas, de manera que fue sacando al mercado productos cuya clave fue -en varios sentidos, a varios niveles- la adaptabilidad.
Los bloques presentaron nuevos colores, tamaños y formas para adaptarse a un gigantesco número de necesidades creativas y los sets se fueron enfocando en diferentes grupos: en niños más pequeños, en niños mayores, en niñas, en bebés, en adultos jóvenes.
La adaptabilidad es la clave de ida y de vuelta; el producto cambia según mire edades y según lo haga desde épocas diferentes, y el niño por su parte aprende a adaptar el uso de las partes para la construcción del todo y desarrolla su habilidad en la resolución de problemas (no en vano muchos educadores los utilizan en sus clases).
LEGO no es sólo un “meta” juguete, un juguete de “partes para muchos todos”, sino un modelo de negocio que permite también muchas construcciones diferentes.
Pero en esta oportunidad más que hablar de las bondades de LEGO como set lúdico y su posterior desarrollo lógico en parques de diversión, video-games, talleres de robótica y soft para ordenadores, lo que quiero es apuntar a su refuncionalización cultural y a su carácter de “referencia social”.
Todos nos hemos encontrado en algún momento con muestras de la sub-cultura LEGO: algún video, foto o noticia relacionados con lo que estos bloques permiten lograr, pero cuando prestamos un poco más de atención, notamos que las dimensiones de este universo de contenido son enormes.
Algunos números obtenidos al momento de redactar este artículo:

Dentro de Facebook, al realizar una búsqueda por la palabra LEGO, nos encontramos:
500 grupos
33 aplicaciones (la que más usuarios activos posee, tiene 16.025)
356 páginas: (la más popular tiene 778,414 fans)
Innumerables post (entre status, wall posts, notas y links).

Twitter lanza un nuevo tweet sobre LEGO cada 5 segundos de promedio.

Youtube tiene 281.000 videos relacionados. Vimeo, 2.421 videos.

Flickr contiene 630.614 imágenes.

Digg devuelve 8.791 resultados y Delicious 45.692.

Fuera de este listado quedan el resto de soportes y redes sociales, donde LEGO casi siempre tiene varios grupos o hubs de contenido. En el área de search, Google devuelve al término “LEGO” 44.400.000 resultados, mientras que Yahoo! 225.000.000.

Sin necesidad de hacer un estudio del flujo de diálogo más detallado para obtener más datos del volumen y tipo de conversación que mueve LEGO, es ya evidente que muchísima gente no sólo está hablando de LEGO, sino “hablando EN LEGO” está contando cosas y comunicándose a través de este set que más que un juguete es un lenguaje.
Ante tal magnitud y diversidad de contenido, y fundamentalmente al intentar esbozar su estructura, lo que se comienza a percibir es que LEGO es una herramienta útil para la recreación de piezas culturales, para el modelado de referencias culturales.
Se vuelve a efectivar el hecho de la apropiación de la cultura a partir de la recreación de sus piezas -representando también uno de los principales métodos de definición identitaria que ha estallado a partir de las plataformas sociales-: no importa cuán bien la construya, pero si monto en LEGO una escena de mi película favorita, esa escena será más mía que nunca (y me ayudará colateralmente a definirme de ahí en más frente al grupo, en caso de distribuirla socialmente).
LEGO funciona como una base común, como un punto de partida, un marco, una plataforma, un verdadero código gracias al cual puedo generar una pieza compartible que sea al mismo tiempo referencia y autodefinición.

Hay una pregunta que se me presentó al tomar contacto con esta sub-cultura y que fue: “¿Cuál es la necesidad que esta construcción social está satisfaciendo?”
Luego de comparar este proceso de socialización de LEGO con otros que tienen al contenido social por protagonista, mi opinión es que este set de construcción está posibilitando una necesaria superación de las diferencias, de la diversidad cultural reinante en las plataformas sociales.
Brinda un “playground” común, con las mismas herramientas para todos, en donde lo que haga será a partir de mí, en varios aspectos auto-referencial y apto tanto para compartir con otros como para auto-definirme; todos éstos elementos esenciales en las nuevas plataformas sociales de comunicación, básicamente egocéntricas.

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El Salsamóvil -III-

Ustedes se preguntarán -hasta con cierta razón-: ¿Por qué aparece ahora otra anécdota? ¿Por qué después de meses y meses de nada? ¿Por qué nuevamente el Salsamóvil es el catalizador de historias deformes?
Lo único que puedo decirles es: Porque sí, porque la deformidad no está hecha para ser explicada; se da o no se da, y en este momento, se dió.
Les debía al menos el relato de seis sucesos acaecidos en el automóvil que fuera propiedad de Marcelo Ferreyra, y la verdad es que en todos estos meses no he podido dormir demasiado bien… comienzo contando uno -tampoco querrán que me hernie-, a ver si todavía era eso lo que me producía insomnio…

Gira Mágica y “Misteriosa”…
Ustedes deben saber algo que creo que no aclaramos en la primera de las anécdotas sobre el Salsamóvil ni antes aún, en la página “¿Qué hallar aquí?”: el efecto “secuestro de cerebro“.
Este efecto uno podía sentirlo apenas se veía en algún “momento Intocable”, ya sea en la sala de Thames, en el micro, en un escenario, en un bar, en cualquier parte…
La sensación era la de la pérdida total de la volición, la de estar metido en algo que era superior al propio discernimiento -aunque poco, algo había ¿saben?- y que te iba llevando hacia alguna situación de la que no teníamos mayor previsión.
Pues si el secuestro de cerebro se daba con sólo estar acompañado de la gente correcta, en el Salsamóvil esto se veía potenciado y hasta garantizado…
Cuando estábamos haciendo los ensayos para el segundo disco, al acercarse las fechas de la grabación, cambiamos la forma de ensayar: comenzamos a hacerlo por secciones además de todos juntos para así poder limar todas las asperezas que fuéramos hallando (me refiero a asperezas musicales exclusivamente).
De esta manera, Clody y Juan preparaban las voces, Ariel, Nitti, Ricky y Bam Bam las bases y el Bebe, el Tirolés y yo los vientos.
Para nosotros los bronces, siempre había sido un poco más complicado el asunto de los arreglos, primero porque había que pegarse al Bebe, que era muy superior musicalmente a todos Los Intocables, y segundo porque nuestro héroe estaba pasando por un período de entre indecisión y creatividad inusitados: cambiaba las voces y los arreglos dieciocho veces al día: “Hagamos esto… mmm… no, mejor esto… ehhh… no, mejor esto otro….”
En eso estábamos, cuando decidimos ensayar un día en la casa de Ferreyra, ya que la sala estaba ocupada por la base. La idea era pasar específicamente un tema: “Sin pedir Perdón” y trabajar juntos los solos, ya que irían pegados uno después del otro. (Les cuento una tontería en relación con ese tema: la primer letra del mismo la había hecho Gustavo Janse y decía: “Dale y reza y reza en el fondo de la iglesia, coge y coge y coge las manos del Señor”; tras un proceso de autocensura quedó como luego se grabó, con el “entrega por completo tu cuerpo y tu mente al Señor”…)
Yo ya sabía que pretender trabajar en lo Marcello era mucho pretender; existen empresas mucho más sencillas, tales como convencer a Vicentico de que deje de cantar como Tita Merelo, ser todavía más grasas que Tinelli o sacarse una astilla del dedo usando la oreja de alguien que se durmió en el colectivo al lado nuestro.
Sí, ya sé que todo esto es dificilísimo, pero llevar al Bebín a una rutina de trabajo lo es aún más.
Ni bien entrar con el Tirolés (pobre santo, creía que iba a ensayar y todo) el Pontífice del Ocio nos dispara: “¿Un cafecito Maestros?”. Fin del ensayo, a partir de ahí todo fueron anécdotas y bifurcadores de la atención tales como: “¡Poyín!, ¡Mirá lo que tengo! ¡El episodio que me faltaba de…!”
Una cosa llevaba vertiginosa y audazmente a la otra (ni Pancho Ibáñez hubiera pensado hasta qué punto “Todo tiene que ver con todo”) y tan pronto nos encontrábamos conversando sobre el momento en que Tara King entra en Los Vengadores -luego de la despedida de Emma Peel- como de las bondades de la pomada hemorroidal “Ice Ring”…
De hecho recuerdo algo curioso: el Bebe Ferreyra parecía muy excitado con el hecho de que el marido del personaje de Diana Rigg, tuviera un asombroso parecido con el mismísimo John Steed; “¡Son iguales! ¡Cuando él lo ve al otro por la ventana se queda duro!” nos decía. Esta recurrencia del Bebe -ese día lo dijo unas quinientas veces- volví a recordarla casi diez años más tarde, estando con Clodyn en Manhattan a las veinticuatro horas del treinta y uno de Diciembre de mil novecientos noventa y nueve (lo que dieron en llamar el “Millennium”); mientras la gilada estaba haciendo la cuenta regresiva en Times Square para pasar de siglo y de milenio al mismo tiempo, nosotros estábamos encerrados en un departamento viendo ese preciso y triste episodio…
Vuelvo a Saenz Peña, al piso once, a la casa del Bebe.
Habremos tomado no menos de siete cafés con Coffee Mate y sacarina de la fuerza aérea -cáncer en tres meses- (el Tirolés y yo, Ferreyra tomó alrededor de treinta y dos y no evidenciaba un deterioro de su salud), escuchado algo de doscientos segmentos de cosas tan variadas como el Festival OTI de la Canción -Edición Aruba de mil novecientos ochenta y uno-, la ópera Don Giovanni o piezas de Laurie Johnson, todas puestas y sacadas como por un Dj enfermo de rabia en estado terminal y hablado de cerca de noventa y pico de deformidades.
En un buen momento, caemos -caigo- en la cuenta de que hacía ya una hora que debíamos estar en la sala de Thames para ensayar con el resto de la banda.
Como se imaginarán, la única persona preocupada por este sutil retraso, era yo; al Bebín le daba lo mismo ir a ensayar, concurrir a un desfile de batones hechos con pañolenci o salir a pegarle tiros a quienes “dividen mal jazz”, y el Tirolés estaba en tal estado de shock después de esa inmersión violenta en la casa de Il Regista que ni leer el reloj sabía…
Dije: “Dioses, ¿Qué tal si vamos yendo a la sala que el resto de los egregios caballeros -y Lady Twain- nos deben estar esperando con cierto grado de inquietud?”
A partir de ese momento habremos esperado a Marcelo Horacio unos cuarenta minutos a que estuviera listo (lo de la pomada hemorroidal iba en serio), bajamos a la calle, nos subimos al Salsa y partimos -pensábamos en ese momento- rumbo al templo de la desmesura, sito en Thames 320.
En el preciso instante en que se cerró la última puerta del Peugeot 404, comenzó lo que definí antes como secuestro de cerebro.
Al salir de Saenz Peña rumbo a la Avenida San Martín pasando por Devoto, noto que el Titán (según el mote que con justicia le pusiera Kovalsky) diseña un derrotero que JAMÁS nos dejaría en la sala: estaba enfilando desde la plaza Arenales hacia la estación Devoto del FFCC San Martín.
Antes de poder preguntarle qué estaba haciendo, Dios nos dijo: “¿Otro cafecito Maestros?”. Lo que Ferreyra pretendía era llegar al bar que por aquel entonces se llamaba Fond Rouge (luego cambió su nombre por “La Fonda”) y así lo hizo.
Como no enfrentó ninguna posición en contra de su propuesta -ya teníamos todos el cerebro secuestrado-, terminamos tomando unos cuantos cafés más, cosa que nos habrá demorado entre una y dos horas que se sumaban a la demora previa.
Cuando volvió a aparecer en la mente de alguno de nosotros el compromiso de pasar por la sala, nos dispusimos a pagar, levantarnos y meternos nuevamente en el Peugeot.
En ese momento el Tirolés -que viajaba en el asiento del acompañante- intenta bajar la ventanilla de su puerta, para lo cual manipula la manivela y la hace girar. Apenas la mueve un micrón en el sentido contrario al de las agujas del reloj, el vidrio de la ventanilla se “descuelga” y cae al vacío, quedando súbitamente oculto en el interior de la puerta.
Ferreyra, al ver cómo desaparecía su vidrio, grita: “¿PERO QUÉ HACÉS? ¿ESTÁS LOCO?”
El Tirolés se quedó petrificado pensando: “¿Qué hice?”, pensamiento al que Marcello respondió -como si lo hubiera escuchado-: “¡Esa ventanilla no se puede abrir!… Mhmmm (gruñido y énfasis en la papada)”.
Bajamos del auto que jamás había arrancado, y lo que siguió fue una búsqueda oligofrénica y frenética de un destornillador con el que desarmar la puerta del Salsa. Como estábamos en plena calle -en la placita que queda enfrente de la estación de trenes- nuestras posibilidades de éxito eran remotas, por lo que el Bebe encara hacia el bar nuevamente.
Cuando yo estaba pensando: “¿Será posible que este Genio vaya a tomar más café?”, veo que vuelve con un destornillador en la mano y acompañado por el mozo Kissinger.
A este mozo lo apodamos “Kissinger” con Clody y Kovalsky no porque se pareciera a Henry, sino porque un buen día, de buenas a primeras y de forma absolutamente sorpresiva e inconsulta nos recibe en el bar con un besito a cada uno. A partir de ese día, KISSinger nos decía “hola” y “chau” acompañando la fórmula de cortesía con un mimito.
Llegó Lord Horace munido de un destornillador a la puerta en cuestión y se dispuso a desarmarla.
Como ya imaginarán, el Bebe desconoce de forma absoluta el funcionamiento de cualquier cosa mecánica fuera de su trombón, por lo que percibí que cuando enfrentó el interior de la puerta, para él eso que veía equivalía al abdomen abierto de un lagarto de Komodo: no cazaba UNA.
Movió varillas, sacó y puso y volvió a sacar tornillos, agarró con nerviosismo el vidrio para volver a dejarlo donde estaba y no dejaba de bufar y de decir una y otra vez -para incomodar al Tirolés-: “Mhmmm…(gruñido y énfasis en la papada)”. El Tirolés miraba, yo miraba y Kissinger miraba…
Cuando comprendí que esta situación nunca hallaría un final, le sugerí al Maestruli que subiéramos el vidrio como fuera y lo dejáramos fijo: de esta manera nos sacábamos de encima la complejidad de comprender el funcionamiento del sistema.
El Bebe expresa que está de acuerdo, lo ayudo a subir el vidrio, usamos el destornillador para clavarlo en el burlete de la ventanilla y que el vidrio no vuelva a suicidarse, nos subimos al Salsamóvil, nos vamos y dejamos a Kissinger en la plaza, sin destornillador y sin besito…
Cuando cerca de seis horas más tarde de lo acordado llegamos a Thames, nos encontramos con un cartel en la puerta que decía: “¿Dónde están HIJOS DE PUTA?
Tal vez no estaba dirigido a nosotros, sin dudas Ferreyra así lo pensó cuando nos propuso (juro que no digo esto para terminar simétricamente la historia; fue lo que pasó): “¿Otro cafecito, Maestros?”
…Terminamos en Nápoles…

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Mystery: “misterioso” método…

Primero vean esto, después les cuento:

Este video fue grabado por un servidor hacia las dos o tres de la mañana, con un teléfono celular desde el bolsillo de un gabán Ben Sherman de color negro talle small, el quince de Marzo de dos mil nueve.
Estábamos un reducido grupo de afortunados en la vereda de un pequeño local de la ciudad de Buenos Aires llamado Alabartola, luego de disfrutar de la buena música que había programado un amable y cortés muchacho de nombre Martín Cueto.
Como es habitual, Marcelo Horacio Ferreyra, cuyo talento para patear el eje de la realidad hacia la más flagrante deformidad sería adjetivado por pueblos de habla inglesa como “never-ending” o “everlasting”, saca -apenas incentivado para ello- como tema de conversación un curso presencial que había realizado y cuyo nombre genérico (que es en realidad el nombre de su creador) era: Mystery.
Independentemente de las notas etílicas que matizan su relato -produciendo leves descarrilamientos por momentos-, vemos aquí a un Ferreyra pleno, sólido, campeador en la Mutancia…
A quienes no lo conocían: ¿Pueden ahora enmarcar mejor el contenido que han venido leyendo en este anecdotario?
A quienes sí lo conocen y al público en general: es el momento de ver el video de nuevo…

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Lo mejor de Aruba no son sus playas

Antes que nada, por favor lean esto atentamente y háganme caso (el Back2Square1 carece de cobertura médica y no aceptará demandas ante eventuales casos de infartos o sofocamientos por risión): lo que sigue es fuerte.
Si no hubiera visto este video unas cuatrocientas treinta veces y no lo hubiera hecho analizar por expertos en artes visuales para que me aseguraran que no está generado con Silicon Graphics, no lo creería:

Contexto:
El playback de esta agónica pieza musical tuvo lugar en el Hotel Sheraton de Aruba durante el año mil novecientos ochenta y uno.
Fue grabado por un estudiante de la carrera de “cinematografía patológica forense” de la Universidad Juan Carlos Sorrentino, sita en la misma isla. El objeto de la grabación fue doble: servir de tesis propia y de material de referencia para el trabajo de un amigo, quien estudiaba antropología social y estaba redactando una monografía llamada: “Grupos humanos que no lo parecen. Aruba, 1981“.
El Bebe Ferreyra luce una silvana barba, una tierna juventud y un inquebrantable compromiso con la deformidad.

Tips para el correcto disfrute del material:
- Vemos desde el comienzo al Bajista Pequenín -lo llamaremos así hasta recordar su nombre-, quien ha servido de inspiración a generaciones de instrumentistas de la baja frecuencia (de hecho, Lebeat es bajista por Pequeñín)
–  00:25 Apreciamos por primera vez la gallarda actitud y lo ceñido de la camisa del Bajista Pequeñín. Discreto escote.
– 00:30 Entra en cuadro el baterista que no es (volveremos a él en un instante, pero no lo pierdan de vista)
– 00:34 Notamos una reprimida pero irreprimible risita de Marcelo Horacio
– 00:41 Aparece “Pasto”, guitarrista amigo de Ferreyra (Kovalsky afirma que Pasto no es humano: es el perrito Snoopy disfrazado)
– 00:45 Asombroso gesto del Bebín -levanta agresivamente sus cejas- para imprimir seriedad al conjunto escénico
– 00:59 Sutil quiebre, suave rotación de la cabeza del Bajista Chiquitín, lo que evidencia que mientras lo que nosotros vemos es a un bajista gay, lo que él ve de sí, es a una doncella medieval cubierta de entallado brocado -tocando una femenina mandolina en forma de bajo-
– 01:32 hasta 01:49 Nuestro baterista en el cenit. Decíamos que este es el “baterista que no es” porque en realidad se trata del tecladista. Un tecladista que no sólo no sabe tocar la batería, sino que jamás en la vida a visto tocar a un baterista
– 01:50 Uno de los mejores planos de Marcello

Por último, completan esta obra maestra un saxofonista de iraquí bigote y de cabello caoba (tono más improbable que la preocupación por el desarrollo sindical de la última década por parte de los Teletubbies) y el trompetista Serrano, quien supo ser el cónsul de Aruba en Buenos Aires (el consulado era su departamento).

¿Qué pasa? ¿Se sienten mal? Recuerden que lo advertí en la primera línea…

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el experto, el gurú y todos nosotros…

Les cuento cómo veo la cosa: Ustedes tienen muy poco tiempo para perder -y aprovecho para agradecerles el que hayan elegido dedicarle parte de él a este artículo- y yo muy poco tiempo para darle a cada cosa, de manera que iré al grano lo más rápidamente posible.

Hay sobre una mesa un huevo, y sentados a esa misma mesa, un gurú, un experto y un tipo como cualquiera de nosotros.
Mirando el huevo, el gurú imaginará -y nos lo contará, ya que no puede evitar contarle a todos sus visiones- el ave que nacerá de él. Asimismo ahondará en las últimas consecuencias ecológicas que ese ave podría provocar, al comer unos granos aquí y deponer bastante más allá.
A su vez, el experto hablará -lo más académicamente posible, claro, ya que es un experto- de los patrones de vuelo de ese ave, de las migraciones que reunirá a decenas de miles como ella, de los tiempos de desarrollo aún dentro del huevo y de los posibles riesgos que correrá el pichón y que tal vez impidan que llegue a adulto.
Mientras tanto, de escuchar -aunque con interés y hasta fascinación- al gurú y al experto, al hombre común, al hombre como cualquiera de nosotros, le entró hambre, tomó el huevo y se dispuso a cocinarlo.
En el momento de romperlo comprobó que el mismo no estaba siquiera fecundado, por lo que una vez frito, lo comió y se marchó.
Esta historia se repite todos los santos días, y no una sola vez cada 24 hs. sino varias, sobretodo en lo que respecta a los social media.
Esa sensación de estar escuchando y leyendo conclusiones, especulaciones, teorías y proyecciones pobremente fundadas, hace que a veces se abarate la práctica misma de estudiar a los medios sociales.
Esto es así porque sin un mínimo de perspectiva histórica, es anémico y superficial lo que pueda decirse del futuro (y hasta del sentido general del presente)…
Un gurú es una persona extraordinaria. Le creamos o no, confiemos en él o no, es extraordinaria (me refiero a que por tribu puede haber 1 gurú, nunca más gurús que gente corriente).
En lo referente a los aún emergentes medios sociales, la cantidad de gurús es pasmosa; la mayoría vaticinando cosas cuya facilidad es mayor a la involucrada en el hecho de meterle un gol al arco iris, asegurando otras que revelan su obsolescencia en pocas semanas o simplemente señalando en una dirección mientras el resto, los que se terminan comiendo el huevo, va hacia otro sitio diferente.
Me resulta de una ignorancia supina considerar que se puede ser experto de algo que acaba de nacer o aparecer: ¿Se imaginan acaso a un experto en elefantes que sólo pudo en su vida ver a uno de ellos a través del ojo de una cerradura a corta distancia, de manera que sólo apreció, digamos, unos 15 cm. cuadrados de su piel? Viendo apenas una porción de una de las orejas, ¿Se puede confirmar su estructura total?
No se puede ser experto en una revolución mientras se la vive; si queremos hablar de ella, tendremos que conformarnos, apenas, con ser cronistas…
Por todo esto, personalmente y en lo que atañe a los medios sociales, paso de las opiniones de gurús y de expertos; me quedo con lo que hacen los que se comen el huevo.

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cuidado con el enchufe

Hace mucho, mucho tiempo, yo estudié Diseño en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires.

En su momento mantuve una relación de amor-odio que signó mi paso por la facultad como alumno. Amor porque en mi opinión la UBA ofrecía la mejor y más sólida oferta educativa para esta disciplina -opinión que se ha visto reforzada con el paso de los años- y odio porque algunas cátedras y algunos docentes que conocí no tenían -desde mi intransigente posición de aquel entonces- el nivel suficiente para estar en esas posiciones que ocupaban (recuerdo haber preguntado en el segundo año de Morfología de qué forma podía medir la distorsión de nuestra visión -eso que hace que veamos que las vías del tren se unen en la lejanía cuando en realidad no sucede- para poder jugar con esa variable, y no obtener respuesta de cinco docentes, incluida la jefa de cátedra).
Agradeceré siempre el haber recibido una formación gratuita tan inmensamente superior a la que podía obtenerse de forma privada -pagando-, y el enfoque que quienes crearon la carrera de Diseño gráfico le dieron desde el comienzo.
Me refiero al hecho fundacional -y fundamental- de considerar que el diseño es una disciplina proyectual; no en vano se enseñaba en la otrora Facultad de Arquitectura y Urbanismo y casi todos los primeros docentes eran ellos mismos arquitectos.
Hasta no llegar a España, no había reparado en este hecho importantísimo; mientras en Argentina a nadie se le ocurriría confundir la formación de un diseñador con la de un estudiante de Bellas Artes, en España la confusión sí existe (no pocas veces me vi buscando diseñador y recibiendo en entrevistas a personas presentando acuarelas y óleos).
Y aunque resulte un poco audaz lo que voy a decir a continuación, creo que esta idea estructural es la madre -o la abuela, o aún un antepasado un poco más lejano- de las patologías que hay en la relación entre estrategia creativa y producción gráfica.
Digo lo que digo porque es más probable mantener a raya al gorila de la producción desde el lugar de quien proyecta que desde el lugar de quien produce/hace/crea.
Si el diseñador se siente similar a un artista, si se imagina a sí mismo como a alguien que “se expresa” mediante su trabajo, se meterá casi seguramente de cabeza en el fragor productivo. Si el diseñador en cambio se piensa como a un arquitecto que jamás debe perder de vista la totalidad del proyecto, es raro que, aún teniendo que poner ladrillos, pierda la visión total del plano.
Esto resulta tan obvio, que cualquiera que sea ajeno al día a día de una agencia o un estudio puede llegar a pensar que ni falta hace decirlo, pero créanme que sin un férreo entramado de procedimientos y protocolos, ese gorila de la producción del que hablaba, termina asfixiando al ave de la estrategia.
Esto es así porque la estrategia creativa pertenece al mundo de las ideas, mientras que el golem productivo, al mundo de las cosas. Y la idea no le gana a la cosa hasta que una voluntad visionaria transforme a la idea en una cosa y mejor.
Es mucho más común de lo deseable que el trabajo cotidiano en los ámbitos en donde hay diseñadores, le gane terreno poco a poco a la perspectiva, a la distancia entre diseñador y proyecto, y finalmente la estrategia y la conexión con lo que está más allá de ese proyecto (el usuario, el negocio mismo del cliente, los grandes movimientos de la comunicación) queden sin espacio.
Y a esto iba con lo del enchufe: toda maquinaria necesita alimentación, y con el fin de suministrársela es que la enchufamos, pero en este proceso hay una o varias etapas de aislamiento; jamás debemos contactar de forma directa con la electricidad que alimenta a la máquina o nos quedaremos pegados.
Para no matar el proceso creativo y eliminar la distancia que necesariamente nos debe separar de la producción, es que debemos implementar procedimientos -siempre internos al departamento creativo o al estudio de diseño- y protocolos -que definen las relaciones externas entre dicho departamento o estudio y el cliente, con otros departamentos o con proveedores-.
Procedimientos y protocolos (los primeros como reglas internas del equipo que genera la creatividad y los segundos como formas de comunicación con los agentes exteriores) no son más que aislantes, que protectores de la fragilidad del desarrollo creativo; dos sets de estrategias para resguardar nuestra fuente vital frente a la corrupción.
Hay algo que nunca debemos olvidar: el proceso creativo es frágil como cualquier cosa hecha o nacida para volar, mientras que del otro lado, recordemos, espera un gorila…

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la solidez de la alegría caprichosa

Cuando tengo la posibilidad de ir a Londres, salgo cada día a la calle con una actitud idéntica a la del pescador que se mete, aún de madrugada, con su barco al mar.

Sus redes quedan reducidas a unas cuantas pequeñas bolsas, lo más llenas posible, de revistas, libros, periódicos y cualquier tipo de publicación (recuerden que no soy millonario, sino mi cargamento serían varios contenedores portuarios).
En una librería del barrio de Clerkenwell, desde un pequeño exhibidor, llamó mi atención una publicación muy pequeña, tamaño tabloide doblado en cuatro, en papel no extra-blanco (placentero de leer), con su titular diseñado en una fuente didona, una gran foto al estilo de los Beautiful Losers en la portada y dedicada, en su edición número 10 correspondiente al otoño de 2008, a la Opulencia.
El nombre de este pequeño periódico elegante es The Drawbridge, y en él fue donde tomé por primera vez contacto con Zygmunt Bauman.
A continuación, mi modesta traducción del texto…

La solidez de la alegría caprichosa.
Las soluciones serias crecen en terrenos ajenos al miedo.
Por Zygmunt Bauman.

Nuestras diferencias son infinitas. Nunca encontraremos a una persona igual a nosotros. Por algún motivo, la mayoría de estas diferencias no nos molestan.
Las pasamos por alto o las desestimamos quitándole toda importancia.
Sólo algunas diferencias, en ciertas ocasiones, llaman nuestra atención y provocan un impulso a hacer algo, a establecer un límite, a buscar sus justificaciones y a explicar porqué deberían ser mantenidas intactas.
Nuestra actual obsesión por los límites, es el producto de la desesperanzadora esperanza de que podemos asegurarnos contra toda clase de riesgos y peligros, de que podemos sustraernos de las más vagas y desconocidas amenazas. Intentamos desesperadamente buscar soluciones locales a problemas producidos globalmente, aunque estas soluciones realmente no existan.
Todas las herramientas de acción colectiva que han sido creadas en la historia, han sido de alcance local. Tienen efectividad, como mucho, dentro de los límites de una nación. No tenemos ninguna herramienta empírica por encima de este nivel. El punto es que el poder real de hacer cosas se ha evaporado de las instituciones locales.
Hay políticos locales sin poder y poderes globales sin restricciones políticas. Como resultado sufrimos la incertidumbre y tememos a los procesos sobre los cuales no tenemos control.
Todo esto provoca una sensación difuminada de inseguridad muy bien identificada por la palabra precariedad: la experiencia de caminar sobre suelo tambaleante, de una fragilidad que se muestra virtualmente en cada aspecto de nuestras vidas.
La compañía a la que le dedicaste tantos años de tu vida, de repente quiebra o es tragada por una firma más poderosa, junto con tu trabajo y con la demanda, la utilidad de tus conocimientos.
Las relaciones humanas son igualmente transitorias y fácilmente interrumpibles. Existen “hasta nuevo aviso” y no más “hasta que la muerte nos separe”.
Duran tanto como la satisfacción que proporcionan. Y si tu pareja es quien primero se siente insatisfecho, pronto te verás solo. Mires donde mires, la historia es la misma.
Hace 50 años, siendo estudiante, fui instruido según el consejo de Sartre de construir y sostener un proyecto de vida.
Para mis más jóvenes colegas, semejante consejo es irrisorio. ¿Quién está todavía planeando algo para el resto de su vida?
Investigadores de las condiciones laborales contemporáneas advierten que “sos tan bueno como tu último proyecto”. Pero la memoria de tu más reciente éxito no dura demasiado.
La vida está fragmentada en una serie de episodios sin continuidad, sólo conectados débilmente.
La segunda lección como estudiante que recibí sin rodeos de Emile Durkheim fue: los placeres efímeros son demasiado volátiles, caprichosos y caducos como para producir una vida feliz, pero afortunadamente, agregó, está la permanente y sólida realidad por encima tuyo -y de la sociedad- la cual te sobrevivirá a vos y a tus placeres de corto plazo, de manera que puedas instalar tu vida -cargándola de significado- invirtiendo en esa otra totalidad indestructible.
Desde que escuché esto, viví pasando por 3 o más tipos diferentes de sociedad. El único elemento estable que aparentemente conectaba estos estadios de mi vida, fue, precisamente, esta ridículamente corta, individual, corporal y mortal alegría que Durkheim rechazaba.
Si nos pusiéramos serios en el acto de mitigar nuestra obsesión con los límites y las enemistades, tendríamos que hacer algo con sus piedras fundamentales: deberíamos reducir, si no eliminar totalmente, el miedo y la inseguridad.

Basado en un charla dada en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona.
Zygmunt Bauman es profesor de sociología en las universidades de Leeds y Varsovia.

PD: Si te interesa este artículo de Bauman, te recomiendo su libro Miedo Líquido, editado en castellano por Paidós.

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la identidad en el flujo

Cada cambio que se produce, produce una cadena de cambios.
Cuando cambia la forma de hablarle al otro, cambia la forma de estar presente, cuando cambia la forma de estar presente, cambia la presencia, y si cambia la presencia, cambia la identidad.

No hace falta recurrir a la audacia para afirmar que los diferentes medios sociales han cambiado la forma de hablarle al otro, o dicho con más precisión, presentan dinámicas alternativas de diálogo (tomando el concepto más abarcativo y vasto de diálogo, aquél que nos permite, por ejemplo, ver en ciertas fotos de perfil no sólo una forma de presentarse, sino también una forma de conversación).
A partir de este cambio se ha modificado la manera de estar presentes ante los demás, puesto que la forma social de presencia -me refiero a las formas de presencia dentro de los social media, que también son muy diferentes entre sí, dependiendo del medio- presenta diferencias fundamentales con las presencias masivas y las formas no-mediatizadas.
No es lo mismo “estar” en Facebook que “estar” en televisión o estar en una reunión con otros.
Nueva forma de presencia termina significando nueva identidad. Y este es el punto sobre el que realmente quiero detenerme: ¿cómo se manifiesta la identidad en el flujo social?
Una de las primeras maneras en las que pensé la diferencia entre medios masivos y medios sociales fue en términos de aquello que vehiculaba cada uno: se me hacía evidente que mientras que los medios masivos transportaban contenido, los medios sociales hacían circular diálogo. De esta forma veía a los medios masivos -por ejemplo la radio- ricos en contenido y pobres en diálogo, sobretodo comparados con los medios sociales, plenos de diálogo y anémicos de contenido.
Poco después comencé a ver a ese diálogo de otra manera: tomó forma para mí lo que llamo “contenido identitario”, es decir, contenido que presenta y define egocéntricamente al usuario que lo distribuye.
Un poco más tarde aún -y sin que esto signifique que lo anterior sea inválido- comienzo a considerar que más que contenido identitario, los medios sociales vehiculan pura identidad líquida, transformada en contenido.
La clave para comprender cómo ha cambiado la identidad es pensar que ya no se construye acumulativamente DESDE un lugar, sino dinámicamente EN el flujo que la transporta.
Nuestra identidad social ambiental -digo social ambiental apuntando a la que se desarrolla en los ambient media- es mucho más “gerundia” que “infinitiva”; antes que “ser”, “estoy siendo”…
La identidad online había virtualizado a aquella basada en presencia física; la identidad social de redes remodeló -permitió producir una versión mejorada, ideal- y extendió (posibilitó la profusión de contactos al hacer menos demandante de esfuerzos el “conocer” gente nueva) a la online, y la identidad social ambiental, la identidad en el flujo, nos permite ser en la medida y en la forma en que dialoguemos.
Hace años se decía: “si no está en Google, no existe”; ahora bien podríamos decir: “si no dialogas, no eres”.
Entonces, ¿Cómo es la identidad en el flujo?
Es una identidad que no atrae al otro hacia algún sitio para poder presentarse, puesto que no está atornillada a ningún lugar y posee una presencia pensada más como streaming que como sitio u objeto; la identidad fluida no te llama, va donde el otro esté.

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por qué los social media no son una moda

El 18 de Mayo, en el marco del seminario “Grandes tabúes digitales“, tuve la oportunidad de asistir al debate “Medios sociales: ¿Han venido a quedarse?” que tuvo lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Este seminario, organizado por la IAB España (Interactive Advertising Bureau) y la AEA (Asociación Española de Anunciantes), presentó en su segunda mesa redonda del día la pregunta que interroga acerca de la naturaleza misma de los medios sociales.
Personalmente tengo una opinión formada (que quienes me conocen ya imaginan) acerca de si los medios sociales son algo coyuntural y pasajero o si, como pregunta el título de la mesa redonda “han venido para quedarse”.
No es difícil prever que mi opinión es que efectivamente han venido para quedarse; lo que me propongo con este artículo es explicar porqué.
Los social media son la manifestación en el mundo de los medios de una revolución social, mucho más abarcativa, que excede el campo mediático para ocupar progresivamente más y más aspectos de nuestra cultura.
Si hablamos de la manifestación mediática digital de esta revolución social, es decir de los medios sociales, podemos decir que no son coyunturales puesto que representan la emergencia de dicha revolución; ella misma un proceso muy profundo caracterizado por:
1- La ganancia a escala social de identidad personal
2- El cambio radical de paradigma comunicacional
3- La localización de dicho cambio en el núcleo de nuestra cultura y no en su superficie o corteza

No es nuevo que haya personas con una definición identitaria muy desarrollada, lo nuevo es que haya TANTAS. No es nuevo que haya personas a quienes otras personas escuchan, ven o leen; lo nuevo es el número actual de escuchados, vistos y leídos.
Tengo la sensación de que el núcleo último de esta revolución social al que aludía más arriba, se encuentra en la identidad personal; más precisamente en la escala social que ha tomado la cantidad de personas que han desarrollado su identidad personal.
Lo nuevo, sintetizando, es la democratización de la identidad.
En absoluto es lo mismo sentirse anónimo que saberse alguien; cuando este cambio se produce, cuando ganamos identidad somos fundamentalmente “otra persona” y ya no volvemos jamás atrás.
No hablo sólo de la identidad mediática (esa que hace que pueda ver TV como si fuera “nadie”, pero jamás pueda entrar en Facebook sino desde un perfil “personal”), ya que ésta es el emergente de la ganancia de identidad personal que se viene desarrollando a través de décadas de puesta en duda de los líderes, puntos de vista, nociones y procesos centralizados tradicionales.
Cuando digo que el cambio de paradigma comunicacional que está experimentando nuestra cultura es radical, apunto a la remanida máxima de “el monólogo deja su lugar en favor del diálogo”. Por más que se ha dicho -y se seguirá diciendo- hasta el hartazgo, es la descripción económica de un proceso real, profundo y polifacético.
Que el monólogo mute en diálogo no es formal, no es una cuestión estética, sino la evidencia de un cambio estructural. Hoy son muchos los procesos -y todo apunta a que serán cada vez más- que se transforman en dialécticos, lo que equivale a decir que se complejizan de forma fractal al hacer intervenir a muchos más actores generadores de opinión, de conocimiento, de contenido.
Los objetos comunicacionales producidos por dichos procesos son inmensamente más ricos, diversos, orgánicos y completos. Son objetos transicionales, en permanente revisión y reformulación, con constantes aportes que los completan y remodelan.
Cuando digo que este cambio no es superficial, lo que intento decir es que no se produce en el ámbito mediático en origen, sino que surge del tronco, de la médula misma de nuestra cultura, y luego se manifiesta en los medios que vehiculan la comunicación.
Esta revolución se encuentra en el corazón de nuestra cultura: en la comunicación, en la forma misma de entender la realidad y expresarla. Esto no es superficial.
Básicamente por estos tres grandes motivos es que pienso que los social media, manifestación mediática de “la estructura personal de lo social“, ha venido para quedarse mucho más de lo que cualquiera de nosotros pueda alcanzar a vivir…

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la forma social de realizar

Antes que la cosa, está el modelo, antes que el modelo, está la idea, y antes que la idea, la necesidad.
A lo largo de la historia hemos recorrido el camino entre la necesidad y la cosa que la satisfacía de formas diferentes, pero aquello que sin dudas ha experimentado un cambio drástico son la forma en que modelizamos la cosa final y la propia solución última.

Son ese paso previo donde la idea comienza casi a cobrar forma física y la misma forma física, los que han cambiado en esencia desde que nos hicimos con el patrón social de comunicación.
Y no es casual que así sea, ya que lo que une los dos extremos de esta cadena, es decir, lo que une a una necesidad cualquiera con el objeto que finalmente le da respuesta, es un proceso de comunicación; ya de una persona con otros o de una persona con sigo misma. Al cambiar el proceso de obtención de una cosa, lo que cambia es dicha cosa.
Para ser más claro, permítanme hacer algunas precisiones sobre ese patrón social de comunicación y poner algunos ejemplos.
El patrón social de comunicación está definido básicamente en torno del “socialogue o sociálogo” (un neologismo que me tomé la irresponsable libertad de acuñar para nombrar y definir al diálogo social). Muy rápidamente definido, el socialogue -es decir la forma en que se llevan a cabo las conversaciones en los social media- es un diálogo multitudinario (tiene múltiples participantes), es asíncrono (pueden darse respuestas a llamadas hasta con días de diferencia), es pobre en contexto (los participantes toman piezas de diálogo sin saber exactamente en qué contexto se han generado), es identitario (al carecer de contexto sólo sabemos quién dice qué, y ese contenido se transforma en definición de identidad del participante, del que tal vez sólo sepamos aquello que dice en ese oportunidad), está atomizado en su secuencia (en parte por su asincronía, en parte por la multitud de actores intervinientes, muchas veces se responde a llamadas ya respondidas por otros actores, lo que hace que el diálogo experimente marchas y contramarchas), se ve refuncionalizado dinámicamente (un diálogo puede comenzar siendo argumentativo y transformarse en pragmático en su desarrollo) y transversaliza diferentes redes, registros y códigos (por ejemplo, cuando un usuario re-twittea un post, lo hace visible en una sub-red que antes de ese re-tweet no participaba de la conversación. Esa sub-red, conformada probablemente por otros usuarios, es posible que posea otros registros y códigos).
Bien, ahora que hemos sintéticamente caracterizado el patrón social de comunicación al definir el socialogue, veamos por qué hoy producimos respuestas a necesidades de forma tan diferente a como lo hacíamos en el pasado.
Mientras en un pasado distante tanto la idea como su posterior modelización hubieran surgido de un canon, avalado por autoridades aún más distantes en el tiempo -pensemos por ejemplo que en el medioevo toda pretensión de autoridad estaba respaldada de una u otra forma por la antigüedad-, en un pasado mucho más reciente y aún en el presente -por poner un año, digamos 2001- cualquier proceso de obtención de soluciones pudo y puede estar basado en la opinión del experto, sea este una persona física o una compañía o marca.
Desde hace pocos años a esta parte, comenzamos a socializar el proceso de obtención de ideas y su modelización, haciendo que todo el desarrollo sea más una colaboración y negociación entre múltiples actores que una presentación de credenciales.
Nace así la forma social de realización, caracterizada por una completud y diversidad de enfoque capaz de llegar a soluciones holísticas sin precedentes.
Esta forma es posible sólo gracias al socialogue, que es aquello que vehicula y coordina la colaboración fluida de multitud de participantes. Producto de esta forma social de realizar son la Wikipedia, Myspace, Twitter, Facebook, Flickr, Youtube y todas las plataformas alimentadas socialmente.
Todos ellos son verdaderos objetos sociales; complejos, mestizos, diversos y producto de nuestra última y más moderna forma de realización.

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la conversabilidad

Iba a comenzar este artículo diciendo que “como vivimos una notoria aceleración de la aparición y caducidad de nuevos eventos, así como un geométrico aumento de la producción de los mismos, terminamos generando e identificando primero al objeto particular y recién luego su arquetipo y características universales“, pero no lo voy a hacer.

Lo que hubiera querido decir con esa kilométrica frase -de haberla llegado a escribir- es que hoy nos vemos impactados por una enorme cantidad de “cosas nuevas que pasan” (desde nuevas manifestaciones de los cambios de paradigmas culturales en pleno desarrollo, hasta modificaciones triviales en las herramientas que usamos para hacer las cosas) y no tenemos la suficiente perspectiva para detectar universales que superen a ese evento singular y nos ayuden a enmarcar su aparición.
Pero bueno, finalmente me decanté por no comenzar este artículo de esa forma, porque realmente no me consta que esto sea una característica de nuestro presente, de nuestro omnipresente y omnisciente “ahorismo”, sino que tal vez haya sucedido siempre en la historia, sobretodo en la medida en la que nos centremos en disciplinas sin método.
Si pensamos en la ciencia, muchas veces ha sucedido como decía más arriba: a partir de un evento o fenómeno particular, se intenta generar la ley que lo explique, enmarque, contenga, pero otras veces ha sido la ley, el método, quien ha precedido al descubrimiento del objeto específico. Pienso por ejemplo en la tabla periódica de elementos, que “sabía” de la existencia de varios elementos químicos aún antes de haberlos podido verificar empíricamente.
En términos del estudio general de las diferentes manifestaciones de la revolución social que tenemos la suerte de vivir actualmente, y que desde un punto de vista estricto no puede ser llamado aún disciplina, ya por la falta de método, ya por la vaga definición de su objeto de estudio, nos encontramos permanentemente ante “singularidades sin marco ni arquetipo”.
Sólo luego del descubrimiento específico, comenzamos a entrever líneas que superan ese caso particular y ensayamos algún modelo arquetípico que nos hable de cosas menos anecdóticas.
Sirva esto de preámbulo a un concepto que me propongo presentar aquí: la conversabilidad.
Muchas veces nos encontramos con contenidos, identidades, conversaciones y diálogos que generan flujo conversacional, en contraposición a otros que no logran la apertura del mismo.
Habitualmente se habla de viralidad en referencia a las piezas con una alta conversabilidad, pero siento que eso no es correcto, ya que viralidad es un concepto necesariamente relacionado a la distribución de un contenido, y no a su estructura o dinámica interna.
La conversabilidad habla del objeto conversable en sí, aunque sea verificable a partir de las interacciones con todos los agentes del diálogo en el que existe.
Permítanme entonces algunas definiciones de conversabilidad:
La conversabilidad es al diálogo lo que la usabilidad a la interface y lo que la jugabilidad al juego; la conversabilidad es la usabilidad y la jugabilidad del diálogo.
Expresado de forma prolija, la conversabilidad es la calidad conversable de un contenido, identidad, conversación o diálogo; es decir, lo que determina cuán fácil -ya sea en términos de interés/convocatoria, riqueza de explotación, capacidad identitaria, etc.- es dialogar sobre, con o a partir de algo.

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La Madre de las Salas

Por algún motivo que se me escapa, Kovalsky suele ponerle nombres mutantísimos a sus perros (ojo, digo “mutantísimos”, no injustos); así, su histórico can respondía al nombre de Nicola (no tenía cola, de ahí que fuera justo, más no excento de mutancia). A su vez, su simpática compañera perrita actual se llama “Gambetta” (de nuevo, no es injusta su denominación ya que de no practicar uno gambetas que hasta los bailarines del Bolshoi envidiarían, podría pisarle alguna patita y desatar sin remedio la ira asesina del animalito).
Por algún otro motivo que también se me escapa (miren, a mí se me escapan motivos, a Napo o a Juan se les escapaban jirones aéreos del Infierno, así que no es tan grave), Clody no logra retener el nombre de la perrita de Kovalsky, y cuando quiere referirse a ella, lo hace con los siguientes nombres: “La perrita Tarantela“, “Cantinela“, “Candilejas” y -este no tiene más de cuarenta y ocho horas- “La perrita Rabieta” (¿?) (¡!)
Bien, lo que acabo de contar no tiene nada que ver con las siguientes anécdotas ni con la sala de Thames, pero es evidente que tenía que compartirlo…

Si hay algo que en mí desata una nostalgia más profunda que la fosa de Mindanao, esos son los recuerdos de cosas vividas en la sala de ensayo de Thames 320.
No es que no pasaran cosas maravillosas también en otros ámbitos -basta con recorrer un poco este anecdotario para darse cuenta-, lo que ocurre es que en la sala se precipitaban varios elementos decisivos.
Ante todo era “nuestro” lugar, era la base sobre la que construir algo, porque por más que aquí pongamos el acento en todo lo extra musical, lo cierto es que Los Intocables eran inicialmente un grupo de personas que consideraban que la música era lo más importante. Pensemos que por ejemplo el Bebe Ferreyra llegó como músico y recién luego fue adoptado como miembro de la familia mutante: recién luego.
De ahí que sea una sala de ensayo, es decir un lugar dado para tocar -y no un club, un bar, la casa de alguien- el sitio reconocido como base.
Luego creo que se daban situaciones psicológicamente importantes, como que los dueños de casa fueran una pareja que en varios aspectos estaban por encima nuestro y nos brindaran comprensivamente soporte (me refiero al matrimonio de Clody y Alejandro Velázquez, manager y co-fundador de Los Intocables).
Aquellas tardes de verano plenas de digresiones, aquellas previas de shows, aquellas noches interminables luego de los ensayos en donde bien podíamos discutir por horas el correcto agarre de palos o si los animales eran o no inteligentes son, felizmente, imborrables.
Bueno, disipo un poco esta nostalgia que comienza a gobernarme nuevamente y les cuento dos cosas que sucedieron en la madre de todas las salas…

El nombre de Los Intocables.
Como sabemos, cada cosa, para ser, necesita un nombre. Y las bandas, al menos en este aspecto, se parecen a las mascotas, a los bebés y a las logias: necesitan su nombre.
Cuando yo entré a tocar con todas estas… personas, la agrupación se llamaba Los Alcaloides y era -allá por el ochenta y seis-, la banda más convocante del under que aún no había grabado un disco.
A poco de entrar -pocos meses, siendo aún el verano de mil novecientos ochenta y seis- se plantea el tema de cambiar el nombre vigente: por un lado la banda quería establecer un corte claro entre una identidad mitad ska, mitad rockabilly -que era lo que hacían Los Alcaloides- y por otro parecía que lo de “alcaloides” generaba algún reparo en la televisión.
Más por el primer motivo que por el segundo, nos reunimos los de entonces en Thames 320 a presentar alternativas. Recuerdo que estábamos Miss Clody, Gustavo Janse -primer bajista de la banda-, Silvio -primer baterista-, Alejandro Napia Velázquez, Juan Velázquez, Bam Bam Giménez, Marcelo Yeyati, Ricky Ridecós y quien esto suscribe.
No fue lo que se dice una tarde muy creativa; apenas aparecieron nuevas propuestas, entre las que se escucharon cosas como “¿Cuál es su gracia?” y “Mercado Negro“.
En medio de las conversaciones se halagaban algunos nombres del momento, tal como “200 presos heroicos” (recuerdo la vehemencia de Gus al hablar de él: “Esh impreshionante, boludo, contundente…”)
De entre las opciones que iban apareciendo hasta ahí yo me inclinaba internamente por “Mercado Negro” -propuesta por Janse-; un nombre que sentía que nos hubiera representado muy bien: era fuerte, marcaba conflicto, tenía una firmeza hasta cromática. Eso hasta que Bam Bam Giménez propuso el suyo: “Los Intocables
Enfatizó su nombre con una descripción muy efectista y detallada de la serie de televisión que todos habíamos visto en blanco y negro protagonizada por Robert Stack, describiendo ropa, banda sonora y lo que hiciera falta para convencer a todos de que EL nombre era ESE -Giménez era capaz de venderle arena a los Emiratos Árabes-.
Debo decir que su exposición fue concluyente y todos nos quedamos con la total y absoluta convicción de que a partir de ese momento, ÉRAMOS Los Intocables.
Más tarde se dieron algunas notas de color en referencia al nombre escogido (que, reitero, surgió de la serie de televisión del cincuenta y nueve y no de The Untouchables, la banda californiana formada hacia comienzos de los ochentas -esa era una banda totalmente desconocida en Buenos Aires y recuerden que estamos hablando de la época en que por “mail” se entendía un pedazo de papel escrito dentro de un sobre con estampillas-): nuestro primer baterista se llamaba Silvio Enrico, y a partir de ese momento fue presentado sólo como “Enrico” (en alución a Enrico Rossi, uno de los agentes de Eliot Ness); nuestro segundo baterista (de nombre Hugo Magieri) adoptó el pseudónimo de “Nitti Mangieri” (en relación al mafioso Frank Nitti) y por último fue el mismo Bam Bam el que aportó una grabación de audio del televisor de su casa -la cual llevó a los estudios Moebio- y que terminó formando parte del tema “Crímenes en el motel” en el primer disco.
“Los Intocables” también fue un nombre que motivó comentarios fuera de toda calificación de parte de conductores de televisión excitables, como aquella vez que Leonardo “hombreras” Simons tocó con sus manos a  los miembros que estaban más cerca de él y luego preguntó -entre confuso y fronterizo-: ¿Pero cómo, son Los Intocables… si yo los pude tocar?. Una bella página también nos la entregó Macu Mazzuca, cuando de improviso abordó al Bebe Ferreyra, en uno de esos programas que había en “ATC” los sábados por la tarde y que demostraba que los directivos del canal no consentían en cortar la señal jamás (es decir, siempre debía de haber algo… lo que fuera) preguntándole: “¿Qué tal Eliot?”, a lo que Marcelo Horacio respondió (presa de la ilogia): “¡¡Ness!!”

Primero el trombón, después las galletitas.
Un capítulo aparte lo merecería la oferta gastronómica que rodeaba a la sala, pero desde ya les puedo adelantar que de toda la zona, donde mejor se comía era en Thames trecientos veinte cuando la que cocinaba era Clody.
Entre los lugares dedicados a la restauración que existían en las inmediaciones, teníamos: El Dandy, El Mérito, La Escondida y Nápoles (hablo de los que frecuentábamos, por Corrientes había más sitios).
También atacábamos una pequeña pizzería del tamaño de un kiosco para enanos (me refiero a los enanos esos que caminan, no a los del Lexicón), cuyo nombre no recuerdo (si es que lo tenía; creo rememorar que se llamaba “Pizzería”).
Cuando teníamos la dicha de contar con la buena predisposición de Clody -nieta por ambos lados de Chefs Internacionales (real)- a veces íbamos con Kovalsky a comprar los ingredientes a lo de “El Ruso”; una especie de cerril antisocial que te atendía en musculosa, con barbita de dos días (todos los días tenía barbita de dos días; un talento), con más conocimiento de lenguas muertas que de marcas de jabón y con una especie de cabeza de rulos a los Maradona, pero rojiza.
Años después me pregunté -aún lo hago- cómo es que íbamos a comprar cosas a este lugar ignominioso; de haber ido a lo del Ruso la gente de bromatología, seguro que terminaban pidiendo por radio refuerzos al departamento de Delitos contra la Especie.
El Ruso era hosco, no verboso y raramente respondía algo más que un cabeceo, sin embargo se mostraba cariñoso con las moscas, a quienes ofrecía diariamente copiosos banquetes. A pesar de esto -y de las denuncias por intoxicación de lesa humanidad que tenía a decenas- como dije, con Kovalsky insistíamos en comprarle delicatessens.
De más está decir que si Clody se enteraba de que habíamos ido a lo del Ruso, nos echaba de Thames a navajazos, de manera que mejor era evitar toda referencia al proveedor de las cosas que llevábamos.
Cierta tarde de verano, estando ociosamente con Kovalsky, Clody y Alejandro, decidimos ir a buscar algo con lo que acompañar unos mates, y sin decir dónde nos dirigíamos, enfilamos hacia lo del Ruso.
Ni bien llegar, fuimos recibidos por el anfitrión con una combinación exquisita de gestos: una mano rascaba un sobaco, y el mentón se proyectó hacia adelante como quien dice: “Los egregios caballeros, ¿gustan llevar algo?”.
Kovalsky sentía -siente todavía- una patológica atracción por las galletitas más mutantes que pudiera ofrecer la creativa industria nacional: siempre escrutaba por largos minutos las latas en forma de cubo con una ventana circular que se apilaban más allá de la visión descansada.
Siempre terminaba por elegir productos de nombres sorprendentes, tales como “Galletitas Cocoliche”, “Masitas Pierrot” o “Polvorones Elba”. Algo que llegaba a dislocarlo y a hacer que no escatimara erogaciones en metálico eran las galletitas con forma de pequeños rostros, ya de minúsculos clowns, ya de hombrecitos microcefálicos.
Esa era su especialidad y ese era el pedido que estábamos haciéndole al facialmente paralizado Ruso: “Maestro, ciento cincuenta de Cocoliche… ciento cincuenta de estas, las Pierrot, y dos cientos de Elba…“.
El Ruso, quien momentos antes de atendernos había estado destapando un desagüe con las manos sacando pelotas de pelo de perro, tomaba las galletitas y las metía en una bolsa translúcida… con esas mismas manos…
Entre esto y calculando el precio de la compra estaba el propietario del establecimiento, cuando por la radio -que tenía sobre una estantería- comienza a sonar un demoledor tema con trombón (en ese aparato generalmente se escuchaban los partidos entre Villa Cigarro y Deportivo Excrecencias, pero rara vez una joya musical de tales dimensiones).
Esa radio, la del Ruso, era de una calidad y potencia excepcionales, ya que podía escucharse lo que ella emitía a pesar de la capa de cinco centímetros de grasa que la envolvía holísticamente.
Al escuchar semejante tema -Kovalsky se acordará el nombre, ahora mismo soy presa de la idiocia-, que creo que tenía algo que ver con Mr. Trombone, nos miramos con un estupor que no entraba en el almacén, y salimos sin más corriendo cual cheetas rumbo a la sala.
El Ruso quedó aún más paralizado, tirando con sus dedos de dos orejitas de una de las bolsas haciendo un pequeño nudo, mientras veía cómo nos alejábamos corriendo por la vereda.
Llegamos a la puerta de Thames y comenzamos a aplastar el botón del timbre mientras gritábamos exigiendo que nos abrieran la puerta YA.
La misma finalmente se abrió, trepamos por las escaleras como quien huye de un río de lava, entramos en la sala de máquinas, sintonizamos lo más rápido que pudimos la radio que estaba escuchando el Ruso, pusimos una cinta en el equipo de audio y llegamos a grabar algunos minutos de la majestuosa composición.
Durante un tiempo pensamos que sería un tremendo cover para hacer, pero esto, como la normalidad, la prudencia, el buen gusto y el tino, sería olvidado más tarde.
Una vez que hubo concluido el tema, volvimos a lo del Ruso a pagar y retirar la compra; él nos vio entrar como si fuera la primera vez, y cuando nos despedimos dijo: “Mm“.

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Nunca digas: “No, no hagamos un video así”…

Todos teníamos claro que semejante banda, que semejantes músicos debían quedar documentados en un video. Fin, eso era todo lo que teníamos claro.
Con el afán de vernos involucrados en interminables jornadas entumecedoras de pómulos y devastadoras de abdominales, se toma la decisión -desde la banda, no como sugerencia de RCA- de tener un video del primer corte de difusión del primer disco: Nunca digas no.

Un guión para perderse.
Para desandar el camino que nos dejaría felizmente a todos reunidos frente a una pantalla, y disfrutando de una pieza audiovisual dura de interpretar, Clody comenzó proponiendo a una amiga suya de la infancia que había estudiado y se desempeñaba como docente en el Instituto de Arte Cinematográfico de Avellaneda.
Hablo de la inefable -vaya ejercicio- Nora Carola Tarragona, carácter que merece -y lo tendrá- un espacio propio en este anecdotario.
Luego del apoyo explícito o tácito a la propuesta de Clody, una tarde se cita a la señorita Tarragona a la sala de Thames 320 para comenzar a esbozar un guión.
Creo recordar que un día de semana (nos sirve ahora decir que fue un martes, por ejemplo) a eso de las 16:00 o 17:00 hs -¡tiempos ociosos vivíamos, amigos!- llegó Nora Carola con su inseparable amiga: María Oshiro, alias “la japonesa” (¡!).
De parte de Los Intocables estábamos sólo Alejandro Napia Velázquez y quien esto escribe. La única que tenía la ausencia justificada era Clody -sólo ella trabajaba además de tocar-, lo que me hizo ver, por si hiciera a esa altura falta, que los muchachos de Eliot Ness eran grandes saltadores al vacío: el guión del video les importaba menos que perderse Señorita Maestra o la publicidad de la muñeca Mimí en televisión (sí, esa que se bañaba con esponja y espumita).
Con esta escasa representación de nuestra parte, comenzó una reunión que me dejó espantado en el segundo tres, y que seguiría con esta tónica hasta después de terminado el encuentro. Tarragona y Oshiro desgranaron un guión -habían ya trabajado en la propuesta- que incurría una y otra vez en la ilogia, la anomia, la disolución del sentido común, la negación del pensamiento estructurado, el empobrecimiento de la cognición, la anhedonia en relación a la claridad y hasta el simple delirio en estado de total pureza.
En esta reunión nos noticiamos con Napia que la soda era la bebida ska argentina, la que, naturalmente, destronaría a la tradicional cerveza (¿?), que la policía secuestraría a algún miembro de la banda enrollándolo en una alfombra (más ¿?) o que se establecería una esotérica conexión entre Los Intocables y El Corto Maltés (sí, ¿? y ¡!).
Personalmente tenía pensado otro tipo de cosas, pero conforme pasaban los minutos me iba convenciendo de que cuanto más deforme el guión, más apropiado para nosotros y más excitante el rodaje…

Un camión repleto de bebida ska argentina.
Ya dije que para las guionistas la soda (de sifón) era la bebida ska argentina, de manera que para este video debían localizarse cantidades ingentes de bebida ska, de más está el hecho de decirlo.
Esto se logró en el barrio de Pompeya, donde un inocente propietario de un camión de reparto de sifones, nos cedió irresponsablemente la fuente de su manutención.
Nora Carola y la oriental Oshiro habían fantaseado dos escenas complejas: que Napo bailoteara SOBRE los cajones de sifones y que Bam Bam lo hiciera SOBRE el techo de la cabina del camión.
A Napo -quien en aquella época era capaz de beber veneno o de montar un mueblecito a martillazos sobre la cabeza de un Exocet-, ni se le pasó por la mente decirle que no a las videastas, de manera que durante unos 10 minutos se dedicó a poner en riesgo sus metatarsos y articulaciones haciendo un equilibrio audaz -suicida- sobre los sifones del pobre repartidor.
En cuanto al skanking de Bam Bam, recuerdo que se desarrolló en un entorno de extrema tensión, ya que Tarragona gritaba desde detrás de cámara a Kovalsky para que se moviera más y más (tal vez con la ilusa ilusión de que Giménez alcanzara el nivel de irracionalidad de nuestro dancer o la performance del moreno Leroy de Fama).
Lo que ocurría es que el techo de la cabina del camión tenía un comportamiento retráctil -al estilo de la pequeña cúpula del LudoMatic-, y no la solidez de una vereda de concreto, como imaginaba la directora. Esto hacía que el joven percusionista tuviera que mantener clavadas sus botitas de gamuza en los ángulos del techo de chapa.
A pesar de todos los esfuerzos puestos en que las escenas de baile fueran admisibles, debo reconocer que el objetivo no fue alcanzado…

¡Tirá el palo, Nolber!
El casting del video de “Nunca digas no” lo componían, naturalmente los miembros de Los Intocables de aquella época -los del primer disco con Hugo Mangieri y sin la presencia del primer baterista-, la hija de nuestro productor ejecutivo Oscar “cachetazo” López (aún no comprendo por qué aparecía en el video, ya que su imagen era más similar a la de María Creuza que a la de Pauline Black), el primo de Napo, un amigo de nuestro dancer llamado José María, Andy Villar en el papel de pordiosero (ver – Andy en Quién es Quién) algunos “rudies” extras (como el increíble Balá -ver – Balá en Quién es Quién-) y quien probablemente haya sido el no-miembro de la banda más notable de la producción: Norberto “Nolber” Gasman.
Este auténtico personaje encarnaba a uno de los tres policías que transitan la historia, pero su momento de gloria lo alcanzó hacia el final de la segunda y última jornada de rodaje.
Era una escena que no tenía la mínima posiblidad de quedar bien: se le exigía al actor que -machete en mano- soportara que toda la banda se le tirara encima salvajemente. Él debía padecer el peso de ocho personas que se arrojarían luego de tomar carrera y elevarse en el aire hasta caer sobre su cuerpo, el cual estaba apoyado sobre la vereda de clásicas baldosas tipo “vainilla” de la esquina de Thames y Padilla.
Lo peor del caso es que la escena no quedaba como la rigurosa dirección deseaba, de manera que las tomas se repetían una y otra vez, como la promesa de lisiar de forma irreparable al pobre Nolber.
El ánimo del actor caía en picada a la vez que su irritabilidad aumentaba; el resto de nosotros no hacía más que disfrutar a la hora de construir una montaña humana sobre el policía de ficción.
Ya de noche -y obviando flagrantemente que la luz con la que habíamos grabado la escena inmediata anterior era diurna- se decide rodar una toma más de esta escena (digamos la número veintitrés), en la que, es preciso aclarar, el supuesto policía debía arrojar el machete al asustarse ante tamaña aglomeración de personas que se proyectaban sobre él.
Gasman hace lo acordado: al ver que ocho tipos se le tiran encima, arroja asustado el machete lejos de él, cosa que la directora Nora Carola no percibe.
Ya conformada la torre mutante sobre el pobre hombre, desde detrás de la cámara, Tarragona grita repetidamente: “¡Tirá el palo, Nolber!” -no pronunciaba “Norber” sino “Nolber”-, “¡¡Tirá el palo, Nolber!!”.
En un arrebato homicida, el tal Nolber sale forcejeando de entre la masa -que en ocasiones entre carcajadas le propinaba alguna que otra patada fuera de guión- y completamente fuera de sí, al mejor estilo Bill Bixby a medio transformar en Lou Ferrigno, grita mirando a cámara: “¡¡¡YA LO TIRÉ!!!, ¡¡¡MOGUL… MOBUL!!!” (el pobre sufría evidentemente una disminución en la irrigación cerebral debida al aplastamiento y no podía pronunciar correctamente la palabra “boluda”).

No me extenderé demasiado recordando pequeñas instantáneas que regaron aquellas cuarenta y ocho horas de alegría, pero vienen a mi mente la pelea que tuve que protagonizar con dos histriónicos policías forcejeando por un pollo crudo (lucha que gané), de qué manera me masticó el labio inferior una doncella -ante la cual Jairo sería calificado de “desdentado”- presionada maliciosamente por el resto de la banda en la única escena hot del video, cómo Bam Bam intenta esconder un naipe detrás de una de sus orejas -y el gesto sólo comprensible para cuatro personas que motiva esto en Juan Velázquez-, y el heroico gesto de Gus al interceptar con su mano un botellazo que tenía por destinataria a la cabeza de Juan, y por autor a un heavy metal que se consideraba dueño de una esquina en la que debíamos rodar una escena.
Sólo diré tres cosas más:
1- Lo mejor del video no es el material editado indudablemente, sino el material en bruto (posiblemente perdido para siempre)
2- No quiero que parezca esta crónica en absoluto difamatoria o despectiva del trabajo de Nora Carola Tarragona ni de María Oshiro; yo mismo me presté a protagonizar años más tarde “El Oráculo Tubular“, de su autoría
3- Espero haber satisfecho -o comenzado a satisfacer al menos- el pedido de Aleska del 12 de Enero sobre relatos en referencia a los videos Intocables…

Una cosa más: si alguien consigue este primer video, comuníquese inmediatamente con nosotros, será elogiado con energía. Si en cambio lo que logra es conseguir el material en bruto, recibirá algo más eterna gratitud; ponga usted el precio…

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Esa chica me recuerda a Roberto, ¡Carlos!

No sé si esto que les digo les sonará bien o mal, pero voy a decirlo de todas formas: el Back2Square1 ha reunido recién aproximadamente un veinte por ciento de todas las anécdotas registradas por nuestra tradición oral.
Eso significa que queda aún mucho por contar; que lo hagamos efectivamente, que tenga algún tipo de valor para ustedes o que le interese siquiera a alguien, es otra historia…

Todo aquel que haya tocado -o cualquier otra actividad que lo lleve sobre un escenario, bajo unas luces, frente a un micrófono, cámara o detrás de un atril cualquiera-, sabe de primera mano que existe una sub-raza de personas que se sienten súbitamente atraídas por el momentáneamente notable, cosa que en absoluto tiene que ver con el valor o talento de éste, sino sencillamente con esa dulce fragancia a fama que le ha sido vaporizada, aparentemente, sobre el cuerpo.
Me refiero al “efecto radiador“, ese que produce que se te peguen aquellos que, sin saber demasiado bien hacia dónde iban o qué hacían, terminan su revoloteo al lado tuyo; sólo para compartir “lo que sea” y siempre bajo el total desconocimiento de quién sos.
Una noche, luego de un show en un atestadísimo local de -probablemente- Paso del Rey o Ituzaingó, en el oeste bonaerense, nos encontrábamos reunidos Los Intocables en un backstage pequeño pero acogedor.
El clima era exultante y por demás alegre, tal vez con ciertas leves tonalidades etílicas aterciopeladas, perfecto para entonar a viva voz el tema “Yo te avisé” de Los Fabulosos Cadillacs.
En rigor de verdad, quien cantaba esa bella página era el inefable Rubén Ribero, un agente infiltrado de nuestra agencia de contrataciones que, en el reverso de la portada del segundo disco de la banda, figura con el llamativo cargo de “líder espiritual”.
Ribero -ya un hombre mayor-, saltaba de aquí para allá gritando “¡¡¡Yo te avisé y vos no me escuchaste!!!“, hasta que en un determinado momento, entre Kovalsky y yo, sin que nadie supiera quién era ni de dónde había salido, apareció tímidamente sentada una morena muchacha en el sofá en el que estábamos.
Juro que al menos yo no la vi entrar al recinto ni ubicarse en ese sitio; simplemente se materializó allí, sin decir nada, sin tener nada que decir, sin mostrar demasiado interés por ninguna cosa o persona.
Ese era el efecto radiador, no cabía duda, el que hacía que alguien se te adhiriera sólo porque no se le ocurría algo mejor para hacer en ese momento.
Lo que sucedió a partir de ese instante, fue un encadenamiento de actos coordinados por una aparente capacidad telepática, que no era otra cosa que el manejo de un código muy aceitado.
Al noticiarnos de la presencia de nuestra nueva y espontánea amiga, sin mediar palabra, nos miramos con Bam Bam y comenzamos a pedirle a Rubén Ribero que NO apague la luz.
Ribero, que jamás había tocado el interruptor de la luz en toda la noche, interpretó lógicamente la súplica que le decía: “Ribero, por favor no apagues la luz“, como un pedido expreso de oscuridad momentánea.
Y así efectivamente lo hizo: apagó la luz por unos cinco segundos, tiempo más que suficiente para arrojarle a nuestra amiguita todo lo que contenían nuestros vasos.
Al encenderla, Rubén “Road” Ribero retomaba su canto y con Kovalsky volvíamos a entablar una conversación sobre el correcto agarre de palos o el promedio de vida de las musarañas, obviando por completo la presencia de la chica que se hallaba sentada entre nosotros.
A los pocos minutos, el pedido volvía a dirigirse al fabuloso cantor: “Rubén, en serio, no apagues la luz“, y una vez más, cubiertos por la súbita negrura, algo se proyectaba sobre el cuerpo de la joven bonaerense.
Esto sucedió unas tres o cuatro veces, y cada nueva iluminación de la habitación permitía ver a una más mojada criatura, empapada de gaseosas varias y cerveza en una ronda, llena de cubitos por la espalda y el escote en otra…
Lo curioso -y lo que nos llegaba a fascinar con Bam Bam- era que la víctima no reaccionara de forma violenta o intentara huir de ese sitio lleno de personas que la malquerían. Estaba estupefacta, eso sí, con ciertos espasmos térmicos, también, pero sin la más remota decisión de apartarse.
Cuando tirarle variedad de cosas y fingir luego que nada había pasado dejó de ser interesante, lo que se convirtió en nuestra debilidad fue indagar en su psiquis: “¿Quién eres tú, angélica presencia local?, ¿Qué te trae a estar aquí?
De esta manera Kovalsky la saluda como si acabara de verla, e indaga por su nombre. La chica responde a lo preguntado y nuestro percusionista practica una prodigiosa contorsión lógica respondiendo: “Ah, hola ROBERTO, mi nombre es Bam Bam y él es el Monseñor Pollo“.
La joven no sabía por dónde empezar a deshilvanar aquello: ¿Roberto?, ¿Bam Bam?, ¿Monseñor Pollo?
Ahí mismo aclara que ella “no se llamaba Roberto”, sino ¿Lucy?, ¿Norma?, ¿Esther? (no lo recuerdo y me tortura que así sea), a lo que Kovalsky reitera que sí, que ella era Roberto, que él entendía perfectamente a qué se estaba refiriendo.
Acto seguido nos indican que debemos subir al bus para retirarnos dignamente cual stars, por lo que materializamos un trenecito entre todos -no tan digno ni de tan stars- cuidando de que no se nos escapase Robert (peligro que no existía, créanme).
Y así llega nuestra beldad al celebérrimo micro del Turco, donde se pudo finalmente comprobar que el objetivo de nuestra femenina Rupert era, ni más ni menos, casarse con Bam Bam Giménez.
A partir de aquí sólo referiré lo que siguió sin detalles y por oídas; lo primero por aprecio al buen gusto y lo segundo porque al tardar veintidós años los plomos en subir todos los equipos, decidí ausentarme con Clody y El Tirolés rumbo a nuestras respectivas casas y por nuestros medios.
Se dice que Bam Bam convenció a la joven Roberto de que todos los presentes eran socialistas (sic) -dando una extralimitada acepción al término- y que todo lo compartían; hasta aquí llego.

Semanas -largas- más tarde, debíamos tocar en otra próspera y pujante localidad de la Provincia de Buenos Aires, -sé que suena pedante mi ironía, pero recuerden que nací en cuna de oro en El Principado de Saenz Peña- por lo que todos debíamos darnos cita en Thames tres veinte para salir en nuestro bus seis estrellas.
Tomo ya de noche el tren rumbo al Paradero Chacarita -que no estación, sólo “paradero”- y al bajar en el mismo, veo sentada en un banco ni más ni menos que… ¡A Rupert!
Apenas focalizo su no demasiado expresivo semblante, -Bob llevaría allí sentada no menos de un par de horas- me propino a mí mismo un par de cachetadas del tipo Pepe Díaz Lastra para comprobar que aquello no era un sueño.
Ocurre que lo que imaginé instantáneamente -y luego comprobé- fue que el maléfico Kovalsky le había dicho a Robert, ante la segura insistencia de ella por verse y discutir detalles sobre la inminente boda, que se encontraran “dentro de cuatro semanas en la estación Chacarita del San Martín a eso de las diez de la noche“. La vaguedad de la instrucción era malintencionada, pero el amor, amigos, ¡Todo lo puede!
Y allí estaba yo, para oficiar de agente y socio de Cupido y hacer todo lo buenamente posible para que la pareja -como bien hubiera apuntado otro Roberto- finalmente se formara.
Al acercarme a ella, le digo con timidez: “Disculpame, ¿vos sos la novia de Bam Bam?” Al responderme ella con luz diáfana en sus ojos que sí, le informo que su prometido me había enviado para conducirla ante su presencia.
Esta cadena feliz de casualidades jamás fue creída por Kovalsky, quien hasta el día de hoy piensa que o llamé a Roberto y pacté el encuentro o hasta la pasé a buscar por su casa con una limusina. De nada me sirvió jurarle que no tenía su número telefónico ni que era yo un abyecto personaje.
Lo cierto es que allí estábamos los dos, Rupert y yo, caminando por la Avenida Corrientes rumbo a Thames; me sentía como un jovial jilguero. Al llegar -como sólo lo hacíamos unas dos horas después de lo pactado y no cinco-, nos encontramos con que aún no se había apersonado nadie, por lo que nos proponemos sentarnos a esperar.
El primero en llegar es, vaya morisqueta del destino, Rubén “Noche” Ribero, a quien le presento a Roberto en su papel de “la novia de Bam Bam”.
A partir de aquí se desata una actuación delirante de Ribero, quien se muestra progresivamente disgustado con el percusionista, acusándolo de los más bajos delitos económicos.
¿Bam Bam?” preguntaba irritado, “¡Ese es un atorrante!
Yo, sinceramente consternado -imaginen la cara de Bob- intentaba mediar: “Pero Rubén, ¿Por qué decís eso?“, a lo que él improvisaba cosas como: “No, no me hagas hablar en frente de su novia…“, para añadir luego de un silencio tenso: “Ese Bam Bam… ¡no sabés lo que le hace a la madre!… ¡le prestó siete australes y le cobra un interés del doscientos por ciento mensual!, ¿A vos te parece?
Rupert apenas atinaba a acotar, con una buena carga de anhedonia, cabe decir, cosas como “Nunca lo hubiera creído de Bam Bam“, cosa que ayudaba a regenerar el ciclo de llamada-respuesta.
Acto seguido, Robert saca de una bolsa de plástico una malla negra, enteriza pero con un más que radical escote y en un estado de conservación deplorable, como si la hubiera rescatado de un burdel de Bagdad, luego de algunos de los fuegos de la guerra.
Con una inocencia patológica, nos cuenta a Ribero y a mí que un amigo de Bam Bam llamado Mac se la obsequió para que se la pusiera en casa de éste. Abatidos, nos preguntamos con Ribero si Kovalsky acaso quería buenamente a esta muchacha o si más bien no sabía de qué forma sacársela de encima.
Al cabo de un largo rato van llegando todos Los Intocables, a quienes se les va presentando uno a uno a la joven prometida y a quien el status de “la futura Señora Bam Bam” le hacía muchísima ilusión.
Cuando por fin llega el percusionista pretendiente y comprueba la presencia de su amada, sus ojos, cuales láseres lacerantes enfocan mi persona, a la que dirige un trabado y lacónico: “Pollín, esto no tiene nada que ver“.
Sin permitirme ensayar algún tipo de descargo, Kovalsky subió a Rupert a su Renault 12 color azul sujetándola fuertemente del brazo y nunca más supimos ella.
Sí, no con poca tristeza debo decirles que esta bella pareja, ni prosperó ni me hizo tío…

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status tamagotchi

Escribimos cómo estamos, qué pensamos, qué estamos pensando ahora, qué vimos, qué escuchamos, qué nos pasó.
Muchos creen -y dicen desde sus status en Facebook o desde Twitter- que quienes cuentan todo el tiempo las cosas que les pasan, piensan o ven, son idiotas. O exhibicionistas, o egocéntricos.

No visualizan el hecho de que el streaming de presencia, se ha convertido en parte de nuestra posición social.
Lo que se da en nuestro status -hablo de lo que decimos en nuestro status de Facebook o en 140 caracteres- no es en realidad un story telling de cosas que vivimos o pensamos, sino una narración liviana de nosotros mismos; en este momento somos en la medida en la que podamos contarnos a nosotros mismos. Somos nuestra narración en streaming…
Si nuestra presencia se da cuando decimos (cuando nos contamos a los demás), somos sólo si decimos; si no tenemos nada para compartir, nada que decir sobre algo que hayamos visto, que nos haya gustado, que nos inspire un comentario, un link, una foto o un video, en ese preciso momento, al no tener presencia, por definición desaparecemos.
Y esto es lo que quienes descalifican a aquellos que se han licuado en el flujo no entienden: hablar de sí, en este contexto no se trata de narcisismo, sino de identidad, del hecho mismo de ser.
Esta necesidad de presencia -recordemos que cada vaso de agua pasa muy rápido cuando lo que observamos es un río- hace que tengamos que darle de comer muy a menudo a nuestro status. Éste se transforma en una entidad demandante que efectiva su existencia a partir de vehicular contenido; por eso nos pide de comer todo el tiempo, por eso nos pide que contemos algo.
Y como aparte de darle de comer debemos cuidarlo (ni más ni menos que como a nosotros mismos), nuestra identidad fluida se comienza a parecer a un tamagotchi que, ante el abandono, muere.
¿Qué es entonces nuestro status en los diferentes medios sociales que lo permiten? Historias identitarias, narraciones mediante las cuales contamos quienes somos…

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La Liga del Libre Movimiento

Madrid, 14 de Junio de 2011

A finales del año pasado anunciábamos con bombos y platillos los lanzamientos casi paralelos y sincronizados de los diferentes COS (Car Operative System) de Toyota, Honda, BMW y Peugeot.

La Liga del Libre Movimiento, por Ernesto Alegre

Semanas más tarde apuntábamos a la desgraciada característica de todos estos sistemas de presentar incompatibilidades y desconexión entre sí; esto hace, aún ahora que el problema no se ha resuelto, que los conductores de coches Toyota, por ejemplo, no puedan tener contacto alguno con los conductores de otras marcas. De esta manera, todas las funciones sociales de estos sistemas operativos, tales como compartir en tiempo real experiencias de viaje -la cámara fotográfica “RoadSight” del nuevo Honda NowCaster hace circular en un ambient media propio de Honda las fotos y vídeos que va tomando el conductor y los tripulantes- rutas e información variada del tiempo, la circulación y el estado de las carreteras.
A pesar del rumor del lanzamiento de una API por parte de BMW para su sistema operativo Synapse un hecho insólito tuvo lugar a unos 30 km. al norte de Almería (una API es básicamente lo que hace de un sistema algo abierto; es lo que ha hecho hace años de Google Maps, Facebook y Twitter el éxito que fueron).
Los cuatro sistemas operativos de las firmas antes nombradas han sido hackeados simultáneamente en sus módulos de GPS, produciendo desvíos masivos en la A-7, la E-15, la A-92 y la N-344 por carreteras menores hacia el desierto de Tabernas, en Andalucía.
En una parcela cuyos datos GPS son 37.0625, -95.677068, los conductores extraviados se encontraron con un gran cartel que ponía: “Tu movimiento es tuyo – Apertura de los sistemas operativos de automóviles YA” tanto en castellano como en inglés.
Al pie del letrero podía leerse una dirección web: “www.freemovingstream.org” donde el grupo auto-denominado “Liga del Libre Movimiento” da a conocer un manifiesto, cuyos puntos más relevantes son:
1- Publicación de APIs para todos los sistemas operativos de automóviles
2- Conformación de un consorcio representado por todas las firmas automotrices y una delegación de conductores con el fin de definir un protocolo común para todas las marcas
3- Clara y transparente política de privacidad de los datos registrados por el automóvil: el propietario de esos datos es el conductor y debe tener la posibilidad de elegir con quien compartirlos.
Asimismo, la Liga del Libre Movimiento advierte que ante la negativa de las compañías a reconocer estos derechos a los conductores, las acciones de alteración masiva y coordinada de los sistemas GPS, como otras a evaluarse pueden repetirse en el futuro.
Ninguna de las firmas de automoción se ha expresado en detalle hasta el momento sobre este hecho, salvo la emisión de algún comunicado de repudio.

Article source: http://feedproxy.google.com/~r/ernestoalegre/~3/hT7ab-WKyD8/

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La función del contenido

Uno de los motivos por el cual me aburren los gurús de los social media, es por su amor a los dogmas -auto-acuñados, por otra parte-, del tipo “las 10 cosas que jamás hay que hacer en Twitter” o “los 5 tips para tener éxito en tu próxima acción en Facebook”.

Y digo esto porque aunque quiera -que no quiero- me resulta tremendamente difícil señalar algo que en el entorno social sea siempre de una sola forma. Simplemente no es cierto que siempre sea mejor responder inmediatamente a un comentario en lugar de hacerlo un día más tarde o nunca, no es cierto que el humor sea siempre “viral”, ni que sea vital para todas las marcas del mundo, tener una articulación en real-time en términos de responder “¿Qué estás haciendo ahora?”.
Pero contradiciendo todo lo dicho hasta esta línea (no habrán pensado que la cosa venía tan fácil, ¿no?), debo reconocer que tomar al contenido como lubricante del diálogo social, me resulta aplicable a todos los casos que al menos soy capaz de visualizar ahora mismo.
Lo que quiero decir, yendo más allá y aunque suene dogmático, es que el contenido es ni más ni menos que la carne del diálogo de una marca. Y por contenido me refiero a las piezas que ésta distribuye gracias a los diferentes medios sociales, y que motivan los comentarios, los “compartir”, los “me gusta”, los re-tweets, las menciones, los favoritos y los check-ins de parte de quienes deciden comenzar a dialogar con ella.
La variedad de contenido socializable es muy grande: a los tipos de contenido en términos estrictos de formato -que tampoco son tantísimos- tenemos que sumarles las múltiples funciones que los usuarios atribuyen a cada uno, y ahí sí nos encontramos con una gran diversidad.
El resto, todo lo que no es contenido en sí, como por ejemplo los status y los tweets casuales, representan el nivel más fáctico de la comunicación social de la marca; aquello que sólo verifica que el canal no está seco (pero no es realista creer que sólo con esto construiremos un vínculo de relevancia con el otro desde la marca).
Bien, ahora, ¿cómo generar contenido y cómo intentar hacerlo funcionar?
Lo primero es detectar cuál es el modelo de contenido apropiado para nuestro grupo. A nivel de formato el vídeo no es naturalmente lo mismo que una infografía estática, ni un slideshow lo mismo que un podcast.
Ya dentro del formato vídeo, por ejemplo, no es lo mismo una captura casera de una determinada situación, que una serie, una entrevista o el resultado de un pedido de generación por parte del usuario.
Nada de todo lo anterior es lo mismo, no sólo en comparación unos con otros, sino de la misma exacta pieza en relación con diferentes grupos. Por eso lo primero es descubrir qué modelo de contenido es el idóneo para el grupo en cuestión.
A la hora de intentar hacer funcionar dicho contenido en una determinada sub-red (por decir algo, quienes le han dicho “me gustas” a una marca), hay una diversidad de factores a tomar en cuenta y a hacer gravitar en la estrategia (y que también intervienen en la definición de su modelo): el lugar reservado al usuario en dicho contenido, el código y los guiños de los que hace uso, hasta dónde y de qué forma resulta identitario para quienes lo reciben, el o los ejes semánticos que posee, la frecuencia de lanzamiento de contenido original y un largo etcétera.
Por último, me gustaría responder la pregunta más básica en relación a este tema: ¿Cuál es la función del contenido en los entornos sociales?
La de permitir que el usuario lo utilice para definir su identidad, la de posibilitar que la marca defina la suya propia, la de conocer más en profundidad con quién estamos dialogando, y la de dejar que ese otro nos conozca mejor a nosotros, la marca.

Article source: http://feedproxy.google.com/~r/ernestoalegre/~3/b6-zGIy-nOY/

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“squam”

Yo estaba acostumbrado al spam, como todos, creo.

Desde la venta de píldoras que prometen solucionar los problemas de disfunción eréctil (me niego a poner su nombre comercial en el post, porque seguro que Google me penalizará de alguna forma por eso) hasta las ofertas de rellenado de cartuchos de tinta, pasando por propuestas inusitadamente ventajosas de bancos africanos y cadenas para evitar lapidaciones y ejecuciones remotas -ante lo cual más de una vez me pregunté si los gobiernos capaces de matar a alguien a piedrazos, son sensibles a las cadenas de emails, ya que no a la vida humana-.
Pero a pesar de llenar nuestro inbox, de burlar a la corta o a la larga cualquier filtro, y de agotarnos con ingentes cantidades de mediocridad, hay algo que tiene de bueno el spam: no cabe duda de que es “malo”. Quiero decir que uno no tiene que ponerse a pensar si lo borra o no; la única reflexión en relación al spam es cómo evitarlo.
Pero como sabemos a la perfección -si es que tenemos ya más de 6 años de edad- que a la vida muchas veces le encanta presentarse bajo complejas formas, existe también un flujo de entrada de mensajes “buenos”; me refiero a MUCHOS mensajes “buenos”.
Todo reconoce y es afectado por la idea de medida; un beso es algo bueno, diez besos es algo muy bueno, pero diez millones de besos (consecutivos) pueden resultar algo asfixiantes. El beso es bueno, hasta que, fuera de escala en su cantidad, pasa a dejar de serlo.
Esto mismo ocurre con la llegada de cosas “interesantes”.
Una información que nos resulte interesante, es, ¿cómo decirlo? “interesante”. Diez cosas interesantes representan un grupito muy interesante, pero no ya diez millones, sólo cincuenta cosas interesantes al día son, por expresarlo de alguna manera, desesperante.
Y la desesperación nace de saber que no se puede con todo eso, que necesariamente nos perderemos de ver cosas, de contactar ideas, de conocer ópticas, de emocionarnos, de inspirarnos, de aprender…
Sucedió siempre, pero ahora el tren de todas las cosas que se nos escapan, es más visible, más comprobable… y se nos escapa por mucho menos que hace un tiempo atrás.
Si todo el cúmulo de cosas inútiles y no solicitadas que tocan a diario nuestra puerta es identificado como spam, propongo un término para todo aquello útil y deseado que, debido a su volumen, quedará sin leerse, verse, escucharse, conocerse: “squam“.
El squam es el spam de piezas de calidad, es el enorme volumen de información que escogimos en algún momento, que pedimos recibir y que tras una exagerada demanda de nuestra parte, termina ahogándonos.
Si estás metido sólo en un par de grupos en LinkedIn -de tu estricto interés-, si estás suscripto a otro par de feeds -también cuidadosamente seleccionados de acuerdo a lo que es relevante para vos- y recibís alguna que otra newsletter a la que hayas optado efectivamente por recibir, no menos de treinta cosas dignas recibirás al día, de las cuales como mínimo diez merecen una atención mayor que sólo leer un título y las primeras tres líneas.
Si a esto -y estoy siendo tremendamente conservador, se los aseguro- le sumamos la demanda social mediática (mensajines a granel en Facebook y Twitter como mínimo), la sensación de que estamos perdiendo un bagón lleno de maravillas se hace más patente aún.
Y si además le añadimos el hecho de que nos atraen más de uno o dos mundos (es decir, si somos gente tridimensional y no hombrecitos de Flatland), la cosa se complica -multiplica- considerablemente.
Es un hecho incontrastable: hoy no se puede ser renacentista contando con días de sólo 24 horas (ni con vidas de más o menos 80 años)…
Dependiendo de cómo seas y de cuán amplio se presente tu espectro de intereses, estarás más o menos expuesto al squam; si sólo te importa la influencia que ejerce el clima en la manera de atarse los cordones de los zapatos en la gente gangosa, es posible que recibas un email cada veinticuatro años, ahora si estás interesado en social media, diseño de interacción y música británica, -perdón por la expresión- estás más que jodido.
Podemos resumir lo antes dicho con (y se preguntarán por qué no lo hice antes): lo que molesta en el spam es encontrarlo; lo que molesta en el squam es lo que perdemos…

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Los bots salen del armario

Madrid, 22 de Octubre de 2013.

Lo que comenzara hace apenas tres días como un gran escándalo, está tornándose en la crisis más “ingestionable” en la historia de los social media.
Ocurre que cada unas pocas horas, nuevos aspectos y alcances del llamado “Bot Outing Affair” (algo así como el caso de los bots saliendo del armario, o “La revelación de los bots”, como titularan los medios locales) cobran carácter público.
El pasado sábado 19, cerca de 10 millones de perfiles en Facebook -actualmente la segunda plataforma social del mundo-, revelaron no ser quienes aparentaban ser desde hace meses y hasta 1 año y medio.
Los status de 10 millones de quienes hasta ese momento eran considerados chicas y chicos comunes, padres y madres de familia, profesores y expertos de los más variados temas y hasta fakes obvios de celebridades reales, confesaban que ellos nada tenían que ver con sus fotos de perfil ni con sus ciudades natales: su identidad se encerraba en unas cuantas líneas de código.
De esta manera quedaba al descubierto una de las más grandes violaciones a la ética que el marketing haya llevado a cabo jamás: quien hasta hace días dialogaba contigo sobre algún tema de tu interés, te preguntaba sobre tus vacaciones, te enseñaba fotos de sus hijos, te confesaba que estaba harto de su trabajo o hasta te insinuaba pícaramente su interés por tu persona, no era más que un bot, un diseño producto del trabajo interdisciplinar de ingenieros, psicólogos y expertos en comunicación.
Durante las últimas 48 horas, el número de “reformed bots” (bots arrepentidos) ha subido a 50 millones, aunque pareciera estar desacelerándose su crecimiento.
Tres han sido las revelaciones del día de hoy en torno de este escándalo:
1- Los bots en cuestión no se han “rebelado” de motu proprio como lo hicieran los replicantes del film Blade Runner, sino producto de un virus
2- Dichos bots eran gestionados por agencias de muy bajo perfil, propietarias de lo que ahora se conoce como “granjas de identidad”
3- La inseminación del “virus de la sinceridad” -como comienza a denominárselo en estas horas- se la ha atribuido un grupo que se hace llamar Thelonious Bishop.
Estos 50 millones de identidades falsamente personales (que representan cerca del 5% de los usuarios activos actualmente en Facebook) sorprendieron a todos sus contactos (estimados en la casi totalidad de los usuarios de la red mencionada) con mensajes del tipo: “Sé que creéis que soy Alberto González, que me apasionan los coches deportivos marca Benthon y que vivo en Sevilla, pero en realidad soy un bot identificado como AlGoSe36_SOL y vivo en los servidores de la granja de identidad de la compañía Logic Hearts. ¡A disfrutar de este finde que promete mucho!”.
Esteban Pinto, ingeniero de la empresa de seguridad informática Masse Benoit, nos permite comprender un poco mejor la naturaleza del ataque a las granjas de identidad:
“La estructura de los mensajes provocados por el virus regret3 -tal el nombre que le pusieran sus diseñadores- es similar en todos los ataques. Las víctimas son al menos 25 propietarios de granjas, aunque es difícil saberlo debido al interés de los mismos en no develar sus actividades”.
“Aparentemente el virus ha logrado romper la barrera que separaba la identidad pública de la definición privada y operativa del bot (su nombre de referencia real, su rol social simulado, las compañías que alquilaban sus recomendaciones) y, utilizando las unidades semánticas disponibles por el mismo, redactó varios millones de status reveladores”.
Desde un enfoque comunicacional, la consultora en new media Beatriz Cárdenas Suarez, nos señala que: “Las granjas de identidad eran, para la gente del sector, un secreto a voces; lo que a todo el mundo dejó impresionado fue el volumen de identidades que manejaban y lo que es aún peor, el volumen de relaciones que han sido capaces de establecer”.
“Siempre han existido lo que llamamos “fake profiles” o “perfiles falsos” dentro de las estrategias para social media, pero el nivel de sofisticación desarrollado por estas compañías y que se ha evidenciado en los últimos días, es fabuloso. Cada identidad falsa mantenía una serie de contactos tanto con perfiles reales como con decenas de otros bots; esto hacía que su definición identitaria fuera muy compleja y difícil de asimilar a una identidad no personal”.
“La inteligencia de las granjas se basa en generar “gente común”, no celebridades ni gurús, y su éxito reside en el enorme volumen de identidades y su “poder de murmullo”; cada uno de nosotros cuenta con un promedio de 4 bots en su grupo de amigos…”
Lo que todos los especialistas aseguran es la reacción negativa que se espera de parte de los usuarios “reales” frente a la mención de marcas en entornos sociales, aunque hay quienes indican que también, por contraste, se revalorizarán las recomendaciones de nuestros amigos “físicos”, aquellos que nunca nos dirán, como me dijera hace dos noches Analía Giménez: “Te diré por qué no puedo quedar nunca contigo a tomar algo: soy apenas unas cuántas líneas de código y mi casa es un ordenador de la empresa Deep Ties. A propósito, realmente no sé si la fragancia L’Homme es perfecta para tí…”

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El fenómeno del CrowdFighting o “Cómo ayudaste a invadir Palestina”

Madrid, 7 de Febrero de 2015.

Desde hace años se viene hablando del peligro que conlleva el detallado conocimiento social, creciente y sin precedentes, en manos privadas.
Inmediatamente después de la eclosión de las plataformas sociales -más de una década atrás-, el acento estaba puesto en la privacidad personal; en esos momentos todo lo que se identificaba como preocupante era “cuánto sabían sobre mí”, los propietarios de las enormes bases de conocimiento comportamental individual como Facebook.
Con la aparición de los llamados modelos de previsión de grupo a gran escala (o MPGGE), -creados por sociólogos computacionales a menudo relacionados con think tanks-, lo que comenzó a ponerse en evidencia, es lo peligroso que puede resultar la posesión de un conocimiento tan preciso del comportamiento ya no de individuos concretos, sino de grupos de cientos de miles y hasta millones de personas por parte de corporaciones.
Todo un nuevo mundo se abre para la jurisprudencia internacional (los grupos sociales mediatizados no reconocen límites políticos), de cara a controlar a quienes tienen “la receta de cómo funcionan exactamente las sociedades”…
Hasta hace tres meses, cuando Barry Healy, David Stein y un grupo de programadores amigos decidieron hackear el juego de guerra más sofisticado del mundo y contar una historia horrorosa, el término “crowdfighting” (algo así como “tercerización masiva de la lucha”) era completamente desconocido.
Lo que Healy y Stein revelaron, fueron las ciento cuarenta y tres coincidencias precisas que detectaron entre las estrategias de treinta y un jugadores de Ashtoreth y la dinámica de asentamiento de colonos israelíes en Palestina durante el último año y medio.
Ashtoreth es un juego multijugador masivo social online (MMOSG), que desafía a los usuarios a desarrollar estrategias de colonización por parte de una porción del planeta del mismo nombre, en detrimento de otro sector menos aventajado pero de indomable espíritu.
El juego poseía (puesto que actualmente se encuentra suspendido por decisión de sus creadores) dos niveles públicos: Ashtoreth Settler o nivel inicial -aunque ya muy complejo comparado con la media de juegos de su tipo- y Ashtoreth Premier, nivel superior en donde el usuario ya supera las acciones de campo y entra en el mundo de la política.
Lo que Healy, Stein y los programadores hackearon dentro de Ashtoreth, fue la imagen que servía de textura al propio planeta, cambiando su mapa topográfico por el texto mismo de su denuncia, cuyo impactante título fue: “En este momento, estás ayudando a invadir Palestina”. A pesar de que la imagen estuvo online diecisiete minutos, decenas de miles de jugadores, y luego los medios sociales y la prensa, comenzaron a tomar estos datos por ciertos.
Pero fue una investigación del New York Times publicada el pasado Enero, la que reveló la existencia del tercer nivel “no-público” de Ashtoreth: aquel que los administradores del juego llamaban internamente “Elite” y que, con el desconocimiento de los propios usuarios involucrados, sólo jugaban alrededor de cien jugadores repartidos en veinticuatro países.
Evelyn Bates, periodista de este medio neoyorquino a cargo de la investigación, asegura que “Ambient Games, la compañía detrás de Ashtoreth, tenía estructurado el juego en tres grandes niveles: Settler se proponía captar a los jugadores con un especial talento estratégico, quienes eran los elegidos para pasar a Premier. Este segundo nivel desarrollaba las capacidades políticas de los estrategas, y los cien que demostraban no sólo más inteligencia específica, sino mayor adaptación al trabajo dentro de un grupo coordinado, pasaban a Elite”.
“El dato más escandaloso es que Ambient Games es propiedad de varios miembros de DEVPRO, un think tank que colabora desde hace años con el gobierno del Estado de Israel en el diseño de políticas sociales y de educación. En el curso de nuestra investigación, hemos descubierto muchas más coincidencias que las ciento cuarenta y tres que inicialmente encontraron Healy, Stein y su grupo, entre lo desarrollado en la ficción de Ashtoreth y la colonización real en Oriente Medio, lo que significa que DEVPRO, por intermedio de Ambient Games se valió ilegítimamente de la inteligencia colectiva para diseñar la mejor estrategia de ocupación de la historia”.
Mucho más cerca en el tiempo, la semana pasada, el periódico británico The Telegraph levantó directamente de UGAME, la red social para jugadores, lo que aparenta ser un nuevo caso de crowdfighting.
Decenas de jugadores avanzados de Kunar Squad II, un juego de simulación bélica que transcurre en una provincia de Afganistán, comenzaron a notar concomitancias entre sus complejas operaciones ficticias y varias acciones militares llevadas a cabo por el ejército de los Estados Unidos en Irán, dentro del marco del conflicto desatado el año pasado entre ambas naciones.
De confirmarse las presunciones de la comunidad de jugadores, este caso de crowdfighting iría aún mucho más allá que el anterior, ya que lo que deja traslucir The Telegraph, es que el sistema pondría directamente en manos de jugadores expertos (sin su consentimiento ni conocimiento, y siempre con un filtro centralizado que evaluaría las mejores combinaciones y movidas) tanques y vehículos aéreos no tripulados, pero con capacidad de fuego.
De todo esto parece poder deducirse una máxima que dice algo como: “Más allá de la interface, alguien se está tomando en serio tu juego…”

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La industria del vínculo

Madrid, 22 de Mayo de 2014.

Los tres lanzamientos más importantes de las últimas dos semanas, parecen señalar que finalmente la llamada “industria del vínculo” comienza a consolidarse.
Hasta ahora la única compañía que se hallaba en este sector -y que ha sentado las bases y los primeros estándares del mismo- era la canadiense Smart Bond, quien en Marzo de este año presentó en sociedad el concepto “Bondtent”.
Según Juliet Chandler, vicepresidente de desarrollo de producto, “Bondtent representa una verdadera revolución en el mundo del contenido.
Tradicionalmente, éste se encontraba estructurado en torno de ejes semánticos y sintácticos; lo que importaba cuando leíamos un libro o veíamos una película era básicamente de qué se trataba y cómo se contaba.
A ese contenido lo llamamos ‘topic centric’ o ‘enfocado en el tema’ del que trata.
Luego apareció el ‘contenido identitario’, un tipo de contenido que los usuarios producían o sólo distribuían con el objeto de definir su identidad en medios sociales. Si bien comenzaba a hablar de quien estaba detrás de él, lo cierto es que no se había generado de acuerdo a ejes afectivos; seguía siendo ‘topic centric’.
En cambio la idea de Bondtent, lleva todo mucho más allá: es ni más ni menos que ‘vínculo transformado en contenido’. Nosotros no creamos artículos sobre surf, ni recetas de cocina, sino una identidad sintética llamada Carlos o Lucía que le cuenta esa técnica para cuidar la tabla o ese truco para montar la nata a cada usuario de forma diferente, basándose en el vínculo que establece con él.
Los usuarios ya no buscan contenido, sino un ‘amigo que sepa sobre algo que a ellos les interesa’”.

Friendset.
En esta misma línea que creara Smart Bond, uno de los lanzamientos que nos ocupan hoy es el de la compañía Friendly Content. Se trata del mismo concepto, pero pensado desde la perspectiva del grupo más que de la óptica individual.
El director comercial de Friendly Content, Erik Diehl, nos cuenta desde New York las claves de Friendset, su nuevo producto: “Friendset continúa la tendencia de los contenidos de vínculo, pero llevándolos a un nivel grupal; lo que el usuario adquiere no es un amigo que le cuente sobre su esfera de interés, sino todo un grupo de amigos que lo involucra directamente en un determinado mundo.
De esta forma, si lo que te interesa es el cine independiente japonés o el jazz de las big bands, compras todo un grupo de amigos especialistas en la materia, cada uno con sus opiniones y matices. Dentro de ese grupo pueden darse diferencias y hasta polémicas, siempre pensadas a partir del vínculo que cada integrante construye con el usuario.
Las identidades siguen siendo sintéticas, basadas en soft, pero la propia dinámica del grupo, permite llegar a niveles de naturalidad sin precedentes…”

Never-ending Me.
La segunda presentación corrió por parte de la empresa británica Gilmour Four, y apunta en una dirección totalmente diferente: el mantenimiento del vínculo con el otro “pase lo que pase”.
Atkin Toulson, portavoz de la compañía y quien en los últimos días estuviera a diario en informativos de la BBC y Sky News rodeado de polémica, se ha hecho unos minutos para comentarnos de qué va el nuevo producto.
“Never-ending Me es un servicio que nos permite acceder, de cara a los demás, al estado de permanente conciencia, y llegado el momento y la decisión del usuario, a lo más parecido a la inmortalidad que conocemos.
El usuario paga una cuota mensual de entre 2 y 4 libras, y luego del período de carencia que dependiendo del usuario puede extenderse desde los 6 meses al año, su identidad comienza una socialización sin límite en el tiempo.
Por ahora, los usuarios optan mayoritariamente por el paquete de socialización en períodos de inactividad personal, sobretodo en vacaciones largas.
Nuestro soft aprende la identidad del usuario durante el período de carencia y genera un perfil social activo, que incluye una muy detallada definición de conocimientos, inquietudes y formas de diálogo de quien accede a Never-ending Me. De esta forma, cuando el usuario no está disponible -ya sea por estar ausente en viajes prolongados o por fallecimiento- nuestro perfil sintético lo remplaza sin que su grupo de pertenencia lo note”.

S, L C.
El tercer lanzamiento del momento lo constituye Acquaintances, de la firma Share, Like Comment, presente en Londres y Madrid.
Es precisamente el director de relaciones públicas de la filial en Madrid, Ricardo Covas, quien nos habla de esta nueva propuesta: “Acquaintances (“conocidos” en inglés) son una serie de identidades basadas en software que el usuario contrata para que formen parte de su grupo de amigos.
No se trata de obtener vínculos fuertes con este producto, sino sólo un grupo de conocidos que nos conecten con nuestros clusters de interés, conformados por otros usuarios reales.
Este producto está representando una revolución en el mundo del empleo, ya que nuestro acquaintance nos conecta con el grupo de interés preciso a la hora de colocarnos profesionalmente.
Por otra parte, es este tipo de identidad la más idónea para distribuir aquel contenido que generamos, entre aquellos a quienes realmente les interesa”.

Como todo en la vida, la emergente industria del vínculo tiene sus detractores y sus defensores; mientras los primeros apuntan a que ya nunca más sabrás si es que hay alguien del otro lado, los segundos se entusiasman con la idea de que las relaciones entre personas serán más sinceras que nunca: si lo que te mueve es un interés específico, nada mejor que un vínculo comprado…

Article source: http://feedproxy.google.com/~r/ernestoalegre/~3/Yw-qwpJzrwM/

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So much for a best friend..

To think I thought we were best friends. Yeah right. Now it seems like we’re strangers. I used to be able to tell you anything, but now I’m just someone you used to be close with.  I remember when I could go to you with anything. Family trouble, boy trouble, other friend trouble, anything, and you would be there for me no matter what. When I would run off the bus and into the house to call you for our usual after school phone calls that would last for hours even though we were together all day before that. Now I’m just the friend from another school that you never talk to. When we do talk, I feel like you’re judging everything I say and that you don’t even care.  That doesn’t sound like best friends to me.

Article source: http://i-wanna-be.tumblr.com/post/3478064319

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¿Qué es la arquitectura social?

El de la arquitectura social es un concepto cada vez más presente y con el que daremos cada vez más a menudo.
Por eso es oportuno responder ahora: ¿Qué es la arquitectura social?
Existen básicamente 3 componentes de esta idea:
1- Los individuos
2- Las redes sociales
3- Los mercados

1- Los individuos.
Son los autores de contenido original, tomado éste desde la óptica más amplia posible. Me refiero a que no debemos pensar sólo en quien escribe algo que jamás se haya escrito o graba un vídeo absolutamente novedoso; el contenido social no puede ser medido con los mismos estándares de originalidad que el tradicional contenido generado por “expertos” o profesionales.
Si alguien postea en Twitter algo como “Ufff! estoy de lunes!!!” está introduciendo contenido original.
2- Las redes sociales.
Conformadas principalmente por lectores activos, quienes incrementan el valor del contenido original completándolo, contextualizándolo y contrastándolo.
Esto lo hacen fundamentalmente escribiendo comentarios y a través de “gestos” (me encanta esta expresión) tales como etiquetar ese contenido en plataformas de marcadores y noticias sociales, enlazando ese contenido a futuros artículos generados por ellos, y haciéndolo circular por la red bajo recomendaciones virales.
3- Los mercados.
Representados básicamente por las plataformas sociales, a las que en este contexto de la arquitectura social se las llama “motores de significado” (engines of meaning).
Para comprender mejor este concepto pensemos en un servicio como del.icio.us, estructurado en torno a la idea de folksonomía, en donde son los usuarios quienes etiquetan y catalogan el contenido.
Gracias a este motor de significado somos capaces de dar con contenidos que previamente a su existencia nos hubiera resultado imposible; esto es así porque la cantidad de ejes semánticos que atraviesan en estas plataformas a los contenidos es mucho mayor que cuando se sometían a una sola taxonomía. Sin ir más lejos este mismo artículo que estás leyendo ahora, podrá ser recuperado vía tags como “arquitectura social”, “contenido original”, “gestos” o “motores de significado”, mientras que en el pasado enciclopedista si alguien decidía que esto tenía que ver con “comunicación”, debías ir primero a esa categoría y de allí a las subcategorías que se abrieran hasta llegar aquí.
Lo que hacen los usuarios gracias a los motores de significado es re-significar el contenido, potenciarlo, enriquecerlo desde el punto de vista semántico.
Estos motores están hoy en pañales y representan uno de los campos con mayor potencial de crecimiento en los medios sociales; pensemos un segundo TODO lo que no puede ser rastreado con palabras, TODAS las palabras que aún no existen en referencia a detalles de cosas que algún día serán cosas en sí mismas.
Pongo un ejemplo: ¿es hoy efectiva realmente la búsqueda de música a partir de palabras? En mi opinión, no. Ahí hay un campo en donde los motores de significado deben mejorar…

OK, ya tenemos las partes constitutivas de la arquitectura social y definidas las funciones de cada una de ellas.
Ahora veamos porqué la dinámica social que se da gracias a esta arquitectura cambia la forma de pensar y concebir las aplicaciones.
Juzgada de forma descontextualizada, totalmente aislada, una aplicación puede ser definida como un conjunto de funciones. Pongamos un ejemplo:
Creemos una aplicación web para manipular las fotos que subimos y luego compartimos en grupo. Digamos que tiene 3 grandes funciones:
a- nos permite escalar y rotar la foto
b- nos permite aumentar la resolución hasta hacerla imprimible en alta calidad
c- nos permite eliminar impurezas y “limpiar el cutis”
Esa es nuestra aplicación, con 3 funciones de las cuales 1 es básica y 2 son bastante novedosas y avanzadas.
Imaginemos que nosotros, los desarolladores de dicha aplicación, pensamos que de todas las funciones la tercera será la “función estrella”, puesto que decimos “la gente, dentro de un contexto autoexpositivo, querrá que los demás lo vean lo mejor posible”.
Al lanzar esa aplicación para que la utilicen los usuarios, pronto descubrimos que, como nosotros enfatizamos en la comunicación la tercera función, efectivamente es la más utilizada, pero al poco tiempo, y debido a un factor impredecible (cada vez más y más madres y padres suben y comparten las fotos de sus bebés, por ejemplo), la función más utilizada es la segunda, la que posibilita al usuario subir una foto en baja resolución y mediante un algoritmo de interpolación de pixeles, volver la foto imprimible. Todos los padres envían las fotos de sus bebés a sus familiares y amigos y éstos quieren imprimirlas (…y los bebés, por otra parte, tienen un cutis PERFECTO).
Aquí vemos claramente cómo la arquitectura social modifica a la aplicación original -y fundamentalmente a la forma de pensar en ella- recontextualizándola y “revalidándola” dentro de la red social y de los usos del grupo.

En este contexto, dentro de esta arquitectura social es que estamos ahora.


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Evento 1 – lo + y lo

OK, injusto hubiera sido que llamara a todo el mundo a escribir sobre sus mejores y peores experiencias en algún medio social y yo no escribiera nada, así que ahora les voy a contar una buena y una mala vivencia por estos lugares.

Comienzo por la buena.
Hace algo más de 20 años atrás, -siendo aún adolescente, miren si estará lejos- yo tocaba el saxo en un grupo en Buenos Aires y luego de un par de años lo abandoné para seguir en otras direcciones.
Con el correr del tiempo gran parte del conjunto de gente que rodeaba aquellas experiencias (salir de gira, grabar, tocar en vivo, ensayar, etc…) se fue desintegrando no sólo en los encuentros físicos, sino también en mi “presente mental”.
Harán escasos 2 años, dando vueltas por Last.fm, me encuentro con una chica que ahora tendrá 22 años y que se reconocía fanática de aquella banda. Sin decir quién era yo, le pregunté primero de qué se trataba, qué tipo de música hacían y luego porqué le gustaba tanto.
Más allá de sus respuestas, lo que me sorprendió apenas localicé a esta usuario fue cómo había podido romper tantas barreras gracias a la estructura social de Last.fm: en primer término pude relacionarme con una chica cuya distancia cronológica -y territorial- es muy grande sin que el encuentro físico marcara o limitara nuestra interacción, en segundo lugar alguien a quien no conocía me estaba explicando a mí algo que yo mismo había hecho hacía 1000 años atrás y en tercer lugar me transmitió lo que sentía con aquella música como nunca nadie que la hubiera escuchado lo había hecho: como a un amigo (cuando alguien toca y alguien escucha se da una suerte de distancia, muchas veces autoimpuesta por quien escucha, que hace que la relación entre ambos esté viciada de “demasiado respeto” o algo así).
Entonces, lo bueno lo sintetizo en: gracias a un soporte social pude tomar contacto con un CONOCIMIENTO EMOCIONAL, que hasta ese momento había experimentado sólo en relaciones físicas con gente a la que conocía; JAMAS CON DESCONOCIDOS.

Continúo por la mala.
Siguiendo con lo autoreferencial, hace unos 4 años decidí volcar todos mis bookmarks de recursos de diseño a un site, dividirlo en categorías e irlo completando con el paso del tiempo.
El site se llamó The Rank (ya que “rankeaba” de 1 a 5 cada enlace según su utilidad) y fue más un capricho que cualquier otra cosa; me refiero a que jamás pensé en monetizar ese proyecto… sólo enlaces en mi opinión útiles para diseñadores (aún existe, aunque hace muuuuucho tiempo que no lo actualizo: the rank).
Como ya estaba hecho y el único que utilizaba esa plataforma era yo -situación un poco ridícula-, decidí comunicar en foros específicos de diseño la existencia de The Rank (aún no había redes sociales verticales como hoy las entendemos).
El site está en inglés por lo que comencé a hacer circular la información de su existencia tanto por foros de habla inglesa como también por otros hispanoparlantes.
Lo que me sorprendió muchísimo es que los usuarios de sites americanos o ingleses me agradecían mucho el dato y el esfuerzo de haber compilado toda esa información (libre de publicidad), pero los usuarios hispanoparlantes (foros mejicanos, españoles, colombianos, etc) por cada “gracias por la información” me acusaban de “autobombo”, de “autopromoción” y hasta de SPAM (¡¿?!)
Hace muy poco tuve una experiencia algo similar en meneame.net, donde un usuario desde el anonimato de un apodo me “advertía que no me hundiera y borrara” la entrevista que le había hecho al creador de Jisko aquí mismo en el Club.
Lo que elaboro de todo esto (que a pesar de ser situaciones no muy agradables igual enseñan y mucho) es que: hay sociedades más maduras que otras, que hace más tiempo que USAN los medios sociales y ya conocen profundamente su operatividad, que tal vez la horizontalidad y la carencia de centro sea mejor recibida en algunos entornos culturales que en otros y que el hecho de poder opinar y categorizar información no significa que cada uno de nosotros se pueda comportar como un tirano; la idea es precisamente la opuesta: NO MÁS DUEÑOS DE LA OPINIÓN.

Como síntesis total de lo mejor y de lo peor en los medios sociales, creo que lo bueno es MUY bueno, y lo malo (recuerdo aquí lo que apuntó Rafa en su artículo de este evento sobre el “poke”) es sólo TRANSITORIAMENTE malo; a mayor madurez por nuestra parte en estas plataformas y matrices de pensamiento, lo bueno será aún mejor y lo malo (al menos esto que apuntamos) tenderá a desaparecer…


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Todos los caminos conducen a Twitter (hoy)

Hace tiempo que quiero publicar esto: todas las posibilidades de acceder al “loop de información” de Twitter, pero había caído yo mismo en un bucle: cada nuevo día salía -y sigue saliendo- un nuevo servicio que te permite enchufarte, visualizar y/o micropostear en esta plataforma de microblogging.
Entonces hago lo siguiente: escribo un artículo con todos los servicios accesorios que conozco, sean estos visualizadores, buscadores o aplicaciones para postear microartículos (que jamás serán TODOS los que hay) y listo.
Aquí van:

Twitter Friends Network Browser
Se trata de un simple buscador por nombre de perfil, cuya devolución se supone que nos mostrará su grafo social.
En realidad la visualización es confusa, sólo muestra algunos de los followers de ese perfil y el último micropost.

Twitterment
Buscador por palabras clave muy sencillo y útil.

Twittervision
Visualización 2D y 3D a partir de la interacción con el API de Google Maps y Google Earth. Más un juguete que una herramienta útil.

Twittermap
Otra interacción con el API de Google Maps. Nuevamente, la funcionalidad es anecdótica.

Twittersearch
Muy similar a Twitterment, sólo que muy a menudo se pone lentísimo

TweetVolume
Es una interfaz que permite introducir 5 términos o conceptos (puede introducirseen cada campo una frase como “social media club madrid”) y obtener qué flujo muevecada uno de ellos comparándolo. Es posible enviar a un amigo esa gráfica concreta que obtenemos.

Twitstat
Por defecto muestra todos los microartículos de quienes sean followers de @twitstat (y aquí me resultó curioso que 1.741 personas han decidido publicar más allá de sus contactos sus posts), pero es posible introducir palabras clave y realizar búsquedas por tags populares.
El sistema es más un juego que una verdadera utilidad; por ejemplo, al introducir la palabra “sad” (triste), entre los resultados se listaban palabras como “Pasadena”, “atrasadado” o “crusade”…

Twittermeter
Permite realizar búsquedas de uno o varios términos y genera una gráfica de cuán populares son esos términos. Actualmente por cuestiones de tráfico se limita la búsqueda de las palabras introducidas a la semana que va del 21 al 27 de febrero.

24o’clocks
Similar a Twittermeter, sólo que a escala horaria y con búsquedas por usuario. Es posible seleccionar el día deseado

Tweetpad
Se trata de una aplicación java que debe descargarse y ejecutarse localmente.
Mediante una interfaz muy dinámica, podemos ver el flujo permanente de publicación en Twitter, capturar tweets de usuarios, eliminarlos y -lo más interesante- DESDE donde se emiten esos microartículos.
Me resultó clarificador ver que el principal canal de alimentación de Twitter lo representan las diferentes aplicaciones que se conectan con su API (estilo Twitterrific), luego muy cerca estaba el acceso vía web, lejos el acceso vía mensajería instantánea y por último vía sms.
Principal problema de Tweetpad: no podemos filtrar el contenido en bruto…

Twitterfountain
Más un “eye candy” o juguete visual que una verdadera herramienta. Sin búsqueda y sin filtro los microposts son proyectados “en chorro” de manera permanente…

Twitter Blocks
Una de las visualizaciones “oficiales” de Twitter, los Blocks representan una suerte de curioso “grafo comunicacional”. Si partimos desde nuestro perfil activo de Twitter la gráfica habla de nuestra actividad, si entramos directamente y no desde nuestra cuenta en Twitter veremos el flujo general.

TwitterPoster
Es una aplicación visual que nos permite ver a los usuarios con más seguidores en diferentes países o regiones.
Aún no me queda del todo claro cómo filtra a los usuarios para poder mostrar un grupo reducido, ya que por número de followers hay perfiles que deberían aparecer y no lo hacen.

Twitterverse
Se trata de una interfaz en forma de nube de etiquetas con los términos más tratados en Twitter. Al tocar una etiqueta pasamos a ver a los usuarios que han escrito sobre ese tema o que incluyen ese término en algún artículo.
Es posible filtrar el flujo escogiendo entre posts emitidos durante la última hora, las últimas 5 y las últimas 10; también entre una y dos palabras clave.

Twitter for iPhone
Simplemente eso, cómo experimentar Twitter desde el iPhone

TwitterFone
Ya lo vimos en un post del foro; TwitterFone es una aplicación que permite postear tweets sin escribir, sino hablando…

TwitterBerry
Como su nombre sugiere, un cliente Twitter para BlackBerry

TwitterLocal
Es una aplicación que filtra a los usuarios por ubicación geográfica, mostrando cantidad de tweets en las últimas 24 hs por ciudad.
Dato curioso; Tokio es lejos la ciudad con más microartículos emitidos (más del doble que New York), al menos hoy 22 de mayo.

TwitterFox
Twitter dentro de Firefox

Twitterholic
Top 100 de los perfiles con más seguidores

Twitlife
Simplemente introducimos el nombre de un perfil y vemos en una misma interfaz sus últimos posts y quiénes son sus seguidores…

Summize
Buscador de conversaciones tanto por palabras clave como por perfiles

Twitter Charts
Una muy útil interfaz con varias gráficas que filtran por hora, día de la semana y mes el flujo de cada usuario que busquemos
Interesante para hacer un poco de “ego searching”; por ejemplo el Club (cuyos tweets son un reflejo de su actividad) tiene un pico los días lunes a la 1 de la tarde…

Twitterfeed
Es una herramienta para permitir a tu perfil de Twitter ser alimentado por feeds rss
Por ejemplo nuestro Club alimenta su perfil con los feeds de “Ultimas Actividades”, “discusiones en el foro”, “temas en los grupos” y “posts en los blogs de todos”

TwitterGram
Es una web que nos permite enviar mp3’s de hasta 200Kb vía Twitter.
Podemos ponerle título de hasta 75 caracteres (para dejar lugar a la url del mp3) y postear uno cada 10 minutos.

Tweetburner
Es una muy útil herramienta que nos permite transformar una url cualquiera en una más corta (como lo hace también tinyurl y hellotxt) pero además realizar el seguimiento de sus clicks.

Tweetwhell
Se trata de una aplicación web que despliega el grafo social del usuario elegido. Según el caso, puede ser una aplicación muy lenta.

Twittearth
Muy similar a Twittervision versión 3D, sólo que con una interfaz un poco más cuidada y diseñada.

Twitt(url)y
Sistema de tracking de las url’s que los usuarios de Twitter micropostean. Tiene la posibilidad de filtrar por idioma.

Twitsay
Es un servicio que propone realizar una llamada telefónica a un número local (local si estás en Austria, Alemania, UK o USA) y grabar un mensaje que será posteado, en audio, en tu perfil de Twitter.

TwitterSnooze
Esta es una idea muy divertida: si tienes amigos o contactos que no paran de twittear y contaminan la línea de tiempo con permanentes posts, vas a TwitterSnooze y los “silencias” por el período de tiempo que quieres (de 1 a 30 días).

Twistori
Un filtro en torno a 6 ejes del flujo general de Twitter. Los ejes son “Amar”, “Odiar”, “Pensar”, “Creer”, “Sentir” y “Desear”.
Por ejemplo, si escogemos “Amar”, sólo podremos leer los post que contengan esta palabra (en inglés).

Twubble
Interfaz para conocer nuesvos perfiles en Twitter y decidir si nos tranformamos o no en sus followers.

Twhirl
Cliente Twitter multiplataforma en Adobe Air

Alert Thingy
Otro cliente multiplaforma en Adobe Air, sólo que este tambien sirve para Friendfeed y Flickr

Twitterrific
Cliente Mac para Twitter

Twitteroo
Cliente Twitter para Windows

Twitbin
Otro cliente Twitter para Firefox

Twitter Widset
Widget para twittear desde el móvil

Twitter Opera
Widget para Opera

Spaz
Cliente Twitter en Adobe Air

Mobio Twitter
Cliente Twitter para móviles

Twitter Google Gadget
Eso, un gadget de Google que se sirve del API de Twitter

Por último, y para que veas hasta dónde Twitter atrae, visita esta página:
+TWITTER!!!

ufff… ya puedo descansar tranquilo…


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Evento 2

Apenas envié la invitación para este evento, uno de los socios del Club me dijo: “Vaya, ¿no había un tema más difícil?”.
Y lo cierto es que tiene razón; cuando todavía el concepto, la definición de los medios sociales está algo confusa para la mayoría de la gente (aún para quienes son usuarios de dichos medios), hablar de cómo podría ser el medio exterior transformado en medio social es todo un desafío.
Permítanme intentar una definición mínima de “medio social”:
1- un medio social es una plataforma que permite al individuo presentarse a otros con una identidad autogenerada
2- poseedor de esa identidad, el usuario puede establecer relaciones con otras identidades y gestionar los contactos
3- dadas las identidades y los contactos entre ellas, el medio social propicia el objeto de socialización, que es -sintéticamente- un objeto generado por la comunidad y de libre intercambio en ella.
Para bajar esto a la tierra, veamos cómo se aplican estos 3 puntos básicos a, por ejemplo, YouTube, Flickr, Twitter y del.icio.us; cuatro plataformas sociales muy conocidas.
1- En todas estas plataformas luego de registrarme con un nombre que elijo, construyo mi perfil (en cada servicio con sus propias características); ese perfil es en ese contexto mi identidad.
2- En todas estas plataformas puedo ver lo que aporta cada una de las identidades que conforman la comunidad y establecer contacto con ellas según esté interesado. Dicho contacto, tanto iniciado por mí como por cualquiera, puede ser aceptado o rechazado; por eso existe la gestión de las relaciones.
3- En todas estas plataformas se da el objeto de socialización: en YouTube es el vídeo, en Flickr la fotografía, en Twitter la presencia periférica y en del.icio.us los enlaces a páginas web.

OK, ahora volvamos al exterior.
Parte de la dificultad de imaginar un exterior como medio social viene de considerarlo en sí mismo un espacio social, y de confundir luego “espacio” con “medio”.
Desde el punto de vista de los social media (esos 3 puntos que vimos recién) el exterior es de hecho un MEDIO MASIVO, y recordemos que la diferencia entre medio masivo y medio social es que en los mass media no se dan ninguna de las 3 características de las que hablábamos: unos pocos le hablan a todos y esos muchos sólo escuchan.

En este primer post, llegaré sólo a enumerar algunas cosas que sí suceden en exterior y que representan, en mi opinión, indicios de que este espacio social puede transformarse en un verdadero medio social.
A- Las manifestaciones de Cosplay.
Creo que el Cosplay (la palabra viene de COStume PLAY y sirve para designar a la subcultura generada por la interpretación que los fans del anime, el manga y los video games hacen de sus personajes favoritos) puede ser visto como un genuino “perfil social” no digital y orientado al medio exterior, ya que quienes se visten con este tipo de ropa y maquillaje se presentan ante otros como quieren ser vistos.
Establecen contactos en un medio que les sirve de marco y contexto (las ferias de video games, de anime, etc.) y poseen su propio objeto de socialización: el interés concreto y específico hacia cierto juego, serie, comic.
Por otra parte, la construcción de su identidad puede ser perfectamente vista como una forma de UGC.
B- Las lonas interactivas.
En muchas oportunidades -pero menos de las que quisiéramos- se han realizado experiencias en exterior con grandes carteles que poseen sensores bluetooth y permiten alguna interacción con móviles.
En este caso, el UGC es por ejemplo los sms’s redactados por los usuarios o las fotos enviadas desde teléfonos hacia un dispositivo que los expone al grupo presente.
Es sólo una acción que representa un germen de plataforma social, ya que el UGC no es proporcionado por un perfil autoexpositivo (sino por una persona) y casi nunca hay soporte para establecer contactos y gestionarlos.

Bien, en este primer artículo llego hasta aquí; prometo que esto seguirá en otro post en donde me centraré en ideas que hagan del exterior una plataforma social hecha y derecha…


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Viralidad y la Cadena del por qué

Lo que les voy a presentar es el simple acto de someter a una cadena de “por qués” sucesivos a la idea de viralidad.
Puede parecer una verdadera tontería pero les prometo que no lo es, sobretodo si se lleva esta metodología hasta las últimas consecuencias.
Esto más que una exposición de un trabajo inquisitivo es una invitación a extenderlo y modificarlo entre todos aquellos que crean que los contenidos pueden ser enormemente mejorados y extendidos socialemente.
La forma de leer una cadena del por qué es:
- primera pregunta
- respuesta 1A
- respuesta 2A
- respuesta 3A (así hasta terminar con las respuestas A)
- primera pregunta
- respuesta 1B
- respuesta 2B, y así sucesivamente.

Suma tus porqués en las cajas de comentarios…
{para más información sobre la cadena del por qué, visita Clusterdam}

1- ¿por qué alguien lanza una pieza viral?
1A- Porque llega a más personas con menos envíos originales
1B- Porque llega a personas que no llegaría por otros caminos
1C- Porque llega a un grupo con más posibilidades de ser un grupo cualificado (debido a la homogeneidad de los grupos sociales)
1D- Porque llega por una vía confiable (debido a que es un amigo el remitente)
1E- Porque llega de manera dedicada y efectiva (debido a que el amigo reenvía a quien piensa que lo recibirá bien)
1F- Porque permite al usuario “hacerse con el mensaje” con lo que ya está permitiendo la identificación, la filiación con él mismo y su emisor

2- ¿por qué?
2A- Porque con que sólo una persona lo envíe a un sólo amigo, la cantidad resultante de destinatarios es mayor
2B- Porque no están registradas en la base de datos original
2C- Porque las tramas sociales (como los grupos de amigos que conocen mutuamente sus emails y se envían habitualmente mensajes) son muy homogéneos; es decir, sus integrantes comparten una cierta cantidad de preferencias. De esta manera si el primer destinatario es pertinente -por algo se decidió enviarle el primer mensaje- hay muchas posibilidades de que los segundos (los primeros destinatarios virales) que son escogidos por él, también lo sean (la situación se repite con los demás destinatarios virales)
2D- Porque el mensaje viral llega desde un amigo, no desde una marca, y eso le atribuye mayor credibilidad (como contexto cabe aclarar que el usuario de internet ha sido siempre reacio a la comercialización de la red, y si bien la integración “del usuario web” quien representó la ola masiva de nuevos usuarios -quienes se sumaban a los early adopters de la era usenet, Mosaic, preNetscape- o lo que ahora veríamos como “el usuario 1.0” marcó una relajación en la relación con las marcas -el motivo es la introducción de contenidos mainstream- en el ususario 2.0 vuelve a renacer la aversión por las marcas)
2E- Porque “por alguna razón lo reenvió el amigo”, es decir, su conocimiento del destinatario (siempre superior al de la marca) hizo que creyera que el destinatario era pertinente.
2F- Porque por definición, un usuario que no se halla en el primer mensaje o no halla en ese mensaje una herramienta de expresión, no reenvía la pieza.

3- ¿por qué?
3A- †
3B- Porque por algún motivo no estaban subscriptas a las bases opt-in, lo que las transformaba en invisibles.
3C- Porque existe una tendencia socializadora de reunirse con personas afines, con pares con los que haya intereses en común tales como aficiones deportivas, preferencias artísticas, de entretenimiento, filiaciones políticas, creencias religiosas, adhesiones filosóficas, etc. (Y cuando hablamos de “personas afines” lo hacemos desde la visión de las 4 capas de identidad: autoimagen real e ideal y autoimagen social real y social ideal).
3D- Porque debido a las saturaciones comunicativas (tanto de canal, como de código, de mensaje, de tono) e inexactitudes producidas históricamente por la publicidad y el marketing, muchas personas desconfían de los mensajes corporativos; de esta manera se presenta una polarización entre “mensaje de la marca” y “mensaje de una persona conocida” y la posterior identificación de cada uno como “mensaje engañoso” y “mensaje desinteresado” respectivamente.
3E- Porque el contacto personal deja como residuo -entre muchas otras cosas- un mayor conocimiento de la persona en cuestión, mostrando que los estudios actitudinales, demográficos, estadísticos, no llegan nunca a aproximaciones tan grandes como ese contacto.
3F- Porque el marco comunicacional online actual es egocéntrico, es de “generación de la propia información” -o al menos, de modificación de la información- antes que de “repetición o replicación del mensaje original”.

4- ¿por qué?
4B- Porque son personas reacias al mensaje publicitario, personas impactadas por la publicidad no requerida o personas de escasa actividad online.
4C- Porque de estas asociaciones con pares surge el desarrollo de entornos dedicados, surge la consolidación de la identidad de grupo -que define recíproca y solidariamente la identidad personal- y surge un entorno seguro y de confianza.
4D- Porque el modelo de comunicación imperante aún es el de “tú o yo”; de esta manera y en este universo nocional muchas personas consideran que “lo que es bueno para una marca no tiene al menos porqué ser bueno para mí”.
Esta situación se traduce simplificadamente en “las marcas sólo quieren vender” dentro del contexto “ellas ganan, yo pago”.
4E- Porque el contacto persona-persona es sumamente detallado por un lado y “micro-contextualizador” por el otro, y eso hace que el relevo personal sea más sofisticado.
Mientras los estudios visualizan “un modelo”, un amigo, por ejemplo, ve a la exacta persona en cuestión.
4F- Porque responde a una tendencia descentralizadora general en nuestra cultura en donde cada persona pasa de constituír una periferia en referencia a un centro, a representar un pequeño centro en relación de horizontalidad con el resto de los otros pequeños centros.

5- ¿por qué?
5B- Porque adscriben a la idea de “la marca o yo” en el primer caso, porque se hallan saturadas de mensaje publicitario y desarrollan “anticuerpos” en consecuencia en el segundo caso y porque pertenecen a segmentos no penetrados por Internet en el tercero (debido a cuestiones generacionales, sociales, culturales, económicas, etc).
5C- Porque en eso reside la esencia misma de la socialización en los animales sociales: generación de un entorno garante de vida.
5D- Porque, como sucede en la totalidad de la cultura, cada aspecto de ésta es una estilización, una simbolización de fenómenos y procesos pre-culturales. En este caso específico, lo que ha sido estilizado a través de linajes simbólicos, es la misma competitividad por la supervivencia.
5E- Porque el objeto de estudio de la sinestesia y la prosemia, es decir todo el repertorio postural y gestual sumado al contacto sostenido con una persona, lo que hace que este repertorio se vea muy contextualizado viene desarrollándose y asentándose desde hace muchísimo más tiempo que las comunicaciones mediadas en general y que las comunicaciones basadas en medios electrónicos en particular.
5Fa- Porque esta descentralización tal vez represente un paso más en la evolución de las formas organizativas orgánicas, corporizada hoy en la misma cultura, muchas veces depositaria de dinámicas inspiradas en la misma naturaleza.
5Fb- Porque la respetabilidad y credibilidad del centro, del concepto mismo de centro llevado a la realidad operativa se han visto desgastadas rápidamente en las últimas décadas.
5Fc- Porque significó en el momento del diseño original de Internet una solución práctica a la idea de continuidad del sistema de comunicaciones bajo condiciones de hostilidad. Este modelo práctico-tecnológico se filtró paulatinamente al ámbito de la cultura marcando, fijando e inspirando modelos culturales variados.

6- ¿por qué?
6Ba- Porque el perfil reacio al mensaje publicitario intenta cuidar los espacios ganados en el mundo online (se trata de segmentos mayoritariamente jóvenes que reconstruyen en el plano online los espacios público y privado que perdieron en el mundo físico u offline. La publicidad es percibida en estos nuevos ámbitos por estos segmentos como “pérdida de espacio conquistado”)
6Bb- Porque los anticuerpos ante situaciones no deseadas son necesarios cuando no hay otro tipo de contensión; como por ejemplo legal. El spam ha tardado en verse tratado de manera legal, de verse tipificado en códigos y por otra parte es de muy difícil eliminación por cuestiones puramente tecnológicas.
6Bc- Porque vivimos un presente restrictivo en cuanto a acceso a la tecnología se refiere. Esta situación mantenida en el tiempo, engendra actitudes contrarias, de rechazo a todo aquello que es negado de hecho, sea por motivos sociales o económicos.
6Bd- Porque para muchas generaciones el salto actitudinal, de conocimiento de uso y hasta nocional requerido para incorporarse a una nueva tecnología o cultura es tan grande que muchas veces simplemente, de no mediar una gran necesidad, no se da.
6C- …
6D- …


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All Ears!

A continuación volcaremos la totalidad del cuerpo del twitterminary llamado All Ears!, vehiculizado por Twitter el miércoles 1º de Julio de 2009 a las 10:00 hs de Madrid.
Mediante el uso de los comentarios, podremos entre todos aclarar las dudas surgidas, como así tambien discutir puntos y extender cada táctica.
Gracias a todos por vuestra participación, al menos desde nuestra percepción ha sdo una experiencia genial… ¡Pronto el segundo twitterminary!

All Ears! es un procedimiento para realizar un estudio cualitativo del diálogo social en torno de una determinada temática.

Por primera vez, no estamos haciendo uso de estudios del comportamiento, sino de un estudio del diálogo de los usuarios

Es vital entender que el diálogo es como la corriente de un río: circula, sube, baja y cada persona que entra produce ondas que lo modifican

El retrato del diálogo social no es una foto; es un video en vivo, un streaming 24/7 que jamás se silencia…

Debemos tener claro que lo que buscamos son conversaciones: ni contenido social, ni patrones de comportamiento: sólo qué se dice sobre algo

1- empezaremos buscando en Twitter algunas palabras-clave sobre nuestra temática. La búsqueda en Twitter es en tiempo real.

2- Al hallar un post, seguiremos a ese usuario para ver cuán involucrado está en ese tema. Anotaremos también otros componentes de sus posts

3- Especial atención a las respuestas (iniciadas por @ + un nombre de usuario) ya que son parte de una conversación entre usuarios

4- Al identificar a un usuario afín, lo buscamos por nombre real y/o nombre de perfil en blogsearch.google.es para contactar un posible blog

5- Podremos mensurar la dimensión de los usuarios afines en twitalyzer.com, prestando atención a los valores “Inluence” y “Signal”

6- Cuando llegamos a blogs afines tanto de la temática principal como de las asociadas, seguiremos más a los comentarios que a los posts

7- Rastrearemos la existencia de grupos de usuarios de Twitter en twibes.com.

8- Localizaremos grupos y páginas referentes a la/las temáticas en Facebook y otras redes sociales.

9- Buscaremos blogs en Blogger, WordPress, La coctelera, directorio-blogs.com, bitacoras.com y icerocket.com (big buzz)

10- Buscaremos comentarios en backtype.com, buscaremos en tiempo real con collecta.com y crowdeye.com; usaremos blogpulse.com
crowdeye.com
11- Realizaremos búsquedas en sites UGC (usaremos servicios horizontales para todos los casos y verticales dependiendo del tema principal)

12- Como hiciéramos para las búsquedas en blogs, prestaremos atención a los comentarios más que al contenido en sí

13- Prepararemos filtros por palabras-clave en twilert.com para recibir informes periódicos y facilitar los seguimientos de flujo

Por último, las preguntas que debe poder responder All Ears son: ¿qué se está diciendo sobre X? y ¿qué elementos componen ese diálogo?

Nuestro objetivo final es poseer no la fotografía de un diálogo social específico, sino una transmisión en vivo con infinitas cámaras…

Article source: http://www.socialmediamad.com/xn/detail/2060083:BlogPost:7329

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La vieja pregunta, de nuevo…

Una y otra vez -hace un tiempo reconozco que me resultaba un poco raro- aparece por algún sitio la pregunta: “¿Qué es Social Media?“.
Decía que hasta hace un tiempo pensaba que la definición misma ya era una cuestión superada, que era realmente pertinente en aquellos que no eran duchos en el tema.
Pero al reflexionar sobre la ubcuidad de la pregunta y al verla no sólo en sitios para novatos sino en ámbitos más expertos, creo entrever una explicación.
Vivmos una era en donde no hay tiempo para la perspectiva histórica, de manera que todo lo emergente es definido, calificado y desarrollado casi en el momento mismo de su emergencia.
Me explico: en el pasado, entre que se daba un hecho, nacía una corriente o se desataba una revolución y se la definía y trataba, pasaba un tiempo relativo en donde se la podía observar con cierta distancia.
Eso hoy no sucede.
Los nuevos medios sociales han sido tratados, definidos y calificados super profusamente cuando aún podemos decir -en términos históricos, de cambios sociales- que “recién aparecieron”. Esto que acabo de decir resulta hasta incorrecto: ¿Se puede decir que recién nacieron los medios que existen desde 2003?

Lo cierto es que la pregunta que indaga sobre la naturaleza de los medios sociales sigue siendo formulada, y en mi opinión es muy válida: conforme pase el tiempo y ellos sigan madurando, los definiremos de otra forma.

Hoy me encontré con este video: http://www.youtube.com/watch?v=rngHNGV6SLk

Responderé yo a estas tres preguntas de forma sintética (y me encantaría que lo hicieran también ustedes):
1- ¿Qué son los medios sociales?
2- ¿Cómo se siente la gente de marketing en relación a ellos?
3- ¿Cuál es el poder de los medios sociales?

Mi aporte:
1- Son la evolución natural de los medios masivos
2- Confundidos; en el mejor de los casos, comprendendo que deben “re-aprender” su profesión
3- El poder de la distribución; el poder de tener millones de mentalidades pensando algo en contraposición a la mente del experto pensando ese mismo algo.

¿Cómo responderían ustedes estas 3 preguntas?

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El demonio azul griego

P1480

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Maija Louekari XI

1281606680-1

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Maija Louekari X

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Maija Louekari IX

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Maija Louekari VIII

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Maija Louekari VII

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Maija Louekari VI

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Maija Louekari V

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Maija Louekari IV

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Maija Louekari III

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Maija Louekari II

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Maija Louekari I

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Friends With You IV

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Friends With You III

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Friends With You II

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Friends With You I

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Hairy Alice?

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Mascotas de Vancouver 2010

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